La despedida de los flageladores
En el parlamento español varios están diciendo me voy o me han dicho que me vaya. Son ciertos miembros del partido socialista, quienes estos días están recogiendo sus pertenencias y andan despidiéndose hasta de los leones de la puerta.
Uno de ellos, llamado Álvaro Cuesta, lleva sentado en un escaño desde 1982. Tras treinta años, llega la retirada obligada por el partido. Este diputado era el látigo contra la Iglesia en dos sectores: en lo que él llamaba la “sobrefinanciación” de la Iglesia; y en el avance de la laicidad del Estado.










