Piñuécar. Ustedes son formidables
¿Formidables por qué? Ustedes me dirán, porque Piñuécar, que no llega a los cien habitantes, ayer reunió a más de veinte personas en un sencillo pero entrañable acto mariano.
El consejo pastoral de Piñuécar, paradójicamente, es a la vez inexistente y eficaz. Inexistente porque no hay, así de claro. No está oficialmente constituido, no hay estatutos ni calendario de reuniones. Digamos que somos cuatro o cinco que un domingo cualquiera, antes de empezaar la misa, charlamos y a veces hasta tenemos nuestras ocurrencias. Sí. Cuatro o cinco.
Hace un par de semanas se nos ocurrió que bien podíamos pensar algo para el mes de mayo, aunque solo fuera algún día especial. Sencillo. Un sábado… vale. ¿Cómo andamos de fechas? Yo tal no puedo, me dicen, y yo no puedo cuál porque tengo un funeral en otro pueblo. Vale. ¿Y el 11? Pues el 11.

Es que eso de que “más amor y menos mandamientos” o la gran ocurrencia de que “con el mandamiento del amor todo sobra” no es más que una tomadura de pelo. San Juan Pablo II en “Veritatis splendor” aborda esta cuestión para afirmar, de acuerdo con la tradición de la Iglesia, que los mandamientos no son otra cosa que la concreción del mandamiento universal del amor.
Mi amiga la monja es real, otra cosa es que me calle el nombre y la congregación, por eso del pecado y el pecador, que ustedes me entienden. La formación de la reverenda es manifiestamente mejorable. Es enfermera titulada por lo civil e ignorante cum laude por lo eclesiástico. Su formación, compuesta de cursos varios de nada sin sifón a los que añade experiencias variadas de inserción, mística, contemplación y veganismo alternativo, se complementa con actividades socio caritativas culturales y el apoyo entusiasta a la liturgia en una parroquia de barrio humilde, que evidentemente no es la suya.





