Nos estamos volviendo locos
Cuando ayer a primera hora de la mañana recibí la carta y el dossier a través de los cuales las clarisas de Belorado se situaban voluntariamente fuera de la Iglesia católica y se ponían bajo la autoridad de un supuesto obispo excomulgado hace años, bien pensé que era una de esas noticias falsas fabricadas con inteligencia artificial.
Uno entiende que entre un monasterio y un obispo existan diferencias. Tampoco serían las primeras ni serán las últimas. Conflictos entre instituciones católicas ocurren simplemente porque somos humanos y porque existe el derecho a discrepar. Por estas cosas existen los tribunales, eclesiásicos o civiles, a los que acudir según sean los asuntos que sea preciso tratar y resolver.

Es que eso de que “más amor y menos mandamientos” o la gran ocurrencia de que “con el mandamiento del amor todo sobra” no es más que una tomadura de pelo. San Juan Pablo II en “Veritatis splendor” aborda esta cuestión para afirmar, de acuerdo con la tradición de la Iglesia, que los mandamientos no son otra cosa que la concreción del mandamiento universal del amor.