Misericordia pequeñita del día a día
Hace seis días que avisamos en la parroquia para que un sacerdote acudiera a dar los sacramentos a mi madre, muy enferma y a punto de cumplir los cien años, y todavía no ha aparecido nadie por casa. En nuestra parroquia el sacerdote nada más terminar la última misa de la mañana del domingo se va y regresa para la misa vespertina del miércoles. Me han dicho en la parroquia que no sirve de nada bautizar al niño, que mejor de mayorcito. Llevo intentando confesarme y no hay manera de encontrar un sacerdote, ayer lo conseguí y me ha dicho que no me inquiete y que a ver si me pienso que a Dios le preocupan demasiado mis fallos.
Cosas que me han llegado en los últimos días. Año de la misericordia. Que no se nos vaya en grandes actos, signos extraordinarios, portadas de medios de comunicación, bordados de casullas y logotipos repetidos. Que las puertas jubilares no escondan las portezuelas de cada parroquia, cada confesionario, cada capillita de adoración, cada despacho de Cáritas.


Desde luego yo no resistiría tanta luz. No quiero ni imaginármelo: dos mil años de historia, telogía, tradición católica y miren por dónde un día descubres un error fundamental que te lleva a una enmienda a la totalidad. Es ese día en el que, parte por tu dotadísima inteligencia, parte por revelación especial del Espíritu Santo, parte por oración, ascesis y mortificación, llegas al convencimiento de que toda la historia de la Iglesia, la teología de veinte siglos, la espiritualidad aparentemente más contrastada, los concilios desde Nicea hasta el Vaticano II, no son más que un engañabobos en el peor de los casos y un fraude vaya usted a saber si inconsciente.
Dos religiosas de Valladolid: “Di que aquí está la vida religiosa de Francisco y que, en Madrid, respiramos desde que llegó Don Carlos". No sé si fue real la cosa o apenas un vulgar recurso literario, pero, en cualquier caso, una memez de tomo y lomo.
La gente que me conoce de hace años, y me leía hace tiempo, quizá recuerde una de mis consignas que un servidor aplicaba en el mundo de la blogosfera y que es perfectamente válida en cualquier ámbito: “el que quiere estar a bien con todos, acabará no estando a bien con nadie”. Pues bien, esto que sirve para todo, adquiere una singular importancia en la vida pastoral.