Mala pastoral la que parte de la aceptación de la derrota
Malas cosa es que los mismos sacerdotes nos apuntemos al caballo siempre perdedor. Mal negocio partir de la derrota. Mal asunto el de la resignación y la bajada de exigencias. Malo porque es partir ya de la aceptación del fracaso como algo del todo inevitable.
Dos son las principales derrotas que demasiadas veces asumimos los pastores: la resignación y las rebajas. Hoy quiero referirme a ellas.

Pues sí. Esta fue la colecta dominical ayer en una de mis parroquias. Exactamente: 7,49 euros. La pastoral rural, incluso en Madrid, tiene su pobreza particular. Poblaciones que apenas llegan al centenar de habitantes, atendidas por sacerdotes que llevamos tres, cuatro o cinco pueblos, y que vamos haciendo lo que buenamente se puede.
Hace unos días se ha reunido pomposamente un grupo de personas en una cosa llamada I encuentro de periodistas pro papa Francisco. Como pueden comprender, por mí como si se reúne la asociación de vendedores de gominolas pro consumo razonable de azúcar o las pilinguis del madrileño polígono Marconi reivindicando la figura de la Tacones. Viva la libertad y viva el derecho de reunión. Me fijo en este encuentro porque uno es cura, aunque de pueblo, y las cosas de la Iglesia me interesan.





