Cardenal, prefecto y metepatas
Me temo que el cardenal Kevin Farrell, prefecto del nuevo discasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y máximo responsable del Encuentro Mundial de las Familias de Dublín de agosto, no ha tenido su mejor día. En una entrevista afirma que los sacerdotes no tienen credibilidad a la hora de la preparación de las parejas al matrimonio porque no tienen experiencia propia.
Qué quieren que les diga. Limitar las fuentes del conocimiento a la propia experiencia no es más que un error y de los gordos. Los filósofos hablan de otras vías como son la tradición, la autoridad y la ciencia. Pero hoy está muy de moda eso de que tú no puedes hablar de tal cosa porque no tienes experiencia.

Las nuevas generaciones no tienen ni idea ni de quien fue Franco ni mucho menos de la truculenta historia de España en el siglo XX, de manera especial desde 1931. Lo único que saben es una manipuladísima visión de aquellos años, según la cual la república fue algo así como Imagine de Lenon, “Viva la gente” y “Yo tengo un gozo en el alma”, pero vino un señor que se llamaba Francisco Franco, dictador, genocida, y lo que quieran, que acabó con aquel paraíso en la tierra para convertirlo en la peor de las pesadillas.
Dicen que tengo mi punto de adivino. No será para tanto, aunque compañeros tengo a los que hace meses les pronostiqué cosas que, efectivamente, se produjeron poco después. No soy echador de cartas, adivino o experto en horóscopos, tampoco leo los posos del café. Pero uno ve, se fija, ata cabos, y acaba concluyendo lo que es de cajón de madera de pino.
Esto es ya para nota. De los objetos litúrgicos que utilizamos para celebrar la santa misa, los hay que no ofrecen especiales dudas de identificación para el común de los fieles que asisten a las celebraciones. Palabras como cáliz, patena o vinajeras (vinagregas dicen a veces los monaguillos) son de uso bastante común y no suelen tener mayores complicaciones.