Los brazos cansados de bautizar ( y nosotros rodeados de cantamañanas)
Me ha impresionado. Hace un rato he celebrado en la misa de hoy la memoria de San Francisco Javier. Al comenzar la celebración, hoy con cinco personas en mi parroquia de Braojos, les he leído la pequeña nota biográfica que aparece en el libro de la sede. He de reconocer que me ha impactado el final: “murió en 1552, con los brazos cansados de bautizar”.
Hace algunos años un obispo, creo, en la selva, se mostraba orgulloso de que en años no había bautizado ni a un solo indio. Hoy cuántos tenemos felices en sus labores solidarias y asistenciales, pero sin un solo bautizo. La cosa del respeto, ya saben.

Hay datos incuestionables. Por ejemplo, que el número de católicos y de católicos practicantes va en franca decaída. No me hace falta acudir a los datos estadísticos oficiales. Basta hablar con cualquier compañero para constatar que viene menos gente a misa, que los bautizos son pocos y las bodas escasísimas. Incluso en los pueblos lo vemos. El dato es el dato, y puede perfectamente extrapolarse a otras realidades, sin excluir la plaza de san Pedro.
Son pocas, y que mis lectores me disculpen por volver al asunto.
Lo del absolutismo era malo porque lo ejercía Luis XIV. Pero se convierte en buenísimo si soy yo o si es mi grupo quien lo ejerce.
Lo de dar de comer al hambriento, posada al peregrino y acogida al inmigrante esta más visto que lo del 23-F y Tejero. Por eso no voy a hablar más de ello ni falta que hace. Ilustres teólogos, próceres insignes y famosos de todo tipo ya se encargan de hacerlo y exhibirlo.





