Las ídolas
Me gustaría lanzar una pregunta a los participantes del sínodo amazónico. Sería una pregunta compleja, pero fundamental. Una pregunta global, clave, trascendente: ¿cómo hacer que el mundo viva en paz y en justicia? ¿cómo lograr la conversión del mundo y la evangelización de la Amazonía?
Ya vemos las respuestas que se van ofreciendo: ordenación de “viri probati”, diaconado femenino, liturgia propia, opción ecológica, respeto a los pueblos indígenas, compartir creencias más que imponer nuestra fe, inculturación. ¿Será eso?

Lo tengo comprobado y más que repetido. Todo aquel que pretenda quedar bien con todos lo único que conseguirá será no acabar bien con nadie. Pobre Iglesia nuestra.
Nos movemos entre dos cuestiones. Una, la sensibilidad, que, en el caso del DOMUND, no necesita especial trabajo, aunque ahora la cosa esté un poco de capa caída. Ya sabemos: que si todo el mundo se salva, que si no tenemos derecho a predicar, que si hay que respetar la religión de cada cual… Incluso, para justificarnos, reconvertimos la cosa del anuncio explícito del evangelio en un trabajo social, que no está mal, pero que no es eso.
Últimamente nos estamos poniendo muy serios. Entre la Amazonía, los alemanes, el desentierro y entierro de Franco y la recién aparecida sentencia del “procés”, de verdad que se nos está poniendo cara de pepinillos en vinagre. Así que he decidido hoy tomarme la mañana con humor y filosofía, esperando que se lo tomen con humor.
Y lo hago harto de que pretendan decirme lo que debo pensar, lo que debo creer, cómo he de actuar, hablar y comportarme.