Camposanto
En la cosa de los difuntos cada pueblo tiene sus costumbres. Ni mejores ni peores. Las suyas.
En las cosas de difuntos, cuanto menos nos compliquemos, mejor. Salvo barbaridades de libro, que hasta ahora, toquemos madera, no he tenido, mi postura es la de no buscar problemas innecesarios.
Vengo ahora del último de mis tres cementerios. Esta mañana, día de los santos, tres misas, una por parroquia. Esta tarde, visita a los camposantos. Preciosa palabra, por cierto, la de camposanto. No. No es igual una cosa que otra. Las palabras no son neutras en absoluto y de decir una cosa a otra, la difrencia es abismal.

Porque el aclarador que lo aclare buen aclarador será.
Ceder al chantaje siempre fue un error. El que una vez lo aceptó, queda marcado para siempre. El chantajista ha descubierto que tiene el poder y desde ese momento hará lo que quiera con el chantajeado. Que no nos pase en la Iglesia, por favor. Porque nos podría pasar. A todos los niveles.
De crío aprendí eso de las nueve partes de la oración, eso de artículo, nombre, adjetivo, pronombre… Y dentro de los adjetivos, una clase que eran los adjetivos calificativos. No me enseñaron otra: los adjetivos descalificativos, de los que cada vez escucho y leo más, particularmente en el campo de la desinformación religiosa.
Se contaba que, en una ocasión, alguien se dirigió al generalísimo Franco para contarle que había estado de viaje en alguna zona de España y que había podido comprobar el descontento de algunas personas, así como constatar ciertos problemas sociales. La respuesta de Franco fue contundente: “menos viajar, y más leer la prensa”. La prensa entonces era o la del Movimiento, o casi, y ya se encargaba esa prensa, más que prensa pura propaganda, de señalar lo que había, lo que se decía y cómo se debía pensar.





