Las gallinas de Piñuécar
El quinto mandamiento de la santa madre Iglesia hoy está formulado como “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”. Otra era su formulación clásica: “El quinto, pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios”. De esto vivían la Iglesia y el clero a ella dedicado.
Me encanta echar ratos en los archivos parroquiales a mi cargo. Ahora estoy leyendo y estudiando con mucho interés el de Piñuécar, en el que, entro otros tesoros, he encontrado una minuciosa descripción de los diezmos y primicias que aportaban los fieles para mantenimiento de la Iglesia y sustento del clero.

Han sido, me dicen, nada menos que cincuenta y dos semanas dedicadas a desgranar el compendio del catecismo de la Iglesia católica. Bastante gente, y muchas descargas posteriores de los videos, que en ocasiones han sobrepasado abundantemente las mil cien. Este pasado jueves hemos terminado la tarea y, de momento, unas semanas de vacaciones. Las charlas, por cierto, están
Madrid, las ciudades, los pueblos grandes, quizá sean otra cosa, que tampoco es para tanto. El caso es que la pastoral ya se sabe cómo es: unos niños de primera comunión de los que perseveran en su catequesis una mínima parte, los de confirmación, unos cuantos jóvenes, algo de pastoral familiar, quizá catequesis de adultos, Cáritas, despacho… Junto a esto misas y confesiones y alguna celebración especial. Esto lo hemos tenido todos con mejor o peor fortuna.
Se me han pasado los días sin darme cuenta. Si no hubiera sido por mis amabilísimos lectores, ni ser consciente de que llevaba un par de semanas sin escribir en el blog. El caso es que de repente me empiezan a llegar mensajes, correos, llamadas de seguidores del blog muy preocupados por un servidor, y que, en resumen, me hacen dos preguntas.





