Queremos nombres, P. Sosa
Nunca me ha gustado esa gente que habla a base de indirectas o de modo impersonal. Ya saben, esa forma de soltar cosas sin decir, pero diciendo: “aquí hay gente que se cree muy lista”, “hay personas que están deseando tal cosa”, “algún día quizá hable de algunas cosas gravísimas que me llegan”. Hablar así me parece simplemente de cobardes o matones.
El que es valiente, claro, quiere arreglar cosas y está dispuesto a arriesgarse por algo en lo que cree, se expresa y actúa de otra forma: da nombre y apellidos, lo suelta a la cara y, si la cosa lo requiere, se va al juzgado de guardia y pone la correspondiente denuncia.
Dicho esto, me ha decepcionado profundamente encontrarme con el prepósito general de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa, empleando esta forma de hablar en el Meeting de Rimini denunciando un complot de los sectores ultraconservadores contra Bergolio y lo que representa.

Nos creemos que por no hablar de ciertas cosas dejan de existir.
No hay cosa más entretenida ni curiosa que un archivo parroquial. En Braojos se conserva íntegro desde el siglo XVI y es una gozada perderte entre libros viejos para toparte con las cosas más curiosas.
La verdad es que uno se aburre porque quiere. Jamás hemos tenido más posibilidades de cursos, cursillos, encuentros, encuentrillos, jornadas, experiencias, paradigmas, talleres, conferencias y mesas redondas como hoy. Mucha vulgaridad, aunque todavía uno puede llegar a asombrarse ante ciertas cosas.