Rafaela: lo que hay que ser es decentes
Acaban de terminar las fiestas del pueblo de Rafaela. La casa, hasta arriba: sobrinos, resobrinos, una cuñada. Pues nada, todos bien venidos que es la fiesta y ya nos apañaremos.
Bueno, la casa hasta arriba era otros años, porque en esta ocasión ha tenido una fuerte discusión con la familia, se han liado las cosas y han terminado negándose a dormir en casa de Rafaela y buscando un hostal en un pueblo cercano. Ya saben: parece mentira que nos trates así a tu familia, a ti lo que te pasa es que eres una vieja que no sabe adaptarse a estos tiempos, parece que sigues como cuando eras pequeña, pues a ver si espabilas que el mundo ha cambiado. Tanta iglesia y al final las de misa sois las peores, si hasta el papa dice que hay que ser comprensivos y tolerantes.


No cabe duda de que una de las palabras, o mejor la palabra que identifica el papado de Francisco es “misericordia”. Tanto que hasta tenemos en puertas un año jubilar especial dedicado a ella.
De cuando en cuando pasa. Se te ocurre decir en la parroquia algo que no gusta, o recordar las normas de siempre, y lo primero que te encuentras es la amenaza: “lo que hay que hacer es llamar a Telemadrid, o a la prensa, o acudir al Facebook y este cura que se entere. (Las televisiones van. Sacudir a un cura, sobre todo si es conservador, siempre vende).
Es mi impresión, y como tal la cuento. Mejor dicho, mi impresión y la de muchos compañeros y no pocos fieles. Vivimos en una Iglesia débil, fragmentada, convertida en una especie de reino de taifas donde cada parroquia es una iglesia particular, cada sacerdote un pontífice, cada laico o grupo de laicos una autonomía cuasi personal.





