Romero Pose: una enorme alegría con un "pero"
Tengo el mejor de los recuerdos de monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar que fue de Madrid, al que no sé imaginar de otra manera que regalando su sonrisa franca allá por donde pasaba.
Lo tuve en uno de mis pueblecitos con motivo de alguna fase en la restauración del templo parroquial. Lo recordamos entonces cercano, afable, dirigiéndose a la gente con una homilía honda y a la vez comprensible, de esas que los mismos curas dijimos: “parece un cura de pueblo”. Seguro que mis compañeros recuerdan la cena posterior en una casa del pueblo que nos prestaron para el evento.
Coincidíamos de vez en cuando en reuniones. En aquella época servidor pertenecía al consejo presbiteral y eso hacía que nos viéramos algunas veces. Siempre grato charlar con Eugenio, comentar cosas, preguntarle por su última lectura o ese detalle de los padres de la iglesia que acababa de descubrir.

Ayer mismo. Y que me perdone si cuento su historia, pero como me imagino que no me va a leer, y además cambio su nombre, pues todos felices. De todos modos, si alguien llegara a identificarla, tampoco pasa nada.
Anda que no está contenta la buena mujer. Me extrañaba no tener noticias suyas en tanto tiempo, pero supuse que como era verano estaría más entretenida. Pues no. Nada de eso. Parece que se ha apuntado a unas clases en el CAPI del pueblo y que ya navega y todo. Pero es que por lo visto hay más. Para su santo su sobrino le ha montado un ordenador en casa y ahora se conecta cuando quiere.
Algunos son más cachondos que la música de los caballitos. Pero si es que no falla: en cuanto alguien habla de no juzgar, respetar, libertad y democracia, están ustedes ante un dictador. Es más viejo que la tos.





