Sobre la Diócesis de Urgell y su Arzobispo Obispo, Príncipe de Andorra. Observaciones a "Oriolt"
“Páramo”, “erial”, sacerdotes de primera clase y de segunda, “la rica Andorra”, “los pueblos de la desértica comarca de Urgel o las montañas de Pallars” (lugares de segunda para los “forasteros”), “un Vives preocupado por el protocolo que ya se ve Cardenal de Barcelona”… La verdad es que hace tiempo que no leía tantas y tan grandes sandeces sobre la diócesis de Urgell y su Obispo.
Y he considerado que como sacerdote de esta pequeña diócesis ( y que además ha sido párroco en “la desértica comarca de Urgel” y que ahora lo es “en las montañas del Pallars”) sería un auténtico mal nacido si no saliera en defensa de mi diócesis y de mi Obispo, más aún cuando acabo de leer semejantes despropósitos unos pisos más arriba (ahora, más abajo) de mi blog en Infocatolica.
Cada uno tiene sus filias y sus fobias y los autores del mencionado escrito acreditan las suyas sobradamente. Pero manifiestan, a mi juicio, un gran desconocimiento del la Diócesis de Urgell y de su actual Obispo, Mons. Joan Enric Vives. La verdad es que nuestra diócesis es bastante tranquila y los sacerdotes, en su gran mayoría, personas sensatas que se dedican a su trabajo pastoral y no se pierden en foros y trapicheos de la gran capital y otros lugares.
Urgell tiene una gran historia y tanta dignidad como cualquier otra Diócesis. Nuestros amigos de Barcelona que la califican de “páramo y erial” deberían preguntarse porque, siendo así, atrae cada fin de semana a tantos barceloneses. Muchos de ellos reciben más atención pastoral en nuestra diócesis que en Barcelona. Y se sienten muy bien tratados y acogidos. Yo serví ocho años en Andorra y puedo testificarlo.
La diócesis de Urgell, lo saben bien, los años sesenta sufrió una fuerte despoblación, desplazándose muchos a Barcelona en busca de trabajo. Actualmente son muchos los jóvenes que, acabando bachillerato, se van fuera y ya no vuelven. La población se ha concentrado en las capitales de comarca y esto tiene y tendrá sus repercusiones pastorales. Ante una escasez de clero previsible pero no fatal, hay que decir que una cuarentena de sacerdotes bien organizados podrían atender muy bien a la casi totalidad de la población.
Benedicto XVI hablaba del período posterior al Vaticano II utilizando unas fuertes palabras de San Basilio en su Tratado del Espíritu Santo: Una batalla naval nocturna de todos contra todos. ¿Podía quedar exenta de sus demoledores efectos la pequeña diócesis de Urgell? En Urgell, como en todas partes, se han sufrido los efectos de la crisis, de la secularización de la sociedad y de la misma Iglesia. Muchas ideas demoledoras para la fe y la vida de fe vinieron precisamente de “sesudos teólogos” de capital, también de Barcelona. Pero Urgell, a pesar de la sangría de las secularizaciones de clero que sufrió en los años setenta, ha resistido y bastante bien. El largo pontificado de Mons. Joan Martí no fue fácil pero, transcurrido el tiempo, constatamos que supo guiar el barco con mano segura y sorteó con éxito graves peligros. La práctica religiosa de nuestros pueblos es muy superior a Barcelona y seis seminaristas, según la proporción de la Diócesis, son una realidad muy aceptable.
El servicio inestimable que la Mitra de Urgell ha prestado al Principado de Andorra no es nada fácil de realizar ni de entender “desde fuera”. No es un servicio fácil para el Obispo, depositario de un legado histórico impresionante. La Santa Sede, al conceder el título de Arzobispo en la persona de Mons. Vives ha hecho algo más que un decorado protocolario. Andorra, según derecho consuetudinario eclesiástico, al ser una nación y un estado independiente y soberano, podría reclamar un arzobispado en el sentido propio. Su vinculación histórica al territorio de Urgell y las circunstancias actuales, a mi juicio, han hecho que se reconozca la singularidad de Andorra y el trato que le corresponde, y también el servicio generoso que realiza el Obispo como Príncipe ( el título de “co-príncipe” tiene muy poca tradición por no decir ninguna) en la concesión en la persona de Mons. Vives del título Arzobispal.
El protocolo, bien lo sabe el Vaticano, no es pura formalidad y apariencia. Cuando Mons. Vives cuida el protocolo no hace más que lo que le corresponde en la alta representación que le toca ejercer como Jefe de Estado. Andorra y su Jefatura de Estado merecen el respeto debido.
Finalmente, añadiría a todo esto, que me parece deplorable la presentación que se hace de mi Obispo en el escrito que motiva mi protesta. Como escribía hace poco, a propósito de otra intervención intempestiva, “hace años que le conozco, antes de llegar como coadjutor a Urgell y creo que, como el buen vino, es de los Obispos que van mejorando con los años. Lo tengo por un sacerdote con gran celo pastoral, muy trabajador, muy humano y cercano a sus primeros colaboradores que somos los presbíteros. Su doctrina es católica al cien por cien y propaga la adhesión afectiva y efectiva con el Santo Padre”. Es lo que sinceramente pienso después de colaborar nueve años con él.
Veo que Oriolt teme que Mons. Vives sea trasladado a Barcelona. Yo también lo “temo”, precisamente, porque en Urgell perderíamos un buen Obispo.
Sine ira et cum studio
Joan Antoni Mateo García, Párroco de Tremp
