La otra crisis: Totalitarismo educativo
Y por fin el Consejo de Ministros aprobó la LOMCE, esa ley de educación que ha levantado una polémica artificiosa y forzada. Y es que la oposición repite una y otra vez que toda la comunidad educativa está en desacuerdo con esta ley. Quizá olvida el PSOE la manifestación que hubo en Madrid en el año 1986 cuando el Gobierno de Felipe González aprobó la LODE. Allí nos juntamos más de un millón de personas venidas de toda España. Tantas que, cuando acabó el tiempo previsto de manifestación, la mayoría de asistentes todavía no habíamos alcanzado el punto de partida. Eso sí, la policía se encargó de dispersarnos sin ninguna contemplación, pese a que los niños se contaban por miles.
Como decía, la oposición repite una y otra vez que está ley se aprueba sin consenso alguno. Pues quizá con el mismo que mostró el señor Zapatero cuando, mediante un real decreto, paralizó la LOCE de Aznar a los quince días de tomar posesión de su cargo. O con el mismo consenso con el que, dos años después, aprobó la LOE. Sí, con el mismo consenso que ha mostrado la socialista Elena Valenciano cuando ha declarado que, nada más vuelvan al poder, derogarán y cambiarán esta ley que todavía no ha recibido el respaldo parlamentario.
Y es que a uno le sorprende el totalitarismo educativo de algunos. Esos que hacen lo que les viene en gana cuando tienen la mayoría y que, cuando no es así, exigen consenso y diálogo. ¡Qué poca vergüenza!
Aunque lo más triste de todo esto es que, por culpa de unos y de otros, de su ideología política, los más perjudicados son los alumnos y sus familias. Porque es injusto y detestable que se paralice el sistema educativo por culpa de una rebeldía doctrinal totalitaria. Por sus obras los conoceréis…
Jesús Asensi Vendrell

Os escribimos desde la HOAC de Madrid, movimiento especializado de la Acción Católica que tiene encomendada por la Iglesia la misión de la evangelización del mundo obrero y del trabajo. Como todos sabemos, venimos sufriendo una larga y profunda crisis económica que está afectando a un altísimo número de personas, sobre todo a los más desfavorecidos.
Quienes esperen del nuevo Papa Francisco un calco de Juan XXIII, se equivocan completamente; los que lo asemejan con la empatía y el atraimiento popular de Juan Pablo II, yerran; y, los que esperan de él una imagen incólume de su antecesor Benedicto XVI, fracasarán igualmente. Francisco es Francisco, un papa nuevo, que aunque guarde semejanzas con los anteriores, se desenvuelve con total independencia y posee sus propias señas de identidad.









