12.06.20

La Virgen María, defendida por los obispos españoles frente a los antimarianos en el Concilio Vaticano II

La devoción a la Virgen María fue llevada a debate en el Concilio Vaticano II y fue una de las principales piedras de toque del enfrentamiento entre los padres conciliares de línea más tradicional y los progresistas. El primer punto esencial sobre la devoción mariana se debatió en el año 1963. El punto principal en ese momento era si la Virgen María y la devoción hacia María debía constituir un esquema del Concilio, dedicado exclusivamente a Ella o bien si debía ser meramente un capítulo en el esquema dedicado a la Iglesia. Los obispos de línea tradicional defendían que la Santísima Virgen tuviera un esquema propio en el Concilio para realzar la devoción a María como un concepto fundamental de la fe católica.

En cambio los obispos y teólogos progresistas, encabezados por los obispos del Norte de Europa, sobretodo alemanes y de otras partes del mundo, querían que María fuese solo un capítulo del esquema de la Iglesia. Además estaban en contra del otro gran tema sobre la Virgen que se trataría en el Concilio, la Corredención. Estaban en contra realmente de la devoción a María, por considerarla un gran obstáculo en el ecumenismo con los protestantes. En teoría defendían todos los dogmas de María, pero en la práctica querían minimizar al máximo su devoción, del tal manera que fueron conocidos en la prensa como los antimarianos.

Hay que decir que María tuvo importantes defensores en el Concilio como el Padre Carlo Balic, nacido en Croacia y que fue un gran impulsor de la devoción a María, mediante congresos y ediciones de libros que ensalzaban a la Virgen como corredentora en la línea tradicional de la Iglesia. El Padre Yves Congar, que era uno de los más destacados progresistas del Concilio, llamaba en privado a Balic charlatán de feria y vendedor ambulante. Otros obispos progresistas llamaban a los devotos de María, en privado, espíritus medievales y enfermos psíquicos.

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8.06.20

El valiente discurso del Mons. Alonso Muñoyerro, obispo castrense español, defendiendo la confesionalidad católica en el Concilio Vaticano II

A finales de septiembre de 1964, en pleno Concilio Vaticano II, el Arzobispo castrense español Monseñor Alonso Muñoyerro, pronunció un discurso memorable (y hoy olvidado por gran parte de la Iglesia española) en el que, en medio de un ambiente dominado por los obispos y teólogos “progresistas” criticó dura y proféticamente el problema que supondría sentar las bases para eliminar la confesionalidad católica de los estados. También realizó una valiente defensa de la Cruzada de 1936-1939, del General Franco y del papel histórico de España y la Iglesia en defensa de la Fe.

Aquel día en Roma, a muchos obispos y teólogos “progresistas” se les debió atragantar el desayuno. Fue durante los debates sobre el esquema de la libertad religiosa, entre el 23 y el 28 de septiembre de 1964. Lo explica el experto historiador italiano Roberto de Mattei en su reciente libro sobre el Concilio Vaticano II.

Muñoyerro subrayó que la nueva interpretación de la libertad religiosa si bien ayudaría a los católicos en aquellos países donde son minoría frente a una cultura protestante mayoritaria, podía ser perjudicial para los países de abrumadora mayoría católica como España, donde en el futuro la aconfesionalidad podría ser utilizada para disminuir la influencia de la Iglesia en la sociedad (como vemos que pasa en nuestros días).

Muñoyerro recordó que España tenía el gran mérito de haber salvado el catolicismo en Europa en los siglos XVI-XVII y de haberlo llevado a Iberoamérica y a Filipinas. Así como de haber conseguido en el siglo XX “la gran victoria contra el comunismo".

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7.06.20

En 1934 los diputados católicos no se achantaban ante el matonismo socialista que intentó matar al líder carlista en las Cortes

En abril de 1934 ocurrieron incidentes en el Congreso de los Diputados que demuestran que la chulería de los miembros del PSOE y de la izquierda en general no es cosa solo de hoy en día, sino que es el sello distintivo de los socialistas en España.

Se debatía en las Cortes, un proyecto de ley de amnistía para los militares de significación monárquica y de los políticos vinculados al anterior Régimen del general Primo de Rivera, que la “tan democrática” República habían sido apartados y desterrados de España. La izquierda que, con tanta vehemencia, exigirá a partir de octubre de 1934 la amnistía para los implicados en el golpe de estado revolucionario, muchos de ellos con delitos de sangre (igual que en 1977 haría con los etarras), negaba ese derecho a quien no era de izquierdas.

Los implicados en el golpe de estado monárquico del general Sanjurjo de 1932 estaban apartados del ejército, condenados y encarcelados, pese a que no tenían ningún delito de sangre como los revolucionarios. Los debates en el Congreso sobre la amnistía a los militares y políticos monárquicos, en abril de 1934, fueron muy violentos como ocurre hoy en día entre Podemos y Vox, ya que hoy el ambiente en España vuelve ser de guerra civil.

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5.06.20

Mons. Athanasius Schneider espera que la Congregación para el Culto Divino emita normas que garanticen a los fieles el derecho a recibir la Comunión en la boca

Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná, en Kazajistán ha tenido la amabilidad de atendernos para reflexionar a la luz de la fe y de la Tradición de la Iglesia sobre esta pandemia y las consecuencias prácticas que tendrá en la vida de los católicos.

-Gran parte de la humanidad ha perdido el sentido de pecado, por lo tanto, es difícil que la gente se plantee las pandemias y demás calamidades como un castigo.

Creo que no solo la gran parte de la humanidad ha perdido el sentido del pecado, sino también una gran parte del clero y los fieles en la Iglesia. La existencia del pecado y el castigo divino están intrínsecamente relacionados entre sí. Esto nos dice la Revelación Divina ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura. Después de que Adán y Eva cometieron el pecado, Dios inmediatamente expresó su rechazo a este mal, infligiendo el castigo a Adán y Eva. El castigo fue la muerte temporal del cuerpo y el castigo más grande y terrible fue la expulsión del paraíso, la expulsión de la comunión de la vida eterna con Dios, es decir, el castigo de la muerte en la condena eterna del alma y del cuerpo. Dios también infligió otros castigos temporales: Adán debe trabajar con fatiga en el sudor de su frente, la tierra misma, la naturaleza producirá cosas dañinas. Eva, la mujer, tendrá dolores de parto al dar a luz a sus hijos.

La existencia del castigo divino muestra que el pecado es algo grave en los ojos de Dios. El pecado contradice la voluntad infinitamente santa y sabia de Dios. Si Dios no hubiera infligido el castigo por el pecado de Adán y por los pecados de todos los hombres, Dios habría ocultado el pecado y declarado que el pecado es algo insignificante. Al no infligir castigo, Dios se habría contradicho a sí mismo, porque dejaría la contradicción contra su voluntad, sin hacer nada contra la mayor injusticia. Porque cuando la criatura con libre albedrío y pleno conocimiento contradice la voluntad manifiesta de Dios, se produce la mayor injusticia y el mayor mal. Si Dios no infligiera castigo, aceptaría la legitimidad de esta mayor injusticia y de este mayor mal. Con la imposición del castigo, Dios expresa su rechazo categórico del mal y de la injusticia. Así dice la Sagrada Escritura: “Será acaso injusto Dios al manifestar su cólera?” (Rom. 3, 5).

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1.06.20

No se puede negar la comunión en la boca, ni convertir las benditeras en el cuarto de la limpieza

Como bien se explicó en esta página no se puede negar a los fieles el derecho a comulgar en la boca. La instrucción Redemptionis Sacramentumreconoce el modo de comulgar como un derecho de los fieles, no una prerrogativa de los obispos o los sacerdotes y que los fieles tienen siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca si por distintas razones, manifiestan su deseo y opción de recibir la Eucaristía de este modo».

 Ayer me negaron la comunión en la boca en la Iglesia de los Carmelitas de Diagonal en Barcelona con muy malos modos, cuando realmente como he explicado no pueden obligar a nadie a comulgar en la mano ni negar la comunión por ese motivo. Bien es cierto que se ha extendido en la Iglesia la recomendación de comulgar en la mano, pero al no obligar a ello y tener derecho a comulgar en la boca en conciencia estoy convencido que es mejor seguir comulgando de rodillas y en la boca. Incluso en aquellas iglesias que había reclinatorios los han quitado.

Si me montaron ese numerito es porque todo el mundo ha tragado con la recomendación de comulgar en la mano. Espero que no se extienda para siempre esta terrible práctica por medidas de higiene. El tema lo trataré en profundidad en breve entrevistando a un sacerdote al respecto.

No sólo fue el único disgusto que me llevé sino ver la benditeras como bandeja del dichoso gel. Una cosa es cumplir las medidas de higiene y otra es desacralizar los templos. En alguna que otra Iglesia obligan a llevar el bozal puesto, cuando entiendo que es solo para los casos en los que no se puede guardar la distancia. La terrazas están llenas y es normal que la gente anhele aquello que estuvo dos meses prohibido, pero las iglesias no se llenan, hay ganas de cervecita y de sol, no tantas del Sol de Justicia.