Gravedad de la condenación eterna, la muerte sorprende a muchos que se condenan

De lo que hagamos en esta vida va a depender toda la eternidad. Eterna felicidad o eterno sufrimiento y desesperación. No hay más. Meditemos en el infierno, cuya existencia es dogma de fe para evitar por todos los medios condenarnos eternamente. Ahora es tiempo de merecer, de vivir santamente y de ganarnos el cielo con la ayuda de Dios y los medios de santificación que pone a nuestro alcance.
Hay que esforzarse por ser santo. No es descabellado pedir con humildad la gracia de no pasar por el purgatorio, cuyas penas son terribles o reducir lo máximo posible nuestra estancia allí, purgando nuestros pecados con oraciones, penitencias e indulgencias en esta vida. Aún así la diferencia con el infierno es abismal: las penas del purgatorio son finitas, las del infierno eternas.
El Doctor Eudaldo Forment, Catedrático de Metafísica, desde sus amplios conocimientos teológicos tomistas profundiza en la terrible realidad del infierno. Espero que sus explicaciones les sean de provecho y les sirvan para vivir con coherencia: ANTES MORIR QUE PECAR.


Una de las más consoladoras características de la devoción a María, nuestra Madre celestial, es la garantía de que ninguno de sus devotos, ninguno de nosotros, irá al infierno, si amamos de verdad a nuestra Madre, como el camino más seguro para llegar a Nuestro Señor Jesucristo. Hablamos con el historiador Rafael María Molina para reflexionar sobre esta importantísima enseñanza de nuestra Fe.