Luciano Gallardo: “El antropocentrismo trajo muchos males que afectaron en todos los órdenes de la vida”

Sintetiza lo más destacado del curso Historia de la Literatura Universal

Luciano Nicolás Gallardo tiene la dicha de ser esposo de María Clara y padre de siete hijos. Es miembro de la Venerable Orden Tercera de Santo Domingo de Guzmán. Tiene 44 años y reside en San Carlos de Bariloche, Argentina. Es Profesor de Lengua y Literatura; se encuentra en la etapa final de su Licenciatura en Letras especializándose en Literatura e historiografía medieval castellana (s. XIII) en la Universidad Nacional de Río Negro. En dicha institución colabora como Profesor adscripto de la Cátedra de Literatura Española, impartiendo las clases de literatura medieval castellana. Se ha especializado en Humanidades y Literatura. Hace más de diez años que se dedica a la enseñanza dictando clases de Humanidades en general en colegios secundarios. Es creador y director de la Academia Amor a las Letras cuyo objetivo es promover la buena Literatura.

¿Por qué desde la academia Amor a las letras han decidido crear un curso de Historia de la Literatura universal?

En primer lugar, hemos pensado en poner a disposición del público en general un curso de Literatura universal porque estamos convencidos del valor que le aporta al hombre poder entrar en contacto con el gran patrimonio cultural existente -y muchas veces desconocido-. Nuestro querido Padre Leonardo Castellani sostenía que “…la Biblia, Aristóteles, La Divina Comedia y el Quijote son más actuales que el diario de hoy; o son tan actuales por lo menos, porque sin ellos no puedo entender el diario”. Es decir, los clásicos son siempre nuevos y actuales. De ellos podemos beber reiteradamente, cada vez que estamos en contacto al releerlos. Sin temor podemos afirmar que estos libros son fundamentales para nuestra cultura, o mejor dicho para esa cultura que deseamos restaurar. En segundo lugar, porque la literatura es una de las formas predilectas para adentrarse en el mundo y en la cosmovisión que se fue conformando a lo largo de la historia y nos aporta todas las defensas necesarias para afrontar el mundo moderno, porque como insistía Chesterton en El hombre común, “la primera utilidad de la buena literatura reside en que impide que un hombre sea meramente moderno”.

Queremos con el curso, poner al alcance de muchos, algunas herramientas para adentrarse en las obras y autores que han edificado o hecho posible la cultura cristiana.

¿En qué medida está presente el análisis con la recta cosmovisión católica?

J. R. R. Tolkien, nos recuerda en una de sus Cartas que Ningún hombre puede apreciar lo que está realmente acaeciendo sub specie aeternitatis”. Pero qué enriquecedor sería elaborar una especie de teología de la Literatura, del mismo modo que podemos hablar de una teología de la historia. Pero sería un tema para tratar o desarrollar en otro lugar. Lo cierto es que el análisis desde la cosmovisión católica acompañará todo el curso. Es el alma de nuestra propuesta como Academia Amor a las Letras. Ya hemos comentado que nos inspiramos en la famosa obra homónima de Dom Jean Leclercq O.S.B.. En ella este gran medievalista nos cuenta cómo la Literatura fue considerada desde la antigüedad y en el mundo medieval, no sólo como algo de valor instrumental, sino que principalmente, le permitía al monje vivir en una constante tensión esjatológica. La literatura lo colocaba de cara a Dios; y asi la Literatura orientaba al hombre a su fin último.

La literatura pre cristiana se comprende desde dos grandes vertientes. Una de ellas es la tradición primordial o adámica, según la cual la humanidad conservó y transmitió ciertas verdades contempladas originalmente por nuestros primeros padres. Y la otra, es el tema tan abordado por los Padres de la Iglesia y los Escolásticos: los semina verbis, es decir aquellos destellos de la Verdad presentes en los pueblos gentiles. De este modo el desarrollo de la cultura y la literatura antigua no se puede comprender rectamente si no es a la luz de la Providencia.

¿Por qué era inevitable que los dos primeros módulos fuesen dedicados a Grecia y Roma?

El gran filólogo argentino, Carlos Disandro, demostró en toda su obra, quizá como nadie lo ha hecho, que los aportes de Grecia y Roma conformaron las auténticas bases de nuestra cultura. Para muchos esto puede ser una simple expresión, pero estamos convencidos que es algo más que eso. No somos conscientes de cuánto le debemos a las fuentes culturales de la antigüedad clásica (lo digo sin caer en idealismos o romanticismos). Es un legado que debemos recuperar y prepararnos para transmitirlo -en la medida de nuestras posibilidades- a las generaciones presentes y futuras. Grecia y Roma -por eso hablamos de una teología de la Literatura- no escapan a la Providencia Divina. Pensemos sólo en la sapiencia y el lenguaje filosófico que nos permitiría luego expresar y consagrar las grandes verdades de nuestra Fe; miremos el aporte de las lenguas clásicas; el ordenamiento jurídico romano, el ideal educativo que busca la virtud, y tantos y tantos elementos que perviven hoy en día entre nosotros.

Por esta y otras tantas razones quisimos comenzar por las principales vertientes de nuestra cultura; de ellas nace el auténtico humanismo, ese que es capaz de recibir el Evangelio y de hacerlo conocer de una forma magistral.

¿Qué importancia tiene la literatura cristiana y qué es la Paideia Christi?

La Literatura cristiana es muy importante, diría yo, fundamental. Esto es así porque implicó una decisión compleja: asumir o no desde la fe el legado grecolatino. La primera Literatura cristiana es muchas veces postergada o descuidada, salvo en ambientes de estudio e investigación, pero yo estoy convencido de que debe llegar al cristiano que no participa de esas actividades, porque la riqueza de los textos y el testimonio de vida de muchos autores es altamente edificante. Pensemos que en los primeros siglos tenemos a toda la Literatura que se siguió después de los textos sagrados de las Divinas Escrituras y una pervivencia en ellos de eso que se llama Tradición, es decir la Revelación transmitida oralmente y plasmada en muchos de estos textos. Aquí encontramos la obra de los Padres Apostólicos, los apologetas y la Literatura martirial, los escritores eclesiásticos y toda la valiosísima obra de los Padres de la Iglesia. Esta Literatura es de por sí un tesoro invaluable que alimenta profundamente nuestra fe e inevitablemente nuestra vida litúrgica, que es estrictamente fontal respecto de la conformación de la auténtica cultura.

La Paideia Christi es, como decía al principio, la firme voluntad de incorporar a la vida cristiana el patrimonio cultural de la cultura grecolatina, el ideal educativo que de ella heredamos, pero todo elevado por la obra de la gracia y en orden a la gracia. De este modo se comienza a conformar las bases de la cultura cristiana, y como insistía Carlos Disandro, el auténtico humanismo.

¿Por qué fue clave la literatura medieval en la consolidación de la cristiandad?

Recordando las palabras tan ilustres de León XIII en su Encíclica Inmortale Dei, podemos repetir con él que “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba a los Estados; entonces aquella energía propia de la sabiduría de Cristo y su divina virtud, habían compenetrado las leyes, las instituciones y las costumbres de los pueblos, impregnando todas las capas sociales y todas las manifestaciones de la vida de las naciones.”

La Literatura también se comprende en esta expresión. La Literatura, estrechamente ligada a la Liturgia, se consolidó en el monacato, institución que daría lugar por su función intrínseca, a la forja de la cultura cristiana. El monacato fue un bastión en donde se protegió, conservó y transmitió la literatura del mundo clásico y de la primera era cristiana a la que nos referíamos antes. La Literatura floreció al calor de la Liturgia, por eso John Senior afirmó sin dudar, casi como en una sentencia, que la Cultura cristiana es la Misa. Y Ildefonso Schuster en su Liber Sacramentorum, lo expresa magistralmente al decir que “sin lugar a dudas, el Misal romano es, en su totalidad, la obra de literatura eclesiástica más elevada y más importante, la que muestra con mayor fidelidad la historia de la vida de la Iglesia, un poema sagrado en cuya creación ha posto mano e cielo e terra”.

La Cristiandad medieval dará frutos maduros en el campo literario. Tenemos los grandes arquetipos plasmados en los cantares de gesta o la literatura de caballería: Beowulf, Los Nibelungos, Roldan, Arturo y el gran poema de Mío Cid. Pensemos también en los bellísimos sermones monásticos del siglo XII de San Bernardo, la poesía teológica del Oficio de Corpus Christi compuesto por Santo Tomás de Aquino, la poesía alegórica de la Divina Comedia de Dante, la poesía en lengua romance de Los milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, sólo por nombrar algunos de los autores y obras que cual constelación literaria iluminaron ese periodo, y aún hoy siguen arrojando luz, como otrora a un mundo en penumbras.

¿En qué medida fue decadente la literatura del renacimiento, humanismo y clasicismo con relación a la medieval y qué aspectos de la literatura florecieron?

El Renacimiento y el Humanismo y el Clasicismo, en parte, representaron una ruptura, un quiebre con la tradición medieval. Pero no es noble hacer generalizaciones. Por eso sería de provecho hacer algunas distinciones. El Renacimiento buscó dar la espalda al mundo medieval, posicionando al hombre como centro del mundo. Este antropocentrismo le abrió la puerta, como una especie de caja de Pandora, a muchos males posteriores que afectaron todos los órdenes de la vida: la liturgia, la política, la educación, etc. En este clima surge también el Humanismo, en el que hay varias vertientes o matices. Hubo un humanismo que le dio la espalda a Dios y con grandes aires de paganismo, hubo otro que apoyándose en este le agregó un barniz cristiano, una cáscara cristiana; y hubo otro que continuó con la profunda y certera tradición medieval. Este último es el que hay que rescatar.

Carlos Disandro aborda muy bien esta cuestión en su obra Humanismo, dejando en claro la urgencia de una auténtica restauración humanista y los riesgos y efectos negativos de las otras posturas humanistas. Ciertamente es una cuestión compleja en la que profundizaremos todo lo posible en la extensión del curso. El clasicismo, que no se puede aislar del movimiento de la Ilustración, condujo a una desproporción en la valoración de la razón, que si bien se buscó mirar al mundo clásico para crear una nueva estética, se cayó un una razón absoluta y geómetra que asfixió la auténtica expresión artística, entre ella la literatura. Esta adquirió un carácter meramente instrumental para la ideología imperante y a su vez un fuerte tinte moralizante.

Pero en estos periodos florecieron grandes obras, clásicos inmortales que también nos hablan de la época y genio en que se concretan, nos hablan del hombre cuya naturaleza no cambia pero se sujeta a los vientos cambiantes de las ideologías. Así, en medio de esa tempestad encontramos faros luminosos. Nos encontramos con Shakespeare, Cervantes, los grandes poetas y místicos del Siglo de Oro español, Santo Tomás Moro y Nebrija, Pascal y tantos otros.

¿Hasta qué punto es incompatible la literatura romántica con la Tradición católica?

Esta es una cuestión de por sí compleja. No soy un especialista, pero lo que he leído y estudiado muestra que en un principio el romanticismo tuvo una fuerte impronta católica y tradicional, pero pronto viró hacia otro rumbo. Así como el clasicismo francés alteró el orden antropológico insistiendo fuertemente en la razón, el romanticismo se volcó pendularmente para acentuar a la pasión por sobre la razón. Y así el ímpetu sin límites condujo a muchos a deformaciones de nociones fundamentales como la libertad, por mencionar un ejemplo.

El romanticismo no puede desvincularse de la filosofía que impregnó su nacimiento. Pero esto no quita aportes valiosos en el campo literario. Pensemos en el interés por lo folclórico que llevó a que se recopilasen los relatos tradicionales de gran tradición medieval en Europa, dando como resultado, por ejemplo, a los llamados Cuentos de los hermanos Grimm. También la poesía asume formas elevadas en este tiempo.

Por otra parte, encontramos estudios recientes que muestran que autores como C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien presentan grandes influencias romanticistas.

¿Qué aportó el resurgimiento de las letras en el siglo XX?

Lo que llamo el resurgimiento de las Letras en el siglo XX aportó frescor y esperanza a un mundo que le había dado la espalda a Dios. Esta Literatura trajo Belleza nuevamente en un escenario dominado por la fealdad luego del rol rupturista de las vanguardias. Por eso puede hablarse de una especie de restauración literaria. Aquí nos encontramos con autores como Newman, Chesterton, Nox, Waugh, Benson, Tolkien y Lewis; Antoine de Saint Exupery, León Bloy, Peguí, Bernanos; Guareschi, Papini; Lugones, Castellani, Marechal, entre tantos otros.

Como han estudiado y demostrado los especialistas, estos autores han sido causa instrumental de muchas conversiones. Sé de personas que han encontrado a Dios leyendolos, mientras sus vidas se encontraban a la deriva; estos escritores los condujeron misteriosamente al único Puerto Seguro. Me consta de primera mano, un sin fin de estas experiencias, ya sea de amigos o de alumnos. El ser vehículos de la gracia es un aporte invaluable.

Esta ola de autores, con una gran cantidad de obras de excelente valor, nos proporcionan no sólo un retorno a la Belleza, sino también antídotos para sobrevivir al mundo moderno. Este despertar nos recuerda que la llama de la esperanza aún arde, incluso en medio de la oscuridad que parece asolarnos.

¿Cuánto dura el curso y cómo se pueden apuntar las personas que lo deseen?

El curso Historia de la Literatura universal dura siete meses, tres módulos en el primer semestre y cuatro en el segundo. Existe la posibilidad de cursar individualmente cada uno de ellos, pero claro, tiene el inconveniente de perder el hilo conductor y ver en su totalidad el desarrollo de esta humilde aproximación a la historia literaria. Serán cuatro clases por mes, comenzará el 6 de abril, y tendran lugar las clases los días lunes a las 19hs. (Argentina). Las mismas quedarán grabadas para poder realizar también el curso asincrónicamente. Para apuntarse pueden inscribirse mediante un Formulario que pueden encontrar aquí: https://forms.gle/21BKQ4vVx1Fs6QZ68

Pueden también encontrarnos y seguirnos en las redes sociales buscándonos como Academia Amor a las Letras.

¡Muchas gracias!

Por Javier Navascués

4 comentarios

  
José Herrera
Esta sección es interesante, pues tiene entrevistas de bastante nivel, se esté o no de acuerdo con las opiniones de los entrevistados. Creo que en este caso se dan valiosas claves sobre las causas de la pérdida de religiosidad y la consiguiente crisis del catolicismo. Algunos atribuyen estos fenómenos al Concilio Vaticano II como principal culpable pero, a mi juicio, el alejamiento de la religión se debe principalmente no la política eclesiástica —aunque también puede influir—, sino a la secularización de la cultura, el pensamiento, la sociedad y la política, que arrancan en la crisis del régimen de cristiandad medieval en el siglo XVI, el humanismo renacentista y la Ilustración, aunque no todo el movimiento humanista e ilustrado rompieron totalmente con la religión cristiana. La misma Iglesia también sufrió un proceso de secularización interna, pues no deja de formar parte del mundo y de verse afectada por lo que en él ocurre.

El punto decisivo fue la Revolución Francesa y el surgimiento de los estados liberales laicos, basados en la autonomía de la esfera pública y política respecto de la religión. El proceso se acelera a principios del siglo XX. Cuando los estados prescindieron del catolicismo y la cultura dejó de inspirarse en la fe católica, el proceso de secularización social era una consecuencia inevitable, con la consiguiente crisis y decadencia de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II fue un intento fallido de frenar la decadencia del catolicismo en el orden social y moral. ¿Aceleró la crisis o evitó un desastre mayor? Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si el concilio no se hubiera celebrado.
10/04/26 10:10 AM
  
ZARA
Sobre el antropocentrismo y la GULA personal; lorzas a tutiplen:


A veces sigo dándole vueltas —con una mezcla de ironía y cierto pudor— a esa escena tan repetida: grandes denuncias contra el antropocentrismo, formuladas con gravedad casi profética… mientras, unos centímetros más abajo, la realidad adopta la forma muy concreta de una barriga que precede al orador como si también quisiera tomar la palabra.

Me descubro pensando si no habrá aquí una pedagogía involuntaria: la de las lorzas que asoman entre botón y botón, la de esa grasa visceral que no se ve pero se adivina, silenciosa, haciendo su trabajo lento y constante. Como si el cuerpo, más honesto que el discurso, estuviera diciendo: “el centro no es una idea abstracta… el centro eres tú, o más bien, tu apetito”.

Y entonces aparecen los ejemplos cotidianos, casi litúrgicos en sí mismos: el menú degustación que ya no es degustación sino peregrinación interminable de platos; la repetición que deja de ser celebración para convertirse en acumulación; el “solo un poco más” que, dicho varias veces, acaba desmintiendo cualquier teoría sobre el orden natural. Yo mismo me digo que, si el estómago tiene aproximadamente el tamaño de un puño, hay algo profundamente revelador en empeñarse en tratarlo como si fuera un saco sin fondo. Triplicar o cuadruplicar esa medida no es solo un exceso fisiológico; empieza a parecer una declaración metafísica: aquí mando yo, aquí se adapta la naturaleza a mi deseo.

Y es ahí donde la cosa adquiere un matiz casi teológico —si uno se pone serio—: la ley natural no como concepto abstracto, sino como límite inscrito en la propia carne. Ignorarla sistemáticamente no deja de ser una forma muy encarnada de colocar al hombre en el centro, no ya del universo, sino de su propio organismo. Como si la salvación pasara primero por aceptar que no todo lo que cabe en la boca conviene al alma… ni al cuerpo.

A veces incluso me asalta una sospecha incómoda: ¿y si ese antropocentrismo que tanto se denuncia desde el púlpito encuentra su expresión más visible justo allí, en quienes lo denuncian con mayor vehemencia? ¿Y si esas barrigonas —tan difíciles de ocultar como ciertos vicios— no fueran una simple anécdota, sino casi un símbolo?

No deja de parecerme irónico que algunos de los más severos críticos del hombre “centrado en sí mismo” lleven esa centralidad inscrita, con generosidad, en cada sobremesa prolongada. Como si, al final, el problema no fuera tanto que el latín desaparezca o que el lenguaje cambie… sino que el ayuno, mucho más antiguo y mucho más incómodo, haya dejado de tener quien lo practique.
10/04/26 12:41 PM
  
eclesiam day
José Herrera

El Concilio Vaticano II fue un intento fallido de frenar la decadencia del catolicismo en el orden social y moral. ¿Aceleró la crisis o evitó un desastre mayor? Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si el concilio no se hubiera celebrado.

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Hay cosas que son obvias o de cajón de madera:

Si la Misa fuera aún en Latín las Iglesias estarian más vacias. con la afluencia de una misa dominical tridentina actual , es decir, muy por debajo que la afluencia al novus ordo.

Si la misa fuera la tridentina , habría mujeres dovotas que seguirian rezando novenas en plena consagración y sin entererse de lo que alli se está diciendo; participacion muy deficiente.



Y se podrá objetar; " Pero si fuera en latin aun daría frutos abundantísimos de santidad!" A lo que contesto: ¿ Y POR QUÉ NO HAY COLAS DE FIELES EN LAS MISAS TRIDENTINAS QUE SE CELEBRAN POR EJEMPLO EN ESPAÑA? HABITUALMENTE ESTAN A UN 40% DE AFORO!!!
10/04/26 2:23 PM
  
LUPUS
José Herrera,

Disculpe, no se moleste, pero su interpretación es bastante errada y le explico con todos mis respetos el por qué. Si el Rito se hubiera simplemente traducido, conservándose intacto, no hubiese habido ningún problema, y la adaptación a las lenguas vernáculas se hubiese entendido mejor, como bien dice. Pero el problema es que se aprovechó esa circunstancia o mejor dicho esa dificultad para cambiar el Rito de la Misa y protestantizarlo. Aquí no se trata solamente de llenar las Iglesias, que está muy bien, sino de acercar a la gente a Dios en las condiciones adecuadas y dar a Dios un culto verdadero que preserve intacta la fe y el Rito de la Misa de tradición apostólica. Se trata de acercar a la gente a Dios sin que se profanen las iglesias ni la religión se adultere.
Por estar llenas también están llenos los conciertos, los grandes almacenes, los cines, los restaurantes y cafeterias y muchos lugares de recreación.
¿Por qué no hay colas de fieles en las Misas Tridentinas? Las que yo frecuento, si suelen estar llenas, al menos los domingos. Va la gente que las valora. Y con todo y con eso, aunque no fuese nadie, la Misa seguiría teniendo un valor infinito, porque es Dios que se ofrece al mismo Dios como propiciación por nuestros pecados. Por si no los conoce, le invito a leer o aunque solo sea a ojear dos importantísimos documentos:

-Breve examen crítico del Novus Ordo Missae (Cardenales Ottaviani y Bacci) y
-El drama litúrgico (Pablo A. Marini)
Le invito también si lo desea a que conozca personalmente la Santa Misa Tradicional y a estudiar un poco su valor y significado, ya que el Misterio que allí se celebra, que en sí es un Misterio ciertamente, es lo más grande que sucede bajo el Cielo

Enhorabuena al autor por su artículo. Un cordial saludo,

Adolfo
11/04/26 5:06 PM

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