Virginia Olivera habla del Encuentro de formación del Círculo San Bernardo de Claraval en Buenos Aires

María Virginia Olivera de Gristelli, argentina, casada hace 35 años con quien comparte cada pena y alegría; madre de 6 hijos e hija de una madre que alienta y sostiene cada nueva empresa con perseverante oración. Se ha desempeñado como Catequista de niños, adolescentes y adultos y Profesora de Ciencias Religiosas en varios colegios y en su parroquia, habiendo coordinado en ésta el Seminario Catequístico Pquial. San Pío X. Es Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se convenció de la urgencia de la evangelización de la cultura. Ha realizado además numerosos cursos en el área de Humanidades en universidades católicas.
Se dedica a la empresa editorial junto a su esposo (Ediciones del Alcázar), y dirige desde su fundación el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval. Disfruta en la difusión de la iconografía tradicional mediante la realización de trabajos artesanales.
¿Cómo nace el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval y con qué objetivos concretos?
El CFSBC surge, en realidad, ante la circunstancia de la comunión en la mano en nuestro país. Junto a un grupo de laicos veníamos reuniéndonos hacía unos años, y organizando conferencias y retiros espirituales en parroquias con una asociación civil. Al producirse el “triunfo de la desobediencia”-como la llamó Mons. Laise, qepd- de la imposición arbitraria de la comunión en la mano en nuestro país, iniciamos una campaña de concientización basados en la difusión de lo que ella implicaba, y también basándonos en la voluntad de S. Juan Pablo II entonces reinante, claramente expresada en Dominicae Cenae. Algunos nos aconsejaron entonces buscar otro nombre –diferente de la asociación “madre”-, para alejar cierta animadversión que se daba contra los católicos que no admitíamos este novedoso modo de recibir a Nuestro Señor.
Elegimos entonces a San Bernardo en primer lugar, porque ya era uno de nuestros patronos, pero sobre todo porque él sintetizaba de algún modo, las principales virtudes que nos sentíamos llamados a reforzar entre los laicos: - la militancia católica, nos parecía muy oportuno un santo que elogió y predicó una Cruzada, hoy que se pretende alejar del vocabulario toda “hipótesis de conflicto”, desterrando términos como “Señor de los Ejércitos”; “soldado de Cristo”, “iglesia militante”, etc. Se propone así una idea exclusiva de iglesia peregrina, en un ingente pacifismo que es más budista que católico, y que prepara el terreno para el sincretismo escandaloso que hoy padecemos. – La espiritualidad monástica medieval: San Bernardo defendió no sólo la no contradicción sino –y esto hay que decirlo sin complejos- la autoridad de la fe ante los límites de la razón. Por eso reaccionó frente al incipiente racionalismo de Pedro Abelardo, que sometía la fe al examen crítico de la razón.
San Bernardo veía en esto una relativización de la verdad y rechazaba una puesta en tela de juicio de las verdades mismas de la fe, y como lo expresa en una carta que se anticipa a lo que habría de venir en los siglos posteriores: “El ingenio humano se apodera de todo, sin dejar ya nada a la fe. Afronta lo que está por encima de él, escruta lo que le es superior, irrumpe en el mundo de Dios, altera los misterios de la fe, más que iluminarlos; lo que está cerrado y sellado no lo abre, sino que lo erradica; y lo que le parece fuera de su alcance lo considera como inexistente, y se niega a creer en ello” (Epístola CLXXXVIII, 1: PL 182, I, 353). – La centralidad de la espiritualidad mariana: así como sin Cristo nada bueno puede hacerse (cf. Jn. 15,5), creemos que sin María Santísima no puede emprenderse nada genuinamente cristiano. El minimalismo mariano siempre es una tentación para las pretensiones presuntamente ecuménicas; tal como vemos en ciertas iniciativas, “escondemos” a Nuestra Señora y en seguida brotan las fraternidades con todos los herejes. Nos parece inadmisible, sobre todo para las propuestas pseudo-ecuménicas, como lo estamos comprobando con el título de Corredentora, que tanto molesta a los modernistas. San Bernardo, el “citarista de María” no nos permite correr ese riesgo: nada sin Ella, de Ella nunca es bastante, somos suyos, y por Ella, de Cristo, porque Él nos la ha dado.
Los objetivos concretos son, como señalaba hace más de una década el papa Benedicto XVI, promover “un vigoroso pensamiento católico, fiel al Magisterio, que no tenga vergüenza de su fe, anunciándola con libertad en la vida pública”, habida cuenta de que “un gran problema de la Iglesia actual es la falta de conocimiento de la fe, el ‘analfabetismo religioso’, con el que no podemos crecer.” Hoy estas palabras, además de proféticas, son un diagnóstico lacerante de nuestro estado e identidad actual como católicos. En los últimos años hemos comprobado las dramáticas consecuencias de ese “analfabetismo religioso”, tanto en laicos como en consagrados, e inclusive obispos, que, ante la avalancha de atropellos contra la doctrina y moral católica, apenas han opuesto una mínima resistencia. Con la excusa del encuentro sentimental con la persona de Cristo –un Cristo por lo demás, falsificado por las ideologías y el subjetivismo-, se ha pisoteado su doctrina, que es la Verdad, indisoluble de su Persona, y aquella por la que El mismo y miles de cristianos han dado su sangre. Por eso creemos que sigue siendo necesario empeñar la nuestra en defender y seguir promoviendo formación católica, que nos lleva a caer de rodillas ante el Señor, Rey Sacramentado.
¿Cómo de ahí surgen los Encuentros de Formación Católica?
Comenzamos a organizar los Encuentros en 1998, el 1er año del Trienio de preparación para el Jubileo, que había convocado S. Juan Pablo II. veíamos la necesidad de cubrir espacios por medio de encuentros prolongados donde se pudieran profundizar temáticas que robustecieran el pensamiento católico contra las ideologías liberal-marxistas que tanto daño han hecho a nuestra patria, alejándola de su raíz hispano-católica. Así, cada año hemos elegido grandes temas, como ejes en torno a los cuales se pudieran profundizar diversos aspectos de la vida del católico hoy. Algunos temas fueron “Psicología y espiritualidad católica”; “El liberalismo es pecado”; “Los Últimos tiempos”; La familia, estandarte y trinchera”; “Educación para tiempos difíciles”; “Las leyes del Desorden”; “La tiranía del NOM”, “La política del bien común”; “Verdad, belleza e ideología”, “Fe y Patria”; “Modernismo y Teología de la Liberación”, “Nuestra Señora y la Iglesia”, etc. Comenzamos, pues, en el “Año del Espíritu Santo”, y a Él nos encomendamos cada año, por medio de su Esposa, Nuestra Señora.
¿Qué representa para usted el llegar a la XXV edición y qué balance general hace del fruto de los mismos?
Representa ante todo el triunfo de copiosas gracias que Dios nos ha concedido, y que no dejamos de agradecer. Nuestro balance es fundamentalmente ser conscientes de la importancia de los panes y peces que cada uno puede y debe aportar para “dar de comer a la multitud de hambrientos”. Hay que convencerse de la eficacia de la siembra, y ser conscientes de que de una sola semilla brotan miles de frutos, porque el poder multiplicador es ante todo, de la gracia.
Hoy se confía excesivamente en la técnica, en las redes sociales, por ejemplo, y no negamos que haya que saber utilizarlas como medios aptos para trabajar por el Reino, desde ya, pero no hay que perder de vista que la Iglesia comenzó con doce hombres que no contaban con este tipo de medios, y la fe se propagó. Personalmente, sin despreciar los beneficios de la tecnología preferimos poner más el acento en el compromiso de cada uno, en las voluntades concretas, y sobre todo en el poder de la oración. Nuestra experiencia la sintetizamos en sacrificio, perseverancia y súplica confiada. Ha habido años en que vacilamos ante la vista de algunos obstáculos y escasez de medios, y providencialmente “aparecieron” los medios y estímulos necesarios para seguir adelante. Estamos convencidos de que cuando Dios quiere una obra Suya, Él mismo va allanando los caminos y no se puede entonces quitar la mano del arado.
Por eso nuestro balance es pura gratitud. Algunos frutos de conversiones, vocaciones, rectificaciones de rumbos, y sobre todo vínculos muy fecundos entre los participantes, Dios nos ha permitido verlos; otros, seguramente los veremos en el Cielo.
¿Qué nuevas iniciativas se han ido gestando a raíz de estos Encuentros?
Una de las más gratificantes ha sido sin duda una gran cantidad de ediciones de autores reconocidos del pensamiento católico, y otros noveles, con los sellos editoriales que llevamos adelante familiarmente junto a mi cuñado -Editorial Santiago Apóstol, Ed. Del Alcázar y Bella Vista Ediciones-; también la organización de ciclos o conferencias en otros sitios, y también virtuales, -sobre todo a partir del confinamiento forzado del 2020-. Se ha multiplicado asimismo la formación de nuevas asociaciones y congresos dentro o fuera del país. Fue el caso, por ejemplo, de los Encuentros de Formación Católica de Ecuador, realizados en Quito y en Guayaquil a cargo de Carlos Reyes, de los Peregrinos de San Miguel Arcángel, con quien tuvimos la dicha de poder colaborar.
¿Cómo han fomentado el sentido de comunidad?
Creemos que el sentido comunitario es uno de los principales objetivos y fruto de estos años. El término “Encuentro” apunta precisamente a este aspecto: no se trata sólo de conocer la doctrina (que por supuesto, consideramos que es lo principal, pues Nuestro Señor nos llama fundamentalmente a proclamar una fe, un mensaje, una doctrina), sino también de promover “redes”, tomar más conciencia de la eficacia de la Comunión de los santos, sostenernos mutuamente en medio de unos tiempos tempestuosos en que la gran tentación es bajar los brazos por creer que se batalla en soledad.
Lamentablemente en la Iglesia “aggiornada”, ha ido quedando relegada en una suerte de orfandad una gran cantidad de almas que no quisieron ni pudieron plegarse a la tan mentada renovación que se ensayó al margen de la Tradición. Hemos conocido a más de un católico despreciado como leprosos por amigos, familia y hasta por sus pastores, que se fueron quedando sin espacio para vivir serenamente su fe, porque no aceptaban innovaciones de la Misa concebida como un espectáculo, o porque no comparten lugares y diversiones “de moda” para sus hijos, o no se pliegan a “los amores de Leticia”, y no celebran el amancebamiento de algunos familiares. Fueron convirtiéndose en parias en su propia Iglesia (¿inclusiva?), y sufriendo una soledad difícil de sobrellevar. Para muchos de estos fieles, en algunos casos familias enteras, se necesitaba un “espacio pastoral” y oportunidades como los Encuentros del Círculo S.Bernardo han sido un bálsamo necesario, de renovado fortalecimiento de su fe. Así se han formado asociaciones, amistades, matrimonios, plataformas educativas, y muchos consagrados también han sido reconfortados e incorporados a nuevas iniciativas con fieles que reconocen su paternidad espiritual, soslayada en sus medios habituales.
Destaco asimismo que la liturgia es indispensable en una concepción genuinamente católica de lo comunitario, porque ella es la fuente y la vida más íntima de la Iglesia, en la celebración diaria de la Santa Misa -con al menos una en la forma Tradicional-,y el rezo común de Laudes. En más de una oportunidad hemos tenido también la gracia de participar de las liturgias orientales siria, armenia y maronita, tesoro escondido para muchos defensores de la Tradición.
Finalmente, la Peña folklórica con la presencia de destacados artistas argentinos (“Los Colorados” y Alejandro López), y el tradicional asado de camaradería que este año retomamos luego de varios años, responde a una dimensión más “eutrapélica”, pero también necesaria para compartir impresiones y profundizar vínculos que regará la Providencia al calor del común interés por la Verdad.
¿Qué supone que esta edición vigésimo quinta coincida con el centenario de la Encíclica Quas Primas?
Siempre tenemos en cuenta los grandes aniversarios, que nos llaman a hacer memoria y a cierto “examen de conciencia” eclesial, como lo fue el Centenario de la Pascendi hace unos años, a la vista de los estragos que ha producido el modernismo. La Quas Primas hoy tiene una actualidad incuestionable, porque probablemente nunca como ahora se ha buscado “destronar” a Cristo con tantos artilugios, y ya descaradamente, no sólo en medio de la sociedad, sino incluso desde el mismo seno de la Iglesia. Tal como señala el p. Meinvielle:
“El buscad primero el reino de Dios", no es una palabra vacía del Señor. Dios no dice, como decimos nosotros, palabras vacías. Es una ley para los pueblos. Es una ley de la Historia. Es una solución también para los pueblos y para la Historia que, cuando por infidelidad han caído en los abismos de la degradación, encuentran su remedio en la Palabra del Señor. Logos quiere decir Palabra. Y el mundo hoy, sobre todo el mundo que fue cristiano y ya no lo es, necesita el soplo del Logos, de la Palabra, que lo levante y le dé nueva vida.” (El comunismo en la revolución anticristiana, Ediciones Theoría, Bs. As., p.12)
Y el destronamiento de Cristo comienza significativamente por la confusión de ciertos términos, por su bastardeo, por obra del Padre de la Mentira.
El sincretismo al que hemos asistido desde el documento de Abu Dhabi sobre la fraternidad humana, la escandalosa reivindicación de Lutero, o las reverencias apóstatas ante la pachamama (mientras algunos se rasgan las vestiduras por los presuntos equívocos que provocaría nada menos que el nombre de Corredentora), no son un mal sueño del pasado, sino que siguen envenenando a las almas como la humedad que va pudriendo los cimientos de una casa, y una palabrita aquí y otra allá, cada vez con más acento masónico, nos revelan que una aplastante cantidad de sedicentes católicos es más proclive a recibir con regocijo al Anticristo, que a Cristo Rey del Universo, o a ponerle a Éste, sus condiciones.
Por lo tanto el tema no podía ser otro que el Reinado Social de Cristo…
Desde ya. Porque además, el católico no puede vivir al margen de la historia de la Iglesia, de sus jubileos, y de su Tradición.
¿Desde qué matices se va a abordar este apasionante tema?
Siempre procuramos que cada eje temático se pueda tratar desde diferentes perspectivas o disciplinas. Este año, por ejemplo, tendremos como invitado especial al p. Luis Montes ive, misionero en Medio Oriente, porque la persecución y el martirio de tantos hermanos bajo el azote del Islam o de la Sinagoga de Satanás, son el “trono” donde se pone mejor de manifiesto lo que señalábamos más arriba. La cantidad de mártires de hoy, que supera con creces los primeros siglos de la era cristiana, es evidencia de la cristofobia que es cáncer de toda la sociedad: las llagas visibles (aunque muchos tratan de soslayarlas) están en Medio Oriente y en África, pero el cuerpo todo de Occidente está repleto de “metástasis”, que deben ser claramente diagnosticadas para su cura.
Por eso una de las conferencias se refiere a la elección fundamental que todos debemos hacer con honestidad; no hay más que dos banderas, el reinado de Cristo o de Satanás.
Nos parece importante reflexionar también sobre el aspecto psicológico y pedagógico de este tiempo nuestro. Estamos hechos para Dios, a Quien debemos llegar a través de la realidad, pero el padre de la mentira pretende desviar los corazones hacia lo aparente y falaz: la ideología seduce y pierde, y una de las mayores trampas para esto es la omnipresencia de la inteligencia artificial, que nos sumerge en una no-realidad.
No falta tampoco una necesaria reflexión teológica a la luz de Santo Tomás y la tradición, y una exposición de la realidad política argentina, amenazada en su identidad católica, como otras naciones.
¿Qué nos puede decir de los ponentes de este año, todos ellos de gran relieve?
Sobre algunos de ellos, sólo nos cabe deuda y gratitud: Monseñor Schneider, Antonio y Mario Caponnetto; no sólo autoridades eminentes en materia de doctrina, sino que ejercen una verdadera paternidad espiritual para nosotros como referencia. Por otra parte, el valor testimonial de figuras como el p. Montes, el juez Alfredo López o el ex Myr. Hugo Abete, el p. Justo Lofeudo, demuestran que el reinado de Cristo no es una declamación teórica sino una patente realidad pasible de ser vivida. Destacamos asimismo la solidez doctrinal del joven sacerdote p. Cristian Ferraro -uno de los más solventes y profundos críticos del pensamiento de Rahner- y del Dr. Jordán Abud, psicólogo y escritor católico brillante, con una prolífica obra educativa en nuestro país. Finalmente, la presencia de Javier Gutiérrez, con quien compartimos otros proyectos, representa la esperanza de contar con jóvenes fieles a Cristo Rey, capaces de un pensamiento vigoroso y lenguaje clarísimo, en la huella de los grandes maestros que saben aunar profundidad y sencillez.
¿Por qué merece la pena participar en las jornadas y apoyar los Encuentros que organiza el Círculo de formación San Bernardo de Claraval?
Porque el bien debe difundirse, y sin duda es un bien lo que contribuye a disipar la confusión y aportar luz, para vivir serenamente la caridad en la verdad. Esperamos encontrarnos en menos de una semana, y que esos días sean realmente una siembra prolongada, para que Cristo reine en nuestros corazones y en la sociedad. Contamos mucho también con las oraciones de quienes no puedan estar físicamente presentes. Y desde ya, Javier, le agradezco profundamente esta entrevista.
Por Javier Navascués
Todavía no hay comentarios
Dejar un comentario
