Conversamos con Javier Gato sobre su libro de poesías Conversión de la estatua de sal

Javier Gato es el seudónimo que hasta hoy empleó Javier Manzano Franco (Sevilla, 1987), licenciado en Filología Hispánica y máster en Estudios Hispánicos Superiores por la Universidad de Sevilla. Ha publicado los poemarios Diario de un gato nocturno (Cangrejo Pistolero, 2009), 72 demonios (Cangrejo Pistolero, 2012), Lycisca (Isla de Siltolá, 2016) y Flechas contra el fuego (Huerga y Fierro, 2016) y ha realizado la edición crítica de Delirium tremens (Cangrejo Pistolero, 2014), poemario del olvidado bohemio finisecular Pedro Barrantes.De 2008 a 2010 fue maestro de ceremonias de Perfopoesía, Festival de Poesía de Sevilla, y también colaboró en su organización. Conversión de la estatua de sal (2023) es su quinto libro.

Lo primero que llama la atención en su libro es el título: Conversión de la estatua de sal, que nos lleva a un pasaje del Génesis. Las Sagradas Escrituras están muy presentes en todo el poemario, ¿pero ese título va más allá de una apuesta estética? ¿Hay algún tipo de riesgo hoy en día en mirar hacia atrás?

El título hace referencia a mi conversión en 2019 que, con la ayuda de Dios, espero que sea la definitiva. Me identifico con la mujer de Lot porque ya hubo una primera conversión en 2011 pero, como ella, miré hacia atrás en 2013. No obstante, no todas las veces que he mirado atrás he salido perjudicado; de hecho, el mirar hacia la misa tradicional me ha salvado y me ha ayudado a estar en el presente y prepararme para el futuro.

Si Rimbaud dijo aquello de “Je est un autre” usted concluye uno de sus poemas con un rotundo “Yo Soy Yo”. ¿Qué hay de usted (y qué no hay) en Conversión de la estatua de sal?

Estoy yo entero, como en todos los demás libros. Aunque no escribo poesía confesional, detrás de todos mis poemarios está siempre mi propia vida, mis tribulaciones, mis preocupaciones y, por primera vez en este libro, también mi alegría y mi esperanza. Hay poetas que escriben, asépticamente, todo un libro de poesía sobre un tema concreto que les emocionalmente ajeno, sobre el que incluso investigan como el que está escribiendo una tesis. A mí ni me interesa eso ni creo que ese procedimiento tenga que ver con la lírica.

¿Cuál es la génesis de este libro?

Conversión de la estatua de sal es el ensamblaje de dos proyectos que en principio fueron muy diferentes. La primera sección, “Un arco en la niebla”, está compuesta por poemas que se escribieron en 2014 a la vez que los del libro Flechas contra el fuego y que iban a formar parte de un poemario que al final no fue. En 2016 decidí dejar la escritura, pero en torno a 2020 volví a escribir poemas por simple placer sobre las cosas nuevas que estaban pasando en mi vida y por mi cabeza. No tenía pensado hacer un libro como en ocasiones interiores porque estaba seguro de que nadie me publicaría después de tanto tiempo desaparecido, pero luego me dije: ¿por qué no? Y entonces reparé en que los poemas de 2014 no tenían por qué desecharse porque son el prefacio perfecto, el punto de partida desde el cual trazar el camino de conversión que sigue el libro.

Efectivamente, el sentido de lo sagrado de algunos poemas de la primera sección difiere del de los del resto del libro

Los poemas de “Un arco en la niebla” describen fiestas populares españolas desde el punto de vista de la antropología de lo sagrado, concretamente el Tratado de historia de las religiones de Mircea Eliade y, no vamos a negarlo, La rama dorada de Frazer. Las fiestas son interpretadas desde un pensamiento mítico, incluso las cristianas, dando lugar a atmósferas de cierta coloración sincrética. Así, el poema “Madrugada” describe el paso del Cristo de las Tres Caídas de la Hermandad de la Esperanza de Triana de Sevilla (del que soy muy devoto) con metáforas astronómicas como el lucero del alba, el Sol o la constelación de Orión. En el poema “Paloma”, la romería del Rocío se funde con la fertilidad de la tierra y de los animales. Estos poemas son necesarios para ver qué hubo antes de la conversión, para crear una estructura en la que se pase del paganismo al catolicismo. Por otro lado, también hay en esta sección poemas inequívocamente católicos, como “Amor”, en que se describe el Corpus de Toledo.

En la tercera sección, la más extensa y dedicada a su conversión propiamente dicha, aparecen en ocasiones poemas cuya temática parece romper la coherencia estructural del libro

Es cierto que en “Vida Nueva” hay tres poemas (“Caída”, “Goetia” y “Palatino”) que recuerdan a la temática de mi segundo y tercer libros, así como dos poemas escritos mediante la técnica del automatismo psíquico, que parecen no casar con el tema central de la sección. Sin embargo, todo tiene un sentido: estas irrupciones, incluso disrupciones podríamos decir, representan los baches que hay en todo proceso de conversión, el deseo de mirar atrás como la mujer de Lot, la voluntad alterada y no controlada por el intelecto.

¿Cuáles son sus referentes actuales? Observando las citas y algunos guiños de intertextualidad se le pueden adivinar lecturas muy alejadas de las corrientes literarias que apuestan hoy en día por no hacer trabajar mucho a un lector acostumbrado al prosaísmo ramplón

Escribí este libro bajo la influencia de los surrealistas hispánicos (Hinojosa, Aleixandre, Alberti, Lorca, Prados, Neruda, Paz, Cirlot, Andreu), de los creacionistas (Huidobro, Larrea, Diego), en menor medida de Girondo y de José Luis Rey, que de los poetas actuales es al que más leí para inspirarme. Desde que en 2.º de Filología conocí a Góngora le declaré la guerra al realismo, aunque algún poema hay en este libro, como el “Tránsito de Teresita Castillo” o “Vida y hechos de Francesco Pio”, que juegan con la narratividad de la noticia aunque sin llegar al prosaísmo.

El irracionalismo de su poesía, a veces visionaria, ¿no le lleva a parecer demasiado hermético, a que eso le reste número de lectores?

Obviamente, pero nunca me ha preocupado que no me lea casi nadie. No soy un político ni un empresario que tiene que ganar dinero vendiendo un producto, yo esto lo he hecho siempre porque me gusta. Tampoco es tan grave que la gente no entienda lo poco que tengo yo que decir, más grave era cuando Jesús hablaba en parábolas y la gente no entendía (Mt. 13, 10-17).

¿Se consideraría un poeta barroco o barroquizante, aun sabiendo toda la carga peyorativa que se le pretende dar injustamente a ese término?

No me molesta que me llamen neobarroco, una vez me lo llamaron. No sabía que se consideraba algo peyorativo; si es así qué pena, hay que tener una carencia total de sensibilidad para denostar al movimiento artístico más sublime que se ha dado en toda la historia universal de la humanidad como es el Barroco.

Pudiera parecer, por el contenido de la tercera sección, que su conversión no ha sido solamente religiosa sino también política

Mi conversión religiosa definitiva se produjo en 2019, pero la conversión política se produjo bastante antes y fue progresiva. Creo recordar que empezó en 2015, cuando se produjeron los atentados contra la revista Charlie Hebdo. Conmocionado ante la masacre, publiqué en mi Facebook una llamada a manifestarse en todos los consulados y embajadas de Francia en contra de una cultura bárbara que quería reducir a cenizas los valores de nuestra civilización. Cuál no sería mi sorpresa cuando empecé a leer a escritores supuestamente libertarios y progresistas que en sus perfiles disculpaban, justificaban y hasta defendían a los islamistas. Otras señales se fueron sucediendo, como cuando el verano siguiente una turba de escritoras saltó a defender el burkini como símbolo de libertad, progreso y feminismo: las alarmas se me encendieron. Por no hablar de otros detalles anecdóticos pero muy significativos como que algún que otro intelectual me afeó el hecho de que subiera a Facebook vídeos de Lola Flores que me parecían divertidos o que tuviera a Carmen Ordóñez como referente pop, supongo que porque constituían iconos de lo español insoportables para ellos, o que siempre hubiese defendido la cultura hispana. Lo cierto es que hubo un momento, entre el 2017 y el 2018, en que defenestré a todos los escritores de mi perfil de Facebook porque no tenía nada que ver con ellos.

En su poemario se observan afinidades extrañas. En la sección “Vida nueva” alterna un simbolismo religioso muy visionario con referencias a Glovo, Instagram o Bill Gates. Eso crea extrañamientos muy interesantes, pero ese afán por indagar en el lenguaje alejándose de las imágenes tradicionales no hace mermar en sus poemas una considerable carga espiritual. Teniendo en la cabeza el clásico de Mircea Eliade, ¿casan bien lo sagrado y lo profano en un poemario?

Conversión de la estatua de sal es un libro en el que no se abordan temas estrictamente devocionales o teológicos, sino también sociales y políticos contemplados desde una óptica religiosa. Lo profano ha de ser interpretado desde lo sagrado (Lc. 12, 54-56) desde el momento en que como católicos tenemos el deber de luchar por el reinado social de Jesucristo.

¿Por qué acaba el libro con una sección subtitulada “Profecías”?

La cuarta y última sección del libro se titula “El Oso y la Doncella” y, efectivamente, se subtitula “Profecías”. Los poemas de esta sección tratan sobre algunas revelaciones que Nuestra Señora dio en Garabandal y a la Venerable Lucía dos Santos concernientes a Rusia, sobre ciertas declaraciones del padre Malachi Martin acerca de fragmentos no revelados del tercer secreto de Fátima y sobre diversas apariciones marianas acaecidas en Rusia y Ucrania a lo largo del siglo XX. Joel nos dice cómo después de la conversión (Jl 2, 12-14) el Espíritu Santo se derramará sobre nosotros y recibiremos el don de la profecía (Jl 2, 28-29), profecía con la que convertir a los demás (Mt. 28, 19-20). Con esta sección se culmina la estructura del libro, un camino con cuatro estaciones: paganismo, dolor de los pecados, conversión y evangelización. Si en la tercera sección la voz lírica se mira a sí misma y a su entorno más inmediato, en la cuarta sección se vuelca hacia el mundo entero y hacia el futuro.

¿Por qué abogar por la tradición desde una estética propia de la modernidad?

Decir que el simbolismo es una estética de la modernidad es una verdad relativa. En los Evangelios, Nuestro Señor utiliza metáforas constantemente: la vid, los sarmientos, el trigo, la cizaña, la casa sobre piedra o sobre arena, el pan, la serpiente, los lirios, los pájaros, la sal, la lámpara… Otro libro bíblico indudablemente simbolista es el Apocalipsis de San Juan, y ni que decir tiene el Cantar de los Cantares que inspiró el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, primer poeta simbolista español tres siglos antes que Bécquer. ¿Y no hay simbolismo también en Las moradas de Santa Teresa de Jesús, en el Criticón de Gracián y en toda la literatura barroca influida por la emblemática renacentista? En realidad, la tradición siempre fue moderna.

¿Cómo cree haber evolucionado literariamente respecto a sus últimas entregas poéticas? Por lo que tengo entendido está experimentando formalmente en sus últimos poemas, aunque eso siempre suponga un riesgo. ¿Se puede a estas alturas aún ser original? ¿Queda algo aún por decir de una u otra manera que no esté ya dicho?

Más que experimentar formalmente, estoy ensayando con técnicas formales que ya se inventaron el siglo pasado. Pienso que, hoy por hoy, después de las vanguardias de los años 20 y 30 y de las neovaguardias de los 60, es prácticamente imposible ser original y que “lo moderno” se ha vuelto tradición, un poco a la manera de los poetas posbarrocos de la primera mitad del siglo XVIII que seguían insistiendo en las innovaciones de la poesía gongorina y quevedesca de 1610-1620 y que, un siglo después, ya no eran tales. Lo cual no desmerece en absoluto la poesía que se hace hoy día: yo defiendo que se siga la tradición, ya sea la de Garcilaso o la de Marinetti.

¿Qué supone la aparición de un libro como este en medio de una sociedad mayoritariamente descreída?

Individualmente poco puedo aportar al panorama literario porque soy un escritor muy menor por no decir marginado, pero animo a otros poetas, tanto creyentes como aquellos que son “católicos culturales” como se les llama ahora, a que se hagan visibles dentro del mundo de la Ceja. No solo por librar una batalla cultural. También porque es transgresor, es pro-vocador, y eso es estimulante. Ser “de izquierda” en 2023, por si alguien aún no lo sabía, no provoca a nadie; más bien es de básico, ser un tonto útil domesticado por las élites plutocráticas globalistas invariablemente anglosajonas. Ser punk en 2023 es ir a misa en latín y luchar por la Monarquía Tradicional.

¿Qué otros poetas actuales abordan el tema religioso o místico? ¿Tiene relación con ellos?

El primero que conocí fue a Fray Antonio Praena, aunque hace once años que no hablamos. Más recientemente he conocido a Daniel Cotta (también dramaturgo y autor de Effetá, el primer auto sacramental del siglo XXI) a Jesús Cotta, a Carmelo Guillén Acosta y a Lutgardo García. También Ángela Segovia, desde una espiritualidad muy personal, escribió en 2021 el poemario místico Mi paese salvaje. Otros poetas hay que escriben lírica religiosa y hasta en mi misma ciudad, pero soy yo tan poquísima cosa ante gente tan letrada que antes de que me diese tiempo de presentarme me dieron con la puerta en las narices. Yo doy muchas gracias al Señor por permitirme sentir una ínfima parte de los terribles desprecios que Él sufrió.

¿Se ha presentado alguna vez a un concurso literario?

Nunca me he presentado a un concurso literario porque no tengo parientes ni amigos en los jurados de esos concursos, condición indispensable para ganar un premio de poesía al menos de cierto relieve.

Por Javier Navascués

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