El P. Santiago Cantera reflexiona sobre su libro La crisis de Occidente: Orígenes, actualidad y futuro

Entrevista al Prior del Valle de los Caídos

El P. Santiago Cantera Montenegro (Madrid, 1972) es monje benedictino y sacerdote en la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos, de la que actualmente es prior administrador. Es Doctor en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y fue profesor de Historia en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid. Ha participado en diversos proyectos de investigación y labores docentes. Tiene 20 libros publicados en España y en el extranjero sobre Historia de la Iglesia, de la vida monástica y de España, y sobre Teología y pensamiento. Entre ellos resaltan su tesis doctoral “Los cartujos en la religiosidad y la sociedad españolas (1390-1563)” y varios que ya han conocido dos y tres ediciones como “La crisis de Occidente” (Madrid, 2008, 2011 y 2021), “Hispania-Spania. El nacimiento de España” (Madrid, 2014, 2016 y 2021) o “Ángeles y demonios. Criaturas espirituales” (Madrid, 2015 y 2017).

¿Por qué un libro sobre la crisis de Occidente?

Después de los años de estudios de la licenciatura y el doctorado de Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid, durante dos años y medio impartí como profesor en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid una asignatura de “Historia de las Civilizaciones”. Esto me hizo adentrarme más en las características fundamentales que definen una cultura y una civilización, sobre todo al ahondar en las reflexiones de algunos pensadores como Christopher Dawson, y ello me permitió percibir con mayor claridad por qué el Occidente se encuentra en una fase de descomposición interna al haber ido renegando de los principios que lo sustentaban.

Más adelante, como monje benedictino, al profundizar en la visión trascendente de la Historia (en la que ya me venía afianzando desde la lectura de La Ciudad de Dios de San Agustín a los 18 años y posteriormente con la del Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo comparados en sus principios fundamentales de Juan Donoso Cortés), y ahora con una mayor intensidad en la oración y nuevas lecturas, pude ir conociendo mejor las raíces del Occidente, el papel de los monjes en su configuración y los motivos de la crisis que amenaza con su hundimiento absoluto como civilización. Oswald Spengler escribió en su día un famoso ensayo titulado La decadencia de Occidente, pero mi ensayo se distancia por completo de su visión, propia de un biologismo histórico determinista que conlleva un notable pesimismo. Me puedo encontrar mucho más cerca de Arnold J. Toynbee que de Spengler, pero mi referente fundamental del siglo XX en el campo de la Historia y Filosofía de la Cultura y de la Civilización es Dawson.

¿Es 100% evidente que hay una crisis o no lo es para todos?

Para mí y para muchos resulta evidente al 100%, pero no para todos, y además no todos lo quieren ver ni desean afirmarlo aunque lo vean con cierta nitidez. El desarrollo material y tecnológico, la sociedad del bienestar y del ocio, el predominio de lo superfluo y lo provisional, etc., con frecuencia causan una ceguera moral que impide percibir el auténtico trasfondo de la situación en la que uno mismo y la sociedad en su conjunto realmente viven y se mueven. Esto ha sucedido en las crisis más hondas de todas las civilizaciones cuando han alcanzado un grado muy elevado de desarrollo y de comodidad. Las visiones buenistas, hoy muy en boga incluso dentro de los ámbitos católicos, sólo permiten una actitud de absoluta ingenuidad que trata de ocultar la realidad y de suscitar un autoconvencimiento de que las cosas no van tan mal como otros las pintan. Incluso sorprende observar que un golpe tan severo a este tipo de sociedad como ha supuesto todo el fenómeno del covid, no ha dado origen a una reflexión profunda acerca de la debilidad de los principios que hoy sustentan tal modelo cultural y social y que son precisamente los opuestos a los que verdaderamente crearon nuestra civilización.

¿Por qué antes de abordar propiamente la crisis comienza apuntalando los cimientos sobre el ser y la identidad de Europa?

Una crisis de civilización se produce cuando los fundamentos sobre los que ésta se sustentaba comienzan a tambalearse y a ser demolidos consciente o inconscientemente desde el propio interior de la misma, a lo cual se suma la labor de zapa de agentes externos cuya capacidad de acción desestabilizadora aumenta ante la debilidad interna. Europa se construyó sobre la herencia clásica de Grecia y Roma, sobre el aporte de los pueblos germánicos y eslavos y de algunos otros (magiares, etc.) y, fundamentalmente, sobre el aliento vital que insufló el cristianismo a todo este conjunto cultural y social. Y los principales valores y fundamentos que, a partir de todos estos elementos configuradores, han sustentado el mensaje de la Cristiandad europea al mundo, creo que se pueden sintetizar en el puesto central de Dios Creador y Redentor, la visión trascendente de la realidad, el valor del hombre y el origen y la composición natural de la sociedad.

Las raíces son evidentemente católicas. ¿Por qué compara la fe del viejo continente con la estructura de una catedral?

Son raíces en gran medida de Ley Natural, a las que la fe cristiana ha dotado de pleno sentido y trascendencia. La Cristiandad medieval, identificada básicamente con el mundo europeo (Europa vel Christianitas), tuvo una de sus más elocuentes manifestaciones artísticas en las catedrales románicas y góticas. De ahí que me haya servido de sus más destacados elementos constructivos y decorativos para ofrecer una imagen didáctica que nos permita acercarnos al conocimiento de esta civilización. Una catedral medieval se asienta sobre unos cimientos y se alza hasta unos arcos y bóvedas que le dan plenitud y elevación hacia el cielo, a la par que transmite un mensaje teológico a modo de catequesis a través de los capiteles de las columnas y de los tímpanos en las portadas.

¿Por qué escandaliza hoy en día esa visión teocéntrica de la realidad en donde Dios ocupa el centro y el valor del hombre está en relación a Dios?

Dios es el Creador del hombre y de todo; el hombre se apartó de Dios por el mal uso de su capacidad para el libre albedrío, cayendo en el pecado; pero el amor infinito de Dios al hombre se manifestó enviando a su Hijo Unigénito como Redentor y Salvador, quien dio su mayor muestra de amor muriendo en la Cruz por nosotros y nos obtuvo la filiación divina como hijos adoptivos de Dios en el Calvario y por su Resurrección y Ascensión a los Cielos y mediante el envío del Espíritu Santo. De ahí que la comprensión de la realidad profunda e íntima del hombre sólo pueda alcanzarse desde el conocimiento de quien lo ha creado y redimido y encuentre su plenitud en el Verbo encarnado, en el Dios humanado. En Él, en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, descubrimos el modelo del Hombre perfecto.

Pero el ser humano sucumbe fácilmente a la tentación diabólica de querer construirse a sí mismo al margen de su Creador y Redentor, y ésta ha sido la constante tendencia de la Modernidad: la aspiración a un hombre soberano e independiente, configurador absoluto de la realidad exterior, dotado de una moral autónoma que, en sus últimas consecuencias, acabará llevando a la tentación del superhombre, y la fe en alcanzar un paraíso terrenal sin ninguna referencia a Dios; todo esto ha conducido finalmente al fracaso absoluto (dos guerras mundiales, campos de concentración y gulags, hambre en el Tercer Mundo…); pero la tentación prosigue y hoy se expresa en corrientes como la ideología de género y el transhumanismo. Por eso escandaliza una visión teocéntrica que, lejos de negar el valor del hombre, lo dota de su comprensión más plena en el amor infinito de Dios.

¿Cuál es el punto de inflexión donde fue naciendo la modernidad y la visión teocéntrica dio paso a la antropocéntrica?

Es un proceso que dura largo tiempo, aunque es verdad que hay unos hitos y momentos que pueden ser considerados como puntos de inflexión, pero a la vez es cierto que nos podemos encontrar variaciones regionales. Normalmente se mira al siglo XVI como el momento de ese punto de inflexión y sin duda es cuando de manera más evidente y generalizada se produce el cambio o la ruptura, pero yo me inclino a descubrir en el siglo XIV una serie de elementos críticos que conducirán a la transformación posterior: fundamentalmente son el ockhamismo y las teorías de Marsilio de Padua, las herejías de Hus y Wyclif y la acción política del rey Felipe IV el Hermoso de Francia. El pensamiento de Guillermo de Ockham y de Marsilio de Padua apunta a la negación del realismo clásico y cristiano y a la crisis de la Metafísica, así como al triunfo del voluntarismo y a la secularización absoluta del poder político, sin referencia alguna de éste a principios morales de orden superior; Felipe IV de Francia es un ejemplo práctico de esta tendencia a la supremacía del Estado y a una razón de Estado que precede cronológicamente al discurso de Maquiavelo. Asimismo, el pensamiento de Ockham y el de Hus y Wyclif conducen al pesimismo respecto del hombre y al libre examen de la Revelación, tan característicos del protestantismo del siglo XVI.

Decía un pensador tradicional que solo hay algo peor que la modernidad, que es la posmodernidad, sin duda un paso más en la deconstrucción del orden creado por Dios.

En La crisis de Occidente recojo las características que el filósofo tomista Eudaldo Forment ha señalado con respecto a la “modernidad” y a la “posmodernidad”. De la primera son: confianza ilimitada en la razón, conciencia histórica (en cuanto llegada a la madurez de un progresivo proceso universal), utopía del progreso, principio de inmanencia (la concepción del hombre dentro de los límites de la naturaleza y de la sociedad), reivindicación de la libertad, ateísmo (ya al final del proceso de la “modernidad”, llegando a un antiteísmo) y fin de la Metafísica. En cuanto a la “posmodernidad”: irracionalismo (primacía de las apetencias y sentidos sobre la razón), fin de la Historia (no existe la Historia como tal, sino que simplemente debe vivirse el presente como un acto inmediato en su totalidad), politeísmo de valores (el único valor es el ser nuevo y hay un progreso sin finalidad definida, de lo que se sigue un modelo de heteromorfismo, disenso, localismo e inestabilidad, que implica la legitimación de un pluralismo de valores), primacía de lo estético (consumación del nihilismo, del sinsentido absoluto de la realidad, de la carencia de validez de los valores supremos, y por eso la preocupación central ya no es el hombre, sino la estética, orientada a lo difuso y la ruptura con la belleza), fin de la libertad (la única libertad posible es la de la disgregación, de la diferenciación y de la desaparición), indiferentismo religioso y posmetafísica (y se arriba así al “pensamiento débil”, el único posible en esta era posmetafísica). Por eso dice Forment que estos siete rasgos de la posmodernidad representan una pérdida de confianza en la razón, en la realidad, en el hombre y en Dios, y muestran que en el fondo de la posmodernidad se encuentra una posición de inseguridad. No obstante, podemos decir que la posmodernidad no deja de ser un punto de llegada lógico de la modernidad en su propio fracaso; quiero decir, que el fracaso de la modernidad conduce al absurdo de la posmodernidad como su fruto más acabado.

¿Cuáles son los verdaderos motivos para la esperanza de la restauración católica en Europa?

Ante todo, es una esperanza sobrenatural. La esperanza es una de las tres virtudes teologales, que nacen de Dios y miran hacia Dios y hacia la promesa de la vida eterna junto a Él. Pero, precisamente por eso, nos confiere también esperanza en la vida presente y para sobrellevar las dificultades de la tierra y aspirar a construir un futuro mejor. Reconozco que hoy, cuando ha salido la tercera edición de mi ensayo y se está preparando la italiana, me cuesta más descubrir una serie de signos de esperanza que cuando salieron sus dos ediciones anteriores, en 2008 y 2011. Sin embargo, que me cueste más ver esos signos visibles de esperanza, no quiere decir que la esperanza sucumba y desaparezca: un historiador creyente siempre debe confiar en que Dios es el Señor de la Historia y Él actúa de manera amorosamente providente en favor de sus hijos, sin abandonarlos jamás. Tal vez, entre los signos de esperanza que cabe observar, se descubre un interés creciente por conocer y aplicar el mensaje de San Benito en medio de una sociedad nuevamente en crisis; libros como los de John Senior (La muerte de la cultura cristiana y La restauración de la cultura cristiana) y Rod Dreher (La opción benedictina), con los adecuados matices que se puedan y se deban hacer en cada caso, han suscitado en fechas muy recientes un redescubrimiento del mensaje de San Benito entre muchos seglares, así como en general de todo el legado fundamental de la herencia clásica y cristiana.

¿En qué medida recuperar los valores de la Hispanidad es clave para restaurar la Cristiandad y el Reinado Social de Cristo?

El eminente medievalista Luis Suárez explica que la Christianitas (Cristiandad) se presentaba bajo la doble dimensión de una comunidad formada por fieles bautizados obedientes a Roma (universitas christiana), atenta a la búsqueda de un bien común (respublica christiana). Entre los siglos XV y XVII se produjo un proceso de cambio y ruptura en la Cristiandad al que antes hemos aludido, pero con precedentes muy notables en el XIV, como también apunté. Los profesores de Derecho iusnaturalistas Francisco Elías de Tejada y Miguel Ayuso han visto así la sucesión de esa Christianitas maior medieval por una Christianitas minor donde sus principios y valores permanecieron en medio de tal quiebra y desde donde se defendieron frente a una Europa en crisis: esta Christianitas minor fue la “Monarquía Católica” de “las Españas”, que asumió la defensa de la Cristiandad en el Viejo Mundo y proyectó su expansión hacia el Nuevo Mundo americano y de otros continentes. Esos valores los encarnó el tipo del caballero cristiano español, cuya imagen resumieron en sus rasgos fundamentales pensadores del siglo XX de la talla de Ramiro de Maeztu y Manuel García Morente. Por eso, recuperar los valores de la Hispanidad significa caminar en la restauración de la Cristiandad y hacia la instauración de un orden social cristiano.

 

Por Javier Navascués

24 comentarios

  
Pedro Amate de Torrejon
" Las puertas del infierno no prevaleceran sobre el remanente fiel de la Iglesia ".
07/06/21 9:41 AM
  
Akathis
Da gusto leer a este hombre de Dios. Habla claro y directo como solo habla el que sabe de verdad. Y por si fuera poco quien ha seguido su biografía sabe que es un hombre de una pieza, coherente y valiente. Dios le conceda muchos años para hacer mucho más bien.
07/06/21 10:57 AM
  
Chimo de Patraix
Pues ese perverso "paraíso en la tierra" es lo que proponen las élites globalistas para el año 2030, con el apoyo incondicional del ciudadano Bergoglio.
07/06/21 11:14 AM
  
rocamador
Hace unos días en ABC un columnista publicaba una Tercera contra la teocracia. Creo que debe distinguirse del teocentrismo, que es irrenunciable para salir de la crisis actual, no necesariamente para regresar a lo anterior.
07/06/21 11:27 AM
  
Cordá Lac
P. Cantera: «La fe en alcanzar un paraíso terrenal sin ninguna referencia a Dios ha conducido finalmente al fracaso absoluto». Pues yo diría que incluso haciendo referencia a Dios, eso lleva «al fracaso absoluto». El paraíso terrenal se perdió y perdido está para siempre; ¡bueno!, hasta el fin del tiempo. Igual en la «Tierra nueva» (Ap 21,1) habrá un paraíso novoterrenal.
07/06/21 11:54 AM
  
Luis
¿SE PUEDE COMPRAR EL LIBRO POR INTERNET, EN EL VALLE?.
07/06/21 1:46 PM
  
José Luis
Sin entender gran cosa, creo que la humanidad lleva en crisis desde los tiempos de adam y Eva. En ninguno de los acontecimientos en los que Dios nos ha dado otra oportunidad, ha habido cambio de rumbo hacia El. A medida que la población es más numerosa, el desorden moral crece el triple, a la vista de los hechos. No hay por qué pensar en que llegará un tiempo mejor, de respeto al Creador. No se recoge en ningún texto. Dicho esto, el desmoronamiento, de algo que tampoco era lo más adecuado , no es tan grave si se mira con profundidad. El mundo es el que es y no hay quien lo cambie mientras exista. Un buen Cristiano, actúa en lo que puede y le pide a Dios, que envíe más obreros para ayudar. Las otras religiones, están para confundirnos más. Si uno mira y busca sus éxitos, no hayara más que ruina.
07/06/21 1:56 PM
  
franciscus
"la sociedad del bienestar y del ocio, el predominio de lo superfluo y lo provisional, etc., con frecuencia causan una ceguera moral que impide percibir el auténtico trasfondo de la situación en la que uno mismo y la sociedad en su conjunto realmente viven y se mueven".
Estoy convencido que estamos en el fin de los tiempos y parte de la incapacidad para verlo es exactamente lo que dice Cantera. La mayoría se imagina el fin, con unos duendes con fuego persiguiendo a los cristianos por las calles. El demonio opera más bien por la vía anestésica.
07/06/21 4:22 PM
  
Mundo Editorial
Estoy de acuerdo con José Luis en que el desorden mundial crece al mismo ritmo que la población. Esto lo estamos viendo ahora con el cambio climático y el agotamiento de los recursos de la Tierra. Como sabrán, la humanidad actual necesitaría de planeta y medio para poder hacer frente a sus necesidades, (que son ficticias, en su mayor parte).

En lo que no estoy de acuerdo es en que las otras religiones están aquí para confundirnos más. En absoluto. Cada religión contiene una parte única de la visión global, que debe ser compartida por todas e, incluso, integrada. No, no me refiero a sincretismos. Cada religión es única y debe mantener su peculiar manera de interpretar y de comunicarse con el Uno. Me refiero a que en cada religión hay una sabiduría única, que pueden ayudar a las demás a profundizar su propia sabiduría. Esto, naturalmente, no es mío, sino que viene avalado por el CV. II.

Saludos.
07/06/21 9:04 PM
  
hornero (Argentina)
Me identifico con lo dicho por el P. Cantera, renglón por renglón.

Seré necesariamente breve.

Si consideramos la cuestión en sus términos absolutos, creo puede expresarse diciendo, que la crisis actual de la Iglesia y de la humanidad consiste en el término histórico del tiempo del "hombre viejo del pecado" y el advenimiento del “hombre nuevo” nacido en Cristo por el Bautismo.

María ha recibido de Cristo la Misión escatológica de poner fin a la acción del demonio y pisar su cabeza, a fin de preparar el camino a la Venida de Su Hijo.

Esta es la esperanza inaudita que alienta a los hijos fieles de María. Poder responder a su llamado a trabajar en su Causa.

“Es todo un mundo que debe ser reconstruido desde sus cimientos”, “se puede y se debe restablecer la armonía primitiva” (Pío XII).
Instaurar “La Civilización del Amor (Pablo VI).
“Cruzando el umbral de la Esperanza” (S. J. P. II).

Tres Papas, una misma esperanza: reedificar el mundo conforme al designio del Creador.

“Lo que se está preparando es algo tan grande, como nunca lo ha sido desde la creación del mundo” (Mensaje de la Virgen al Movimiento Sacerdotal Mariano, 13 de octubre de1990).

El triunfo del Corazón Inmaculado de María en el mundo contiene todo lo esperado. La Aurora de María lo está haciendo efectivo.



08/06/21 1:31 AM
  
Luis Fernando
Mundo Editorial, lo que dices en tu segundo párrafo es una herejía como la copa de un pino que no tiene nada que ver con lo que dice el CVII.

Independientemente de lo que se opine del contenido de Nostra Aetate, eso que dices tú no lo dice ese concilio.
08/06/21 10:05 AM
  
Mundo Editorial
Luis Fernando, lo que dice Nostra Etate lo copié en un blog aquí hace poco. Si quieres lo volveré a copiar.
08/06/21 12:06 PM
  
Ada

"El desarrollo material y tecnológico, la sociedad del bienestar y del ocio, el predominio de lo superfluo y lo provisional, etc.,"

Con este pensamiento, el proyecto que defiende este hombre está abocado al fracaso.

Por ello, no sorprende que en primer titular se hable justamente de "fracaso".

Y superlativo: absoluto.

Aparte, habría que terminar de dilucidar que es "superfluo", "provisional" y accesorio. Un automóvil que sirve para ir más allá del terruño natal, es superfluo? Un ordenador que abre una ventana al mundo, y amplia el confin del automóvil, ¿ es innecesario ?
...

De seguro que el libro que ha escrito no lo ha hecho a la luz de vela y pergamino.

La impresión que me da este posteo es de confusión y desconcierto.
¿ Qué es lo que se pretende ? ¿ dedicarnos todos a la vida contemplativa?

¿ añoranzas? ¿ de las grandes "gestas" de siglos pasados?

Esto último, que tampoco necesariamente hay que hacerle ascos, habrá que ponerlo en correcta perspectiva, y no olvidar las pestes, las hambrunas, las guerras, las matanzas, la miseria, las miserias, y en nuestra España a la legión de picaros, holgazanes y vagabundos. Con estos últimos en categoría formal tipificada por las Cortes de entonces.

Franciscus:

" La mayoría se imagina el fin, con unos duendes con fuego persiguiendo a los cristianos por las calles..."

Imaginaciones, no. Pues es lo que se ha predicado durante años, lustros, decenios y siglos. Que ahora la gente ya no es tan crédula, igual se debería replantear la doctrina.

¿ por qué la gente ya no es tan confiada ? (al menos en estas cuestiones) ¿ Será debido a este denostado "progreso material"?


Aparte, me pregunto, ¿ alguna vez ha estado Occidente en plenitud?

¿ Alguna vez ha estado el mundo, en cualquiera de sus civilizaciones (vamos a decirlo así) en plenitud?
08/06/21 3:39 PM
  
Fernando Soriano
Acabo de comprarlo por Amazon. La versión física por 20,85€ y la "Kindle" por 5,29€.
Sección Libros, y en buscar poner "la crisis de occidente".
08/06/21 5:59 PM
  
hornero (Argentina)
Esta valiosa entrevista de Dn. Javier Navasqués al P. Cantera, y sus luminosas respuestas, constituyen un aporte sustancial a la comprensión de la extrema confusión reinante en l a Iglesia y en la humanidad.

La soledad, silencio, oración y contemplación de San Benito en sus inicios en la gruta de Subiaco, alumbran desde el siglo V el crecimiento de la cristiandad de Occidente. De un Occidente, hoy en grave crisis de su Fe, de apostasía y corrupción; de anarquía y derrumbe de su esplendor humano; no el de su alma cristiana inmortal, que ha de resurgir pujante bajo la Luz de la Aurora de María; Luz que transfigura las viejas construcciones, mérito del “hombre viejo” obrando bajo la gracia, en obras nuevas sobreelevadas por “la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8).

El trigo abundante será recogido; la cizaña, también abundante, será arrancada y destruida.

Pongamos las manos sobre el arado, sin mirar hacia atrás. Entonces, sabremos qué hubo de progreso verdadero, y qué de aparente progreso; por los frutos los conoceremos. Uno, eleva al hombre; el otro lo odia, corrompe y destruye, con los frutos perversos del ateísmo, hedonismo, aborto, droga, terrorismo y armas nucleares.

La tarea es inconmensurable: recuperar para Cristo la Creación, en lo que a nosotros se nos asigne.

Si la tierra requiere mayores espacios, los habrá. Desde los fondos oceánicos pueden elevarse nuevos Continentes; el movimiento de rotación de la Tierra puede mejorar, hasta ofrecer regiones habitables en todas las latitudes. Son pequeños ejemplos de una tarea colosal, que podrá llevar adelante el hombre convertido a Dios, tarea que se proyecta por la eternidad.

Es la gran esperanza de los cristianos, “un Mundo Mejor” (Pío XII); demos un paso al frente, digamos sí a María, y el camino se abrirá.






08/06/21 6:40 PM
  
hornero (Argentina)
De lo dicho por el P. Cantera, podemos afirmar que hay una ruptura del hombre con Dios, pero además, consigo mismo. (modernidad-posmodernidad)

Tales rupturas desdoblan la realidad, fragmentándola hasta pulverizarla en el nihilismo o negación absoluta de su constitución ontológica última.

Bien sabe el enemigo que aquí radica el ejercicio ininterrumpido del acto creador por parte del Verbo o Logos. Que en esta hondura de la realidad los seres creados son participados de los atributos divinos de sabiduría, amor y poder.

El pensamiento moderno-posmoderno navega a la deriva, disuelto en sus elucubraciones estrafalarias. Chesterton diría: “en búsqueda de una puerta que no conduce a ninguna parte”. O, como afirmaba Hello: “el error es una nada compleja” (El Hombre); como se muestra hoy.

El propósito de restablecer la salud en la inteligencia y en la voluntad, deterioradas hasta el delirio, resulta sobrehumano. J. Maritain sostenía: “es menester situarse por arriba de la razón, para defenderla; o, por debajo de ella, para atacarla” (Los Grados del Saber).

La Aurora de la Virgen, el triunfo de su Corazón Inmaculado en el mundo, nos permiten vislumbrar un nuevo Amanecer, por el que el hombre reasuma su señorío de la Creación. Bajo el Estandarte de Cristo, sostenidos y guiados por María, la Cristiandad de Occidente, de Oriente y del Nuevo Mundo, podrá llevar adelante la tarea ciclópea de ”restablecer la armonía primitiva de la Creación” (Pío XII).

Es la respuesta que el cristiano puede dar al desafío lanzado por el príncipe de este mundo, el demonio.

Sobre todo, la Esperanza, como fuego devorador, incendiará la tierra y la hará arder, hasta que Él, Vuelva.



08/06/21 10:28 PM
  
hornero (Argentina)
El ensamble del hombre espiritual con el mundo que lo rodea, le permitirá ejercer la misión de sacerdocio confiada por Cristo a los miembros de su Cuerpo Místico, es decir, a los bautizados.

Este sacerdocio exige asentar sobre un corazón nuevo, tan inmenso, que abarque el conjunto del universo. Porque la caridad es la virtud específica que lo lleva a unirse a todo lo creado con vocación de hermano mayor. Este señorío fraterno lo habilitará para gobernar las cosas según el espíritu de Cristo.

El cosmos recibe constantemente la acción del espíritu de cada hombre, cada uno proyecta su sabiduría de amor hasta las lejanas estrellas, lo sepa o no. León Bloy lo expresó así: “Cuando alguien da de mala manera una moneda a un pobre, esa moneda atraviesa la mano del pobre, atraviesa las estrellas y se proyecta en el espacio infinito”.

La resonancia cósmica de las acciones del hombre explica las consecuencias universales que tuvo la caída original. Para reparar aquel daño, Cristo se inmoló por nosotros en la Cruz. El Tesoro de sus Méritos alcanzados por el océano del Dolor, es el manantial del que disponemos para llevar adelante el ministerio de gloria que Cristo nos ha confiado frente a la Creación.

Debemos conducir las cosas de la tierra y de los espacios siderales a “participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8).

En la medida que lo logremos, el Nuevo Paraíso terrenal será edificado.

La Aurora de María nos ofrece los recursos necesarios para este empeño trascendente.

09/06/21 4:36 PM
  
hornero (Argentina)
Necesitamos un corazón y mente que abarquen la Creación como el ámbito propio del Reino de Dios. En primer lugar, seamos capaces de constituir la gran familia de los hijos de Dios; los miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

La unidad de la gran familia de los hombres en torno a Dios, constituye el fundamento de la unidad del cosmos en todas sus partes. El hombre es el centro gravitatorio ontológico del universo. Cristo restableció lo que la culpa había destruido: “Padre, que todos sean uno, como Vos y Yo somos Uno” (Jn 17, 20-26).

No hay programa de trabajo mayor que éste: evangelizar a toda la humanidad, para alcanzar, así, una creciente unidad. La multitud de naciones, pueblos y culturas, deben aportar a la causa común, el buen trigo que posean.

Ninguna de las partes puede realizar por sí misma, lo que es propio del todo. La magnitud de las labores que nos convocan, así lo exigen.

Para que este trabajo nos sea posible, viene María con su Aurora, enviada por Su Hijo. Es el acontecimiento más inaudito, verificado después de la Encarnación y Redención. Escatológico por naturaleza, nos eleva sobre el curso de la Historia, nos sustrae a la concomitancia de sus aconteceres defectuosos, malos, o abominables, como el anti-cristo. Nos desplazamos por la vía majestuosa, apacible y gloriosa que prepara y se encamina al Encuentro con el Señor, que Viene.

No obstante, estamos insertos aún en el tiempo histórico del “hombre viejo del pecado”, pero, como la honda de luz, oscilamos sinuosamente entre la cresta y el valle. Somos luz que ilumina el tiempo que viene. Introducidos por Cristo en anticipo de la eternidad, ya obramos a favor de aquella.

“Se les abrieron los ojos, y vieron que estaban desnudos” (Gén 3, 7). María nos abre los ojos, para que veamos que nos ha vestido del “hombre nuevo”.





09/06/21 11:06 PM
  
hornero (Argentina)
“Se les abrieron los ojos, y vieron que estaban desnudos” (Gén 3, 7).

En verdad, vieron que estaban ciegos.

Mas, ahora, María ha abierto nuestros ojos; podemos contemplar la presencia de su Aurora, el Amanecer de un Mundo Nuevo. “Ha venido el Día, ¿Y no lo ven? Ha venido la Misericordia ¿Y no la aceptan?” (Mens. de Jesús en San Nicolás).

Miramos las cosas en su relación sacra con el Reino. Miramos las estrellas, y nos preguntamos qué significan aquellas luces que brillan en los espacios siderales. Pensamos en una Astronomía sacra que descubriera en el concierto de los mundos algo más que leyes físicas profanas, que vislumbrara el texto de una liturgia de glorificación a la Santísima Trinidad. “Los cielos pregonan la gloria de Dios; y el firmamento anuncia la obra de tus manos” (Ps 19, 2).

La ciencia moderna, empírico-matemática-atea, debe convertirse a Dios, trascender sus límites que le impiden orientar sus conocimientos hacia la condición sacra de la materia; descubrir en los objetos de sus estudios el logos o verbo que late vivo en todo ser creado, como participación de semejanza con el Verbo Eterno Creador.

Las obras de la inteligencia y voluntad de las generaciones que labraron la Historia, obra de la virtud y genio humanos, deben ser vistas a la luz de la gloria del Mundo Nuevo que amanece. Debemos reorientar nuestra civilización, abandonar el horizonte profano que la sumerge en el precipicio, a fin de que resplandezca como “Civilización del Amor” (Pablo Vi), de “la armonía” (Pío XII) y de “la Esperanza” (S. J. P. II).

Recojamos el maná caído en el desierto del mundo durante la noche que lo oprime (cf. Éx 16), desciende de la Aurora de María.



10/06/21 4:20 PM
  
hornero (Argentina)
La conciencia del lamento de la Historia se inició en el mismo momento de nuestra caída original, ante la tremenda evidencia de la catástrofe acontecida. Digo, nuestra, porque no sólo la hemos contraído moralmente, sino padecido, signando los siglos con desaciertos e infamias, por una parte, y por otra, con obras buenas excelentes, pero que no han bastado para allanar el camino de nuestro infortunio.

Comprender el caos de contradicciones surgidas entre las nobles aspiraciones de la inteligencia y de la voluntad, y la hostil guadaña enemiga, que sembró la cizaña por doquier y se propuso entorpecer y derrumbar lodo esfuerzo constructivo, es necesario para poner fin a la sucesión de contentamientos exagerados, de triunfalismos no consolidados, de obras siempre perecederas, que valía, sí, apuntar en el haber de tiempos futuros, pero expuestas a la constante erosión por el fuego enemigo.

Cuando Sócrates confesaba “no sé nada”, revelaba la sabiduría que lo iluminaba, porque “sabía” mucho más. Hoy, debemos proclamar, con sabiduría semejante: “no hemos hecho nada”, ante lo inconmensurable por hacer.

La miseria de la Historia construida por el “hombre viejo del pecado”, tiene, no obstante, el mérito eminente de haber permitido recorrer el camino trazado hasta la Redención.

Cristo ha devuelto la esperanza, la alegría y el aliento a la humanidad envejecida, hasta despertar en ella la conciencia de tiempos inefables en los que resplandecerá la Creación asumida y sobre-elevada por Cristo.

Consecuencia de esta madurez del hombre cristiano, nos es permitido no detenernos en un pasado de conquistas y naufragios, obras de nuestra ínfima condición de “siervos inútiles” (Lic 17, 10), sino de ser insignificantes fulminantes que detonan la explosión.

Entonces, despertando ante el clamor de los tiempos, estruendo de los siglos que llega entre relámpagos y truenos, nos pongamos de pie y pidamos misericordia por haber dilapidado los bienes recibidos. Sólo entonces, iniciaremos nuestro entrenamiento para el ascenso que nos espera.

Un “pésame universal y solemne”, brotado de la Iglesia, Madre y Maestra tullida, y de la humanidad toda claudicante, podrá fin al tiempo del error y del pecado, preparará el “tiempo de la Inocencia”. Así, tomados de las Manos de María, iluminados por su Aurora, seremos introducidos en los feudos arrebatados al enemigo, e iniciaremos la conquista de la Creación sacra para extender y trazar sobre ella el Nuevo Paraíso Terrenal que nos anuncia la Virgen, que ha de preparar la Venida del Señor.





11/06/21 6:28 PM
  
hornero (Argentina)
La Creación fue sanada de modo absoluto y definitivo por Cristo, que la asumió en Sí (Ef 1, 10). Mas, Él nos confía hacer efectivo lo que nos corresponde como miembros de Su Cuerpo Místico, ministros suyos.

Nuestra responsabilidad ante una tarea que nos excede absolutamente, nos lleva a orar a Cristo, envíe operarios a su Viña, de modo que contemos con Pastores, sacerdotes y fieles en número requerido y con los dones necesarios.

Por nuestra parte, ínfima, pero grata a Dios, estimo sería de desear surjan movimientos cristianos con carismas propios, pero aunados en la tarea común de comprometerse en la obra reclamada por toda la Creación, conforme nos lo dice San Pablo en Romanos 8.

En este sentido, considero providencial la presencia de Infocatólica como medio que convoca a un número creciente de blogueros, articulistas y lectores que aportan sus comentarios. Todos movidos por el fuerte impulso del Espíritu Santo en estos tiempos decisivos.

Invoco de modo especial a San Pablo, Apóstol de los gentiles, imprima en todos su ímpetu evangelizador que hizo suyas todas las cosas, a ejemplo de Cristo; “porque todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (I Cor 3, 22-23).




12/06/21 3:04 AM
  
hornero (Argentina)
La obra que requiere la Iglesia y el mundo para salir de la crisis que los afecta, de algún modo por igual, es de tanta amplitud como la de una y otro. En campos diferentes, con cuestiones específicas, la Iglesia y la humanidad están expuestas a la deriva de la Historia ante el Reino que crece, que pone término a los tiempos del “hombre viejo del pecado”.

Esto es lo que desespera al demonio, “sabe que le queda poco tiempo” (Apoc 12, 12).

“El Reino ejerce violencia, y los violentos se apoderan de él” (Mat 11, 12); “Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idólatras y todos los que aman y practican la mentira” (Apoc 22, 15). El Reino es para los que se juegan por él, no para los tibios.

Para llevar a cabo la tarea colosal que supone restablecer en sus quicios originales la Creación, ya asumida por Cristo, se requiere la manifestación del “hombre nuevo” nacido en Cristo por el Bautismo. Es ésta la Misión que trae María con su Aurora: irradiar la Luz de la Gloria de Cristo que se aproxima al horizonte de la Historia de la Salvación y transfigura a la Iglesia, a los hombres y al universo.

“Cuando se manifieste Cristo, vuestra vida, entonces también os manifestaréis gloriosos con Él” (Col 3, 4).

La Virgen nos llama a trabajar en su Causa (Mensaje en San Nicolás). Es la respuesta decisiva, gozosa y final de Cristo y Su Madre. María es la Respuesta que abre al camino al designio de Su Hijo. Y no hay otra.



14/06/21 5:16 PM
  
hornero (Argentina)
Nuestra Madre nos convoca a “trabajar en su causa” (Mensaje en San Nicolás, 1-12-83).

Para hacerlo, necesitamos "renacer por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el Cielo" (I Pedr 1, 3-4; cita del Mensaje).

Lo cual nos obliga a soportar "las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo” (id. cita).

Cuando alcanzamos a vislumbrar la magnitud de la “causa” de María, nos preparamos en el silencio al duro combate y a la tarea inmensa de evangelizar las naciones, pueblos y culturas, hasta lograr la unidad de la gran familia de los hijos de Dios, para así, afrontar el restablecimiento de la creación en su “armonía primitiva” (Pío XII); instaurar la “Civilización del Amor” (Pablo VI); y “Cruzar el umbral de la Esperanza” (S. J. P. II).

“Se les abrieron los ojos” (Génesis); en verdad, se les abrieron a la ceguera de la oscuridad.

Hoy, debemos cerrar los ojos a la ceguera del mundo, para que María nos los abra a la Luz de su Aurora.



17/06/21 11:36 PM
  
Bartolo Tolo
¿Y si estamos ya en Últimos Tiempos?
¿Renovación espiritual..?, ¿con un Papa naokantiano psicoanalizado..? En fin.
29/07/21 7:37 AM

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