El P. Lofeudo analiza la confusión y delicada situación de la Iglesia

El P. Justo Lofeudo, sacerdote argentino que es gran apóstol de la Eucaristía y fundador de numerosas capillas de adoración perpetua, habla claro de la grandísima confusión y desconcertante situación que se ha dado en la Iglesia en los últimos años.
Se cuenta usted entre los que juzgan que, después de estos doce años, el panorama es desolador y confuso. ¿A qué se debe esa afirmación?
Porque lejos está la Iglesia, hablo de la Iglesia conducida por los hombres, -lejos, digo- de su misión, que dicho en términos muy pero muy simples es llevar almas a Dios, al único Dios verdadero, por medio de Jesucristo, su Hijo y Dios Salvador, y que así puedan ellas alcanzar el destino final, que es el cielo. Para lograrlo, debió la Iglesia cumplir con el mandato dado por su fundador y Señor, de anunciar con firmeza el Evangelio, a tiempo y a destiempo; debió enseñar lo que Cristo enseñó; debió manifestar gran celo de Dios y de todo lo santo; debió centrar la Eucaristía en la vida de la Iglesia y de su misión, debió concentrar su energía en ofrecer y administrar los medios de salvación con que sólo ella cuenta. El culto litúrgico debió ser reflejo del amor a Dios y de la fe de la Iglesia y reverencia a su Divina Majestad. Deberíamos convenir que no fue esta la característica de la acción de la Iglesia en este tiempo. Me refiero siempre a la mayoría y en especial a la mayor parte de la Jerarquía.
