Mónica del Río habla del P. Sanahuja y de Notivida, una de las grandes referencia provida en Argentina

Mónica del Río. Casada y madre de 4 hijos. Computador Científico por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Conferencista y columnista de varios medios gráficos y radiales. Fue miembro fundador y secretaria del Centro de formación “Madero de la Cruz” y conductora del programa radial “Cultura de la Vida”. Presidente del “Movimiento Cívico de Mujeres”, Asociación Civil; Miembro de la Junta Ejecutiva y Delegada por la Capital Federal de la “Red Federal de Familias”; Miembro de Número de la Academia del Plata y editora del boletín electrónico Notivida.
Los boletines se pueden consultar en https://notivida.org/
¿Qué supuso para usted conocer al P. Juan Claudio Sanahuja?
El P. Sanahuja era un apasionado por la causa de la vida y la familia y tenía por ella un entusiasmo que contagiaba. Su interés por la causa tuvo varios disparadores, por un lado, lo que había recibido en la casa paterna y no me refiero sólo al ejemplo edificante de una familia cristiana. Muchas veces decía “mi papá me hablaba de lo que ahora está haciendo Naciones Unidas” o “conozco por mi padre el efecto nocivo de los anticonceptivos”. Su papá era un académico, doctor en Bioquímica y Farmacia, que se había dedicado a la docencia universitaria y a la investigación. De él heredó muchos conocimientos. El P. Sanahuja manejaba con fluidez todos los aspectos médicos que conciernen al área de Familia y Vida.
Por otro lado, era un sacerdote del Opus Dei y la Prelatura le ha dado siempre un papel destacado a esa temática. Buena parte de las ONGs provida que iniciaron el trabajo en el país estaban dirigidas por personas vinculadas al Opus Dei. La tercera cosa que lo marcó -como a todo el movimiento provida- fue el pontificado de San Juan Pablo II, gran defensor de la Vida y la Familia. En su trabajo, el Padre Sanahuja aunó ese entusiasmo por la causa de la Vida y la Familia y su profesión: había estudiado periodismo en la Universidad de Navarra.
Me vinculé a él a mediados de los 90, en la época en que Naciones Unidas hizo esas dos grandes conferencias internacionales que dispararon muchas leyes locales antivida. Me refiero a la la V Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y a la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing, 1995). Con ellas la ONU plantó las “agendas” internacionales: primero el Plan de Acción de El Cairo, después los Objetivos para el Desarrollo del Milenio de cumplimiento en 2015 y finalmente la Agenda 2030.





