Padre Pablo Varela: “Hay una carencia de oración profunda y de amor incondicional a Dios”

El Padre Pablo Varela, nació en la ciudad del apóstol Santiago en 1972 y fue “pacido” en Vigo. Estudió Pedagogía en la universidad de Navarra y muchos años después obtuvo el bachiller en teología. Estuvo adscrito al seminario de Alcalá de Henares y Abancay, diócesis en las que desarrolló también sus prácticas pastorales. Recibió el presbiterado en Abancay en la víspera de la solemenidad de San Pedro y San Pablo de 2024.
¿Cómo se fue gestando su vocación sacerdotal y misionera?
Supongo que Dios al diseñarme en su eternidad me preparó para el sacerdocio eterno. El sacerdote que me preparó para mi Primera Comunión tenía muchos dones del Espíritu Santo y fue un instrumento suyo para meter en mi alma un profundo amor a Dios a través de mi amor a la Eucaristía. En la ceremonia proclamó mi nombre y yo tenía que responder: “Aquí estoy, Señor!". Creo que esa respuesta no ha dejado de resonar en mi corazón; de algún modo fue un momento de entrega fuerte aunque no tenía aún capacidad para asimilar algo así. Dios me habló desde el misterio profundo de la Eucaristía, que es entrega.
A mis 17 años (1987) el mismo sacerdote me propuso ir a un encuentro de discernimiento vocacional; me pareció una clara llamada de Dios pero puse algunas excusas por miedo y pensaba que insistiría; fue prudente y no insistió y yo dejé pasar ese tren. A los 18 años me comprometí con Dios en celibato (en el Opus Dei) y viví en ese verde jardín durante muchos años hasta que Dios -a través en gran medida de la Eucaristía que Él estaba retirando del mundo y eso me produjo una angustia grande- me mostró que deseaba una nueva espiritualidad para mí. Fue durante la plandemia, mientras Dios permitía la restricción de la Eucaristía por la creciente falta de fe en ella.
