Para saber realmente lo que pasa en China
Que el peso de China en el mundo es creciente ya es un tópico. También para la Iglesia católica, enfrascada en un pulso con el régimen comunista chino que, por mucho que les pese a algunos, está en las antípodas de la Doctrina social de la Iglesia y se empeña en demostrarlo sin apenas pudor. Las terribles noticias que nos llegan desde China en los últimos tiempos parecen confirmar los peores augurios acerca del acuerdo secreto entre China y el Vaticano.
Ahora les haré una confidencia: hace ya muchos años que conocí a Marco Respinti, periodista italiano incansable, tipo singular, con una enorme capacidad de trabajo, de viajar también y con unos intereses que calificaría como omnívoros: desde los cómics hasta la política estadounidense, desde la Tierra Media hasta las persecuciones religiosas en Asia.

He leído el último editorial de Philippe Maxence en L’Homme Nouveau, titulado “Predicadnos a Cristo, no la asimilación al mundo”, y me ha parecido magnífico. Un grito dolorido de un católico humilde que no se resigna a acostumbrarse a ver a la Esposa de Cristo convertida en una ONG buenista. Un grito que, aunque originado en Francia, es perfectamente trasladable a nuestro contexto español.
He de empezar mis comentarios sobre
Cuando hace diez años Benedicto XVI anunció la creación de un ordinariato para anglicanos que deseaban la plena comunión con Roma no hubo grandes entusiasmos. La decisión fue tildada por algunos de capricho personal del Papa entonces reinante y criticada abiertamente por los expertos en “ecumenismo” (que demostraban, así, que su ecumenismo no era el de la Iglesia).





