Santos para pecadores

Es probable que Santos para pecadores sea uno de esos libros que pasan desapercibidos. Hay tantos libros de santos y la referencia a que somos pecadores, si hace un siglo podía llamar la atención, hoy es de lo más común. Su autor, Alban Goodier, un jesuita fallecido en 1939, tampoco nos dice nada a la mayoría. Vamos, que a menos que alguien de mucha confianza y/o autoridad te anime a leerlo, lo más probable es que sea uno más de esos miles de libros que pasan por la vida sin rozarnos. Y esto sería una lástima, una gran lástima.

Confieso que lo empecé a leer casi por casualidad. Pensé que leería algunas páginas bienintencionadas pero poco más. Me equivocaba. Goodier es muy bueno y consigue que leamos con auténtica pasión estos breves relatos sobra la vida de nueve santos. A cada uno le dedica algo más de 20 y algo menos de 30 páginas, lo que hace su lectura muy ágil.

Pero no es la extensión la clave del libro, sino su enfoque. Goodier nos hace descubrir de nuevo la santidad y nos la muestra de un modo a veces incluso crudo y descarnado, sin edulcorar las vidas de sus protagonistas. Frente a tantas hagiografías edulcoradas, Goodier nos muestra la realidad de unas vidas por las que, en determinados momentos, nadie hubiese dado ni un duro. Lo cual las hace más apasionantes, más reales, y por ello mismo nos mueven mucho más que aquellas en las que el sujeto parece predestinado desde su más tierna infancia a ocupar un lugar en los altares.

No es así aquí: herejes, jugadores, violentos, disolutos, mujeriegos, desobedientes… y santos. Ya lo sabíamos, Dios actúa cuándo y cómo quiere, para Él no hay casos perdidos, y la gracia puede, en un instante, darnos la vuelta como a un calcetín. Pero Santos para pecadores nos dice más cosas, y creo yo que muy interesantes. Señalaré dos.

En primer lugar, nos muestra la benéfica influencia que una sociedad cristiana, con todas las imperfecciones que se quieran (y que es obvio que no eran pocas), puede tener en las personas. Son varios los pecadores que acabarán como santos cuyas vidas dan un giro ante un acontecimiento que les sacude: la muerte de alguien cercano, por ejemplo, les hace reconsiderar su vida y cómo se van a presentar ante el Juez eterno. En otras ocasiones serán aquellas palabras u oraciones en la boca de una madre, acalladas durante años pero que resuenan de nuevo y son decisivas para cambiar de vida. Uno no puede dejar de pensar la tragedia, hoy en día, en nuestra secularizada sociedad, de tantos que no han oído nada de esto, que no saben rezar ni que un día comparecerán ante el tribunal divino, y que en condiciones similares se encuentran desvalidos, desorientados, incluso desesperados ante el vacío al que se enfrentan.

En segundo lugar, me ha gustado mucho que varios de los santos sean fracasados. El autor no intenta maquillar el hecho sino que lo expone con claridad. Sin ir más lejos, San Francisco Javier muere convencido de que ha fracasado en sus empresas y sus contemporáneos están de acuerdo con esta apreciación (¿cómo no me lo habían explicado así antes?)… y sin embargo, ¡menudo santo! No, no todas las empresas emprendidas por los santos se saldan con el éxito en la tierra (aunque sí con el éxito más importante, el de alcanzar el cielo), los hay que fracasan o que casi ni lo intentan (como San Benito José Labre, durmiendo entre las ruinas del Coliseo y evitando en lo posible el contacto con otras personas). Una magnífica advertencia para quienes, aún, damos demasiada importancia a nuestras propias fuerzas y acciones.

Cada lector tendrá sus relatos favoritos: en mi caso, además de San Francisco Javier, San Juan de Dios, San Juan de la Cruz (¡qué terrible vida!) o San Camilo de Lelis; mientras que otros no le convencerán tanto (el único que realmente me ha dejado con una cierta insatisfacción es precisamente el de otro jesuita, San Claudio de la Colombière), pero lo que es seguro es que la lectura de este libro supone una mirada renovada, fresca y muy atractiva a la santidad. Muy recomendable.

 

4 comentarios

  
África Marteache
Hoy en día se rechazan lo que en otro tiempo fueron "Vidas Ejemplares" porque se tiende a ver a los santos como personas sin apenas relación con nosotros. Yo difiero totalmente de esa opinión.
Hay santos de todo tipo y, si bien aquellos que fueron justos toda su vida, no hacen pensar que nunca lograremos ser como ellos, hay otros que no presentan una vida tan regular, que se equivocaron, pecaron y, sobre todo, murieron aparentemente fracasados. Morir fracasado asemeja mucho a Jesucristo, no hay más que meditar sobre la Pasión para darse cuenta de ello.
23/11/21 10:14 PM
  
Lucía Victoria
Gracias por la reseña, sin la cual seguramente no habría despertado gran interés en mi este libro. Me lo compraré.
24/11/21 1:48 PM
  
sofía
Digo lo mismo que Lucía Victoria: ha conseguido interesarme en este libro.
Me temo que no lo habrá en kindle, pero lo buscaré de un modo u otro.
Saludos cordiales
24/11/21 9:38 PM
  
Marta de Jesús
África, muy interesante.
Lo ejemplar es que finalmente, y a pesar de haber sido zarandeados por el Mal, fueron fieles a Cristo.
En esto va a pasar como pasa siempre con el péndulo. Pasarán al otro extremo, de las hagiografías, biografías excesivamente elogiosas, a las biografías excesivamente carroñeras. No digo que sea el caso. De hecho, al leer el post me dan ganas de leer el libro. Pero como estamos inmersos en una especie de gran hermano mundial continuo... veo un futuro en el que los próximos santos, hasta los veremos pecando en vídeos, con testimonios en Sálvame de sus caídas, y veremos en vivo y en directo su lucha contra el Maligno.

Nos iremos quedando con lo intermedio, espero.
24/11/21 11:51 PM

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