La tergiversación del pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II
Karol Wojtyla, 1978

La tergiversación del pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II

Análisis de la tergiversación terminológica del pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II

Ante la sorpresiva elección en 1978 de un Papa ‘no italiano’ en la persona del Cardenal polaco Karol Wojtyla, acentuada por la información de haber sido autor de numerosas obras de carácter ético-filosófico en un idioma inaccesible como el polaco y, por ello, a propósito de su única traducción, al inglés, en la que decía ser tanto «fenomenólogo», como «aristotélico-tomista» por su formación sacerdotal, un cierto sector oportunista comenzó con un proceso «manipulador» en tres niveles que van de lo general a lo puntual para «apropiarse» de él.

Primer nivel: Procuraron separar a Wojtyla, «el filósofo», de Wojtyla, «el sacerdote y teólogo», lo que haría posible visualizar e interpretar su pensamiento filosófico sin conexiones o «amarras» con los dogmas católicos, sin prestar atención a su experiencia «sacerdotal», «arzobispal», «cardenalicia» y «papal»

Segundo nivel: Concentraron la atención en su obra principal ‘Persona y Acción’, tratando de aislarla del conjunto de sus obras, como si fuese una visión filosófica autónoma, en atención a que en ella Wojtyla se aproximaría fenológicamente al conocimiento de la persona humana «a través de la acción».

Tercer nivel: Por último, identificaron ‘Persona y Acción’ con una traducción al italiano, en la que, mediante una «falsificación textual», hicieron decir a Wojtyla lo contrario de lo que había dicho en su lengua nativa.

I. El propósito de reducir a Wojtyla a su condición de filósofo

Al nivel más general, el proceso falsificador procuró separar al filósofo Karol Wojtyla de su arraigo en la teología católica, no obstante haber surgido a la luz pública en el momento culminante de su vida «sacerdotal» al ser elegido Papa Juan Pablo II en octubre de 1978.

Esto se debe a que a Wojtyla, «el filósofo», se le asignó una significación notable porque la relevancia de los debates a su respecto no se perdía en la privacidad habitual de las confrontaciones intelectuales, sino que era realzada por la presencia implícita de Wojtyla, «el Papa», uno de los líderes religiosos más destacados de la historia reciente de la humanidad.

Aquí queda a la vista, de partida, que si el filósofo Wojtyla no hubiese sido Papa, nadie estaría citándolo a cada paso ni menos falseando sus palabras para figurar convenientemente identificado con él.

Detengámonos muy brevemente en la historia del sacerdote Wojtyla.

Cuando en 1942, bajo la ocupación nazi, el joven Karol Wojtyla decidió ingresar al Seminario (clandestino) de Cracovia, no lo hizo para ser ‘filósofo’ sino para ser ‘sacerdote’. Por ello, su formación se desarrolló en el curso de dos etapas: primero, la etapa básica fundamental en el Seminario (1942-46) y, una vez ordenado sacerdote, en la etapa de doctorado en el ‘Angelicum’ de Roma (1947-48).

Además, en atención a sus méritos personales, en 1951 el Arzobispo de Cracovia le ordenó que se dedicase a la preparación de una ‘tesis de habilitación’ que le permitiese incorporarse a la vida académica, la que Wojtyla presentó a la Facultad de Teología de la Universidad Jaguelónica, de Cracovia, titulada ‘Evaluación de la posibilidad de construir la Etica Cristiana sobre el sistema de Max Scheler’.

He aquí un relato de Jacques Maritain, que presenta una imagen realmente magnífica de Scheler, que ciertamente justifica la selección del tema por Wojtyla.

«Max Scheler no era un teólogo. Sin embargo, con perspicacia singular, aplicó el método fenomenológico al contenido espiritual y moral de la existencia humana y, de ese modo, reabrió, en la filosofía misma, fuentes religiosas.

«Por esa vía Scheler ha sabido descubrir a la mirada del filósofo «lo eterno en el hombre», y las implicaciones concretas de los dones sobrenaturales en la substancia de la vida humana. Las virtudes cristianas, la humildad y la caridad, se encontraban rehabilitadas, no desde un punto de vista dogmático o teológico, sino desde el punto de vista de un conocimiento en cierto modo laico de lo concreto. Y al mismo tiempo, en una perspectiva mucho más humanista, estaba también restituido el sentido de la persona, que es un universo por sí misma.» (MARITAIN, J. ‘De Bergson a Santo Tomás de Aquino’. Club de Lectores. Pag. 88. 1967.)

Sin embargo, a la mirada del sacerdote y teólogo Wojtyla, si bien Scheler mereció un juicio positivo, fue mucho más severo en su significación propiamente religiosa. He aquí las conclusiones de su Tesis.

«Tesis I. El sistema ético de Max Scheler resulta fundamentalmente inadecuado para la formulación científica de la ética cristiana... A causa de sus premisas fenomenológicas y emocionalistas, «no sirve» para su comprensión teológica, que resulta indispensable, puesto que se trata de fuentes reveladas que establecen un objeto de fe sobrenatural.

«Dichas premisas no permiten a Scheler captar ni objetivar la relación causal de la persona con respecto a los valores éticos. De este modo, la verdad fundamental de la ética cristiana, que proclama a la persona humana como causa eficiente del bien y del mal moral de sus actos, no puede ser captada ni objetivada mediante el sistema de Scheler.

«Tesis II. Aunque el sistema ético creado por Scheler no se adecue fundamentalmente para interpretar la ética cristiana, sin embargo, puede servirnos como «auxiliar» para un estudio científico sobre la ética cristiana.» (WOJTYLA, K., ‘Max Scheler y la Etica Cristiana’, pag. 206)

Como se puede apreciar, lo que Wojtyla rechaza ‘teológicamente’ en Scheler son sus ‘premisas fenomenológicas’, reduciendo su aporte solamente al uso del ‘método fenomenológico’ aplicado al estudio de la ética cristiana.

¿Y qué se conoce con el método fenomenológico de Scheler? Se conoce la «subjetividad» humana de manera mucho más avanzada de lo que logró Santo Tomas en su tiempo desde una perspectiva exclusivamente objetivista. De este modo, el conocimiento a fondo de la subjetividad humana no excluye ni se sobrepone al conocimiento de la objetividad humana, sino que lo complementa.

Así, pues, gracias a su tesis de habilitación para la enseñanza libre, Wojtyla fue aceptado como académico en la Universidad Católica de Lublín, donde permaneció durante 24 años, desde 1954 hasta su elección papal, a cargo de la Cátedra de Etica de la Facultad de Filosofía.

Mas, como su actividad principal fue siempre sacerdotal, Wojtyla mantuvo su residencia en Cracovia, donde alcanzó una participación creciente en la jerarquía de la Iglesia, lo que significó viajar intensamente a Lublin --227 kilómetros en tren que tomaban más de 6 agotadoras horas--, a cumplir sus responsabilidades académicas.

En síntesis, el destacado papel desempeñado por Wojtyla en la Iglesia impide entender su filosofía como una visión autónoma de su condición de sacerdote.

II. El propósito de reducir la antropología de Wojtyla a su libro ‘Persona y Acción’

Supuesta la separación de Wojtyla, «el filósofo», de su condición sacerdotal, se desciende a un segundo nivel en el que centra la atención en su obra antropológica principal ‘Osoba i Czyn’ (‘Persona y Acción’), publicada en 1969, considerándola como expresión directa de su aceptación de la fenomenología y, en consecuencia, como criterio principal de definición de todas sus obras.

La obra fue conocida, en su primera publicación fuera de Polonia en 1979, en la traducción al inglés del traductor polaco Andrzej Potocki bajo el título ‘The Acting Person’ (‘La Persona Actuante o en Servicio’), proyecto que se encontraba en marcha desde 1975 teniendo como editora a la filósofa polaca-estadounidense Anna-Teresa Tyemieniecka, con el pleno acuerdo y participación del autor.

Así, no obstante que esa traducción --revisada y aprobada por Wojtyla--, tiene la confiabilidad de ser textualmente fiel al original polaco, la obra fue recibida con toda clase de objeciones, ante todo sobre su ‘fidelidad’ al original, debido a que durante el proceso de preparación de la traducción Wojtyla incorporó al original de 1969 gran cantidad de modificaciones formales, muchas de ellas a petición de Tyemieniecka, que dieron origen, de hecho, a una segunda edición polaca de la obra, la que por haber sido publicada en 1985, impidió durante seis años el cotejo del texto traducido con ese original polaco, que pasó a ser la versión final y definitiva de la obra.

Por último, en 1994 se publicó en Polonia la tercera edición de ‘Osoba i Czyn’ bajo el título ‘Osoba i czyn oraz inne studia antropologiczne’ --‘Persona y Acción y otros Estudios Antropológicos’--, editada por una comisión integrada por Tadeusz Styczen, Wojciech Chudy, Jerzy W. Galkowski, Adam Rodzinski y Andrzej Szostek, la que incluye, junto a la edición definitiva de ‘Osoba i Czyn’ de 1985, ocho estudios de Wojtyla que la complementan, como aporte al décimo quinto aniversario de su Pontificado.

Con ella quedó definido sin lugar a dudas el carácter ‘filosófico realista existencial’ de la obra principal de Wojtyla y, por consiguiente, su identidad plena con la visión del Papa Juan Pablo II que culminaría poco después con la encíclica ‘Fides et Ratio’ de 1998.

Sin embargo, sorpresivamente, en 1999 se publicó una traducción al italiano bajo el título ‘Persona e atto. Testo polacco a fronte’, editada por Giovanni Reale y Tadeusz Styczen, en la que se presenta en cada página el original polaco definitivo de 1985 y a su derecha la traducción italiana, debidamente autorizada por la Librería Editorial Vaticana.

He aquí la fórmula ‘genial’ para evitar las dificultades extremas de las traducciones directas del polaco: disponer --teniendo a la vista el original polaco--, de su traducción al italiano presentada como la ‘traducción correcta definitiva de ‘Osoba i czyn’, lista para ser traducida sin problemas al menos a los demás idiomas europeos.

Esta estrategia fue confirmada por los dos discípulos principales de habla castellana de Tadeusz Styczen --‘el cerebro de la falsificación’--, los comentaristas e intérpretes actuales del pensamiento de Wojtyla, Rodrigo Guerra López, de México, principalmente en su libro ‘Volver a la Persona’ (2002) y Juan Manuel Burgos, de España, a cargo de la Editorial Palabra, quienes luego de aplaudir la publicación de la traducción italiana como solución a los problemas creados por la traducción inglesa, presentaron sus razones filosóficas personales fundadas en dicha traducción.

BURGOS: «Persona y Acción’ responde al objetivo de «fundir tomismo y fenomenología» en una nueva formulación antropológica de cuño personalista... Este planteamiento procede de la necesidad de «integrar» las filosofías del ser y de la conciencia o, de modo más concreto, de «unificar» tomismo y fenomenología, porque sólo de la fusión de ambas podía surgir la filosofía del futuro.» (BURGOS, J. M. ‘Karol Wojtyla’. PHILOSOPHICA: Enciclopedia Filosófica online.)

Wojtyla rechaza categóricamente este razonamiento en ‘Epílogo del debate sobre ‘Persona y Acción’, el primero de los estudios antropológicos complementarios publicados en la ‘edición de 1994’ de ‘Persona y Acción’, como sigue:

«En ‘Persona y Acción’, no hay forma de fusionar estas dos filosofías, una tomista y otra fenomenológica, y especialmente no hay manera de combinar la «filosofía del ser» con una «filosofía de la conciencia» como reducción de toda la realidad al sujeto-consciencia y sus contenidos. En ‘Persona y Acción’, esto es absolutamente imposible.» (WOJTYLA, K., ‘‘Osoba i Czyn’, ‘edición 1994’, pag. 356.)

GUERRA: «El método de Wojtyla no presupone ningún sistema «metafísico» previo, por el contrario, trata de lograr una apertura máxima a los datos presentados en la «experiencia» e intenta interpretarlos de una manera adecuada, es decir, verdadera.» (GUERRA, R., ‘Volver a la Persona’, pag. 310.)

Y agrega:

«Nos parece sumamente importante para el desarrollo de la filosofía como filosofía el que Wojtyla haya señalado que la vía por la que hay que proceder para «descubrir» qué es la persona sea precisamente la del acto que revela a la persona y no viceversa.» (GUERRA, R., ‘Volver a la Persona’, pag. 229)

Wojtyla lo rebate como sigue en el sexto estudio complementario de ‘Persona y Acción’, ‘Teoría-Praxis: un tema Humano y Cristiano’:

«Pero es sabido que esto que experimentamos y conocemos, concretamente esta realidad humana, es objetiva y realmente «anterior a nuestro conocimiento»; no la formamos nosotros al conocer, sino que la encontramos. No es la realidad la que supone al conocimiento, sino el conocimiento el que supone la realidad.» (WOJTYLA, K., ‘Teoría-Praxis: un tema Humano y Cristiano’. 1976. Revista ‘Verbo’, 1978.)

Y en el octavo estudio antropológico complementario, ‘El Problema de la constitución de la Cultura a través de la Praxis Humana’, agrega:

«La praxis humana [o acción], es posible en la medida que el ser humano ya existe. Sería absurdo entender el asunto al revés y aceptar algún tipo de acción subjetivamente indeterminada, que luego define o determina su sujeto.» (WOJTYLA, K. ‘Person and Community’ pag. 266).

III. El propósito de reducir el libro ‘Persona y Acción’ a su «traducción italiana» de 1999

A fin de consumar la asimilación filosófica de Wojtyla a la interpretación fenomenológica de su libro ‘Persona y Acción’, se descendió a un tercer nivel en el que «identifica» esa obra con su traducción al italiano ‘Persona e atto. Testo polacco a fronte’ de 1999, editada por Giovanni Reale y Tadeusz Styczen.

En realidad, esa traducción italiana fue el momento y el lugar en el que se salió del ámbito de la «mera manipulación teórica», para internarse en el terreno de una «acción falsificadora», hecho que consumó --sin crear la menor sospecha--, en un documento con las siguientes características: • publicado en Roma, • durante el pontificado de Juan Pablo II, • y autorizado por la Librería Editorial Vaticana, lo que permitió a Guerra declarar que había sido aprobado por el Papa.

Pues bien, atendido el hecho que existen solamente dos traducciones directas del original polaco --la inglesa de 1979 y la italiana de 1999--, basta con cotejar los índices de contenidos de ambas con el original para encontrar de inmediato una diferencia notable en los títulos de la Parte Primera:

  • En polaco, ‘CZESC PIERWSZA: WIADOMOSC A SPRAWCZOSĆ
  • En inglés, ‘PART ONE: CONSCIOUSNESS AND EFFICACY
  • En italiano, ‘PARTE PRIMA: COSCIENZA E OPERATIVITÀ

Esto deja a la vista dos hechos muy precisos: 1°, la diferencia se reduce exclusivamente a la traducción de la palabra «sprawczość» y, 2°, la traducción inglesa «efficacy» (eficacia) y la traducción italiana «operatività» (operatividad) no son sinónimos, sino antónimos, es decir, tienen significados opuestos: la primera la entiende como «causa» y la segunda como «efecto».

¿Cuál es el «significado» correcto en polaco de la palabra «sprawczość»?

Podemos aproximarnos al significado correcto de «sprawczość» a partir de su raíz de uso judicial «sprawcą» -- autor, perpetrador, agresor, culpable --, que se extiende con diversas variantes a significados perfectamente concordantes, como: «sprawa» = causa, «sprawcze» = causal, «sprawczej» = causante, hasta llegar a «sprawczość» cuyo significado correctos corresponden a su significado filosófico «eficacia» --la «capacidad de ejercitar la causalidad eficiente o de obtener un cierto resultado»--, equivalente a «efficacy», usada en la traducción al inglés que Wojtyla aprobó personalmente, felicitando al traductor polaco Andrzej Potocki por su trabajo.

Por su parte, la palabra «operatividad» define la «capacidad para realizar una función» es decir, la capacidad de cumplir una «actividad predeterminada». Tal funcionalidad es atribuible a ‘objetos’ --un celular o un automóvil son «operativos»-- o a ciertos ‘sujetos’ --un cuerpo policial o una unidad de rescate son «operativos»-- o a ciertos ‘servicios’ --un sistema de transporte o un hospital son «operativos».

En la perspectiva de Wojtyla, la persona humana no ha sido «diseñada» para cumplir funciones, sino que ha sido «creada» para actuar libremente conforme a su propia autodeterminación.

De acuerdo con Rodrigo Guerra, Juan Manuel Burgos fue el primero en publicar en 2011 la traducción al español de la traducción italiana de 1999 bajo el título ‘Persona y Acción’, en la empresa española Ediciones Palabra S.A. que controla.

Sus afirmaciones no se corresponden a la realidad:

1°, al decir que esa es, sin serlo, una traducción directa de la edición polaca de 1994,

2°, al eludir siquiera mencionar los estudios antropológicos complementarios y

3°, al cambiar el significado de «sprawczość» de «eficacia» a «operatividad».

Y, en la Nota Editorial, Burgos se presenta a sí mismo como sigue:

«Juan Manuel Burgos, especialista en la filosofía de Karol Wojtyla, ha contribuido a la fijación del sentido y estilo de la obra con numerosas indicaciones.»

La principal de tales ‘indicaciones’ es la siguiente:

«... utilizamos la palabra «OPERATIVIDAD» para traducir el término polaco «sprawczość», que podríamos definir como la capacidad por la que alguien puede ser autor o causante de un efecto.» (WOJTYLA, K., ‘Persona y Acción’. Ed. Palabra, pag. 59.)

Nótese bien. Burgos reconoce que la palabra «sprawczość» significa «causalidad», pero la traduce como «operatividad», que significa «actividad».

Veámoslo en el contexto de las tres traducciones del caso.

• Original polaco:

«Moment twórczości, który idzie w parze z momentem SPRAWCZOŚCI, z przeżyciem SPRAWCZOŚCI konstytuującym obiektywną strukturę «człowiek działa», jeszcze bardziej uwydatnia owa nadrzędność SPRAWCZOŚCI względem całościowego dynamizmu człowieka. SPRAWCZOŚCI sama jest czymś dynamicznym, owszem -- stanowi jakby szczyt dynamizmu człowieka.» (WOJTYLA, K., ‘Persona e atto’, pag. 192)

• Traducción inglesa, aprobada por Wojtyla:

«The moment of creativeness, which closely accompanies the moment of EFFICACY, the experience of EFFICACY that set up the objective structure of «man-acts», brings out even more vividly the dominant role of EFFICACY in the integral dynamism of the human being. EFFICACY itself is dynamic: indeed it constitutes, as it were, the culmination of the dynamism of the human being». (WOJTYLA, K., ‘The Acting Person’, pag. 70)

• Traducción italiana de 1999, en versión de Tadeusz Styczen:

«Il momento della creatività, che va di pari passo col momento dell’OPERATIVITÀ, con l’esperienza vissuta dell’OPERATIVITÀ che costituiscela struttura oggettiva «l’uomo agisce», mette ancor più in evidenza il ruolo dominante dell’OPERATIVITÀ nel dinamismo integrale dell’uomo. La stessa OPERATIVITÀ è qualcosa di dinamico, anzi costituisce quasi il culmine del dinamismo dell’uomo.» (WOJTYLA, K., ‘Persona e atto’, pag. 193)

• Traducción española de 2011, por Juan Manuel Burgos:

«El momento de la creatividad, que corre parejo con el momento de la ACTIVIDAD, con la vivencia de la ACTIVIDAD que constituye la estructura objetiva «el hombre actúa», evidencia más aún el papel rector de la ACTIVIDAD respecto a la totalidad del dinamismo del hombre. La propia ACTIVIDAD es algo dinámico; más aún, constituye la cumbre del dinamismo del hombre.» (WOJTYLA, K., ‘Persona y Acción’, pag. 126.)

Con esto se ha consumado un cambio radical. Concretamente, esto significa que cuando se lee la PARTE SEGUNDA. TRASCENDENCIA DE LA PERSONA EN LA ACCION en el original polaco ‘Osoba i czyn’, o en su traducción al inglés, ‘The Acting Person’, se entiende que Karol Wojtyla dedica el capítulo II al análisis de la «eficacia de la persona», o sea, al poder de la persona de ser la causa eficiente de sus actos.

En cambio, si se lee ese mismo capítulo de la traducción italiana de 1999 o de la traducción al español de 2011, se entiende o, más bien, se procura hacer entender que Karol Wojtyla dedica ese capítulo al conocimiento de la persona como efecto de la mera actividad. Desaparece el sujeto existente «hombre-persona» y es reemplazado por la pura conciencia del «querer» y del «pensar».

Como se ve, aquí es preciso recuperar la correcta interpretación del pensamiento filosófico de Wojtyla conforme a sus textos originales, sin necesidad de recurrir a intérpretes ajenos a él, e iniciar así una nueva etapa de superación de los errores difundidos.

 

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13 comentarios

esron ben fares
De acuerdo en buscar el texto original de los autores para entender mejor su pensamiento.

31/03/22 5:50 PM
Vicente
Conviene ir siempre al original.
Y conviene tener en cuenta cuándo, cómo y por qué San Juan Pablo II escribió lo que escribió en su tiempo histórico.
Estamos en el 2022.
1/04/22 1:09 AM
Forestier
Un buen análisis. Pero las interpretaciones de términos o expresiones filosóficas, abren matizaciones o contraposiciones enriquecedoras.
Por ejemplo, en plan aportación. La confusión entre la verdad y la realidad es un revuelto avispero. La verdad está en el objeto formal conocido intencionalmente por el acto de conocer, pero en el ser de la cosa real no está la verdad, sino que es la “causa de la verdad: esse rei causat veritatem.
Dicho esto, cualquier acción requiere para ser razonable la luz de la inteligencia. Sin el conocimiento (la conciencia es otra cuestión) no hay objeto formal conocido, y por tanto, (por su vacío cognoscitivo) no pueden darse ni realizarse "actos humanos", aunque la inteligencia precisa de la voluntad para la ejecución de los actos humanos. La cosa da mucho más de sí, pero aquí lo dejo.
2/04/22 11:33 PM
manuel silva
Gracias por el esfuerzo, me parece un excelente análisis para clarificar el pensamiento de San Juan Pablo II.
3/04/22 10:17 PM
Cristián Yáñez Durán
Todo este enredo terminológico se evitaría si los autores aludidos hubiesen estudiado a Santo Tomás y no lo hubiesen leído sólo de pasada.
Santo Tomás supera sideralmente, en todo aspecto, a todos estos autores.
3/04/22 10:28 PM
Néstor
Con lo que no estoy de acuerdo es con que se deba o pueda completar el enfoque "objetivo" tomista con un enfoque "subjetivo" fenomenológico. Todo es objetivo porque todo cae bajo la consideración de la inteligencia antes de poder llegar al papel o a la pantalla de la computadora. Hay una objetividad externa y una objetividad interna. La filosofía no puede tener dos métodos.

Saludos cordiales.
4/04/22 3:07 AM
Urbel
Cierto, la filosofía no puede tener dos métodos.

Y el método de la filosofía moderna, en sentido doctrinal y no temporal, es un método idealista o subjetivista.

Por eso es un error expresar las verdades de fe o de razón con arreglo a los métodos modernos. Sea en latín o en polaco.
4/04/22 4:41 PM
Lego
Entiendo que algo parecido ha sucedido con el beato Antonio Rosmini.
Malas traducciones y cometaristas e interpretes deficientes o sesgados.
4/04/22 4:48 PM
Vicente
y qué decir de los nuevos paradigmas ? ayudan a la fe ?
4/04/22 5:41 PM
CHARLY
Me parece que es muy enriquecedor tratar de fundir o unificar tomismo con fenomenología.- Coincido con Guerra cuando afirma que el método de Karol Wojtyla no presupone ningún sistema metafísico previo, por el contrario, trata de lograr una apertura máxima a los datos presentados por la Experiencia. Creo que lo correcto de la traducción es hablar de EFICACIA en lugar de Operatividad o Actividad. Por ultimo digo que es muy importante la desembocadura del pensamiento de Wojtyla en la extraordinaria Encíclica Fides et Ratio.
5/04/22 2:32 AM
Vicente
San Juan Pablo II nunca separó la Filosofía de la Teología.
7/04/22 1:10 AM
Nestor
Hay dos fenomenologías. La de Aristóteles y Santo Tomás, que presupone la metafísica realista y la afirmación del ser, y la moderna, que pone entre paréntesis al comienzo la cuestión del ser, y por eso mismo desemboca necesariamente en el idealismo. La primera ya está incorporada al tomismo, la segunda es incompatible con él.

Hay que elegir, inevitablemente, entre el realismo y el idealismo, es decir, entre el primado del ser y el primado del pensamiento. Sólo la primera alternativa es compatible con la fe católica.

No existe la fenomenología sin metafísica, o es una fenomenología realista, que presupone la metafísica del ser , o es una fenomenología idealista.

Al comienzo de toda la filosofía, o el objeto conocido depende del sujeto, y estamos en el idealismo, o no , y estamos en el realismo. No hay otra opción, y son incompatibles entre sí.

Saludos cordiales.
8/04/22 10:32 PM
Nestor
En cuanto a Rosmini, más de lo mismo. Llegar a Santo Tomás partiendo de Kant. En el decreto que salió bajo León XIII las cuarenta proposiciones fueron condenadas "en el sentido en que las sostiene el autor". El nuevo decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe dice que están bien condenadas, pero que no es eso lo que sostenía Rosmini. Uno de los dos decretos está equivocado, y ambos tienen igual autoridad doctrinal si miramos la fuente de donde emanan.

Saludos cordiales.
8/04/22 10:37 PM

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