Francisco: «Creo que hay demasiada mariconería en ciertos seminarios»
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Rotundo no a la admisión de homosexuales en los seminarios

Francisco: «Creo que hay demasiada mariconería en ciertos seminarios»

Durante la Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana el Santo Padre mostró, una vez más, su postura sobre la admisión de personas homosexuales en los seminarios. El modo de expresarse ha causado estupor en algunos ambientes.

(InfoCatólica) Ayer trascendieron algunas palabras que el papa Francisco dirigió a la Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana, que él preside en cuanto que Obispo de Roma.

El Papa Francisco solicitaba a los obispos italianos que no ordenen sacerdotes ni admitan en el seminario a personas homosexuales. La sesión era a puerta cerrada y con un tono coloquial apostilló según algunos medios italianos «Creo que hay demasiada mariconería en ciertos seminarios» («C’è già troppa ‘frociaggine’»). Tanto el diario La Reppublica como el Corriere de la Sera han confirmado las palabras del Papa con obispos y otras personas presentes.

Aunque todavía no hay declaraciones de la Santa Sede, el que periodistas cortesanos estén difundiendo la teoría de que el Papa no era consciente de lo ofensivo de la expresión confirma que el tono del Papa Francisco ha sido ese. Algunos periodistas, en un intento de control de daños están difundiendo la versión de que el Papa Francisco habla en "dialecto piamontés". Cualquier persona con aprecio por la verdad es consciente de que el registro de palabras para tratar este tema de modo respetuoso es limitado. El propio Papa Francisco las ha utilizado en numerosas ocasiones. Salirse de esos registros es intencionado, sea cual sea el grado de zafiedad que denote la expresión.

Postura de la Iglesia

Sus palabras pidiendo que no se admita en los seminarios a homosexuales, o de quien se duda sobre su orientación sexual, no son nuevas. En mayo del 2018 ya dijo lo mismo ante los prelados del país transalpino. Pero en esta ocasión ha ido más allá y ha reconocido que hay muchos homosexuales en los seminarios, lo cual da a entender, dicho sea de paso, que también los hay entre el clero.

La cuestión de la homosexualidad y los seminaristas lleva tiempo siendo debatida por la Conferencia Episcopal italiana y, según Il Corriere della Sera, en su reunión de Asís del pasado noviembre, «habían aprobado un nuevo documento 'Ratio Formationis Sacerdotalis', aún no aprobado por la Santa Sede, que regula la admisión y la formación en los seminarios [italianos], en el que aprobaron por mayoría una enmienda que reconocía la distinción entre la simple orientación homosexual y las 'tendencias profundamente arraigadas'».

Esto, según el periódico, significaba «en sustancia, que una persona homosexual podía ser admitida en el seminario si, como el heterosexual, daba la garantía de que sabe vivir la disciplina del celibato. La implicación es que es más difícil para los homosexuales porque vivirán en una comunidad exclusivamente masculina durante muchos años». Pero, observaba el periódico y varios analistas, «parece que el Papa Francisco tiene una visión más radical: para evitar problemas de este tipo, las personas homosexuales no deberían ser admitidas en el seminario. Y punto».

La norma de 2005

En 2005, al poco de llegar Benedicto XVI al trono de San Pedro, los dicasterios de Educación Católica y de Culto Divino difundieron una norma para evitar la recepción de candidatos con «tendencias homosexuales profundamente arraigadas», publicaban «Instrucción sobre los criterios para el Discernimiento de las Vocaciones de las Personas con Tendencias Homosexuales con miras a su Admisión al Seminario y a las Sagradas Órdenes») en la que se puede leer

«Este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cree necesario dejar claro que la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir en el seminario ni en las órdenes sagradas a quienes practicar la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la llamada «cultura gay»

Ese documento fue posteriormente respaldado por el Papa Francisco en 2016.

Una norma que entre muchos aspectos salía al paso en defensa del Sacramento y de los propios fieles. Entre los motivos subyacentes a su promulgación está «el elefante en medio de la sala»: la enorme correlación entre homosexualidad y abusos, en la que los cometidos en el seno de la Iglesia tienen un patrón diametralmente opuesto a de la sociedad en general. En números gruesos, mientras los abusos en la sociedad civil son predominantemente (80%) heterosexuales y en el ámbito familiar, en la vida eclesiástica son 70-80% homosexuales. Unos datos corroborados desde el informe Jay de Estados Unidos que está detrás de la Instrucción del 2005 a los de Francia, Alemania o España.

Por otro lado no se descarta una posterior rectificación del Pontífice, la experiencia de estos años muestra que a diferencia colectivos agraviados de malas maneras como las madres de familia numerosa, los sacerdotes, los fieles afectos a una piedad tradicional,… el lobby homosexual suele tener rectificaciones inmediatas, como en su vuelta de viaje a Irlanda.

 

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