Los obispos españoles piden una legislación que impida la maternidad subrogada

Nota de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida

Los obispos españoles piden una legislación que impida la maternidad subrogada

La Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota a propósito de la maternidad subrogada, en la que condena dicha práctica por ser contraria a la dignidad de la mujer, pues usa su cuerpo y toda su persona como una incubadora humana

(InfoCatólica) Los obispos señalan los muchos condicionamientos morales que convierten la maternidad subrogada en algo esencialmente perverso. Desde la forma en que se concibe la criatura, con fecundación artificial, al papel instrumental de la mujer que se queda embarazada y la habitual mercantilización del proceso. 

Igualmente recuerdan que no existe un derecho a la procreación y sí un derecho del niño a no ser considerado como un objeto de compra y venta.

Nota de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida a propósito de la maternidad subrogada

La Iglesia no cesa de proclamar el «Evangelio de la Vida», iluminando la obligación de todo Estado de respetar la dignidad de toda vida humana y la defensa de la misma desde el inicio hasta el final. Hoy, como siempre, la Iglesia quiere llevar el amor y la esperanza a la sociedad, a menudo oscurecida por el individualismo y la cosificación de la persona humana. Por eso, ante tanta tiniebla originada por las leyes injustas promulgadas contra la vida y la dignidad de todo ser humano, a la luz de la razón e iluminados por la fe, cumplimos el deber pastoral de recordar al pueblo de Dios, sacerdotes, consagrados y laicos, y a cuantos quieran escuchar con la mejor voluntad la enseñanza de la Iglesia, siempre en favor del hombre y de su dignidad.

I.- A favor de la dignidad

La importancia y el significado de la vida humana exigen una fundada reflexión, que busque su dignidad en el marco de un humanismo que sea fiel a la verdad del ser humano.

El Papa Benedicto XVI afirmaba que «sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo hallar una fuente para los derechos de la persona e imposible alcanzar un juicio ético respecto a las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana»[1]. Hay que recordar que la dignidad humana es un valor fundamental que debe ser respetado y protegido, independientemente de las creencias religiosas o de la falta de ellas.

Cristo, a la luz de su Encarnación, revela el sentido y el misterio del ser humano y su dignidad, y confirma a la razón su vocación trascendente y su anhelo de alcanzar la vida sin fin y la felicidad plena, por eso, la relación de la persona con Dios es esencial para comprender su dignidad. Todo hombre representa una novedad, es único e irrepetible. La vida es un bien fundamental del hombre, que vale por sí misma y que no está a disposición de nadie.

II.- Aspectos éticos de la maternidad sustitutiva

Son varios los documentos en los que la Iglesia se ha pronunciado sobre la maternidad sustitutiva o gestación subrogada (especialmente la Instrucción Donum Vitae y la Instrucción Dignitas Personae). De hecho, la instrucción Donum Vitae del Dicasterio para la Doctrina de la Fe define la maternidad sustitutiva del siguiente modo:

a) la mujer que lleva la gestación de un embrión implantado en su útero, que le es genéticamente ajeno, obtenido mediante la unión de gametos de «donadores», con el compromiso de entregar el niño, inmediatamente después del nacimiento, a quien ha encargado o contratado la gestación;

b) la mujer que lleva la gestación de un embrión a cuya procreación ha colaborado con la donación de un óvulo propio, fecundado mediante la inseminación con el esperma de un hombre diverso de su marido, con el compromiso de entregar el hijo, después de nacer, a quien ha encargado o contratado la gestación.

A la luz de dichos documentos, queremos destacar los siguientes aspectos éticos:

1.- La maternidad por subrogación es, inequívocamente, una nueva forma de explotación de la mujer, contraria a la dignidad de la persona humana, pues usa el cuerpo femenino, y toda su persona, reduciéndola a ser una incubadora humana.

2.- En toda maternidad subrogada hay una fecundación artificial heteróloga que «es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio»[2]. Recordemos que el fin nunca justifica los medios y que toda persona humana es fin en sí mismo. Negar estas verdades nos llevaría a afirmar que todo lo técnicamente posible se puede realizar y a legitimar la cosificación y el uso de unas personas por otras.

3.- A todo lo anterior se añade, que con el llamado «útero de alquiler» se convierte la maternidad en objeto de comercio, que se compra y se vende. La mujer queda reducida a un simple instrumento, un «útero» a disposición del contratante, abriendo el camino a la explotación y a la comercialización de la persona humana. El contrato se culmina con la entrega del niño. Como afirma el Papa Francisco: «la dignidad del hombre y de la mujer también se ve amenazada por la práctica inhumana y cada vez más extendida del «vientre de alquiler», en la que las mujeres, casi siempre pobres, son explotadas, y se trata a los niños como mercancías»[3].

III.- La vida como don y el interés superior del menor

1.- Una vida humana es un don y no un derecho. «La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la «producción» del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción»[4].

No existe un «derecho a la procreación» y por tanto un «derecho al hijo». La voluntad reproductiva no puede anular la gestación ni la maternidad. Recordemos lo que afirma la Conferencia Episcopal Española al decir que «La separación entre procreación y sexualidad representa una herida profunda a la naturaleza humana y a la familia. A la naturaleza, porque transforma al hijo en un producto, insinuando la idea de que la vida pueda ser una producción humana. A la sociedad, porque la nueva vida presupone solo una capacidad técnica y no un contexto de amor de esposos que quieren ser padres… La familia natural es así deconstruida y reconstruida artificialmente de muchas formas, siguiendo los deseos de cada individuo»[5]. Esto implica que hay que favorecer «los derechos del niño a una familia compuesta por un hombre y una mujer unidos por un pacto duradero de amor recíproco»[6].

2.- El bien del niño. Ninguna vida humana debe ser considerada como un producto o un bien de consumo. La vida de ningún niño nunca debe ser tratada como algo sometido al tráfico y al comercio. Debería buscarse en primer lugar el bien del menor, y no que éste quede supeditado al deseo de los comitentes y a su decisión. Por otro lado, la posibilidad de abandono de niños (real, sucedida en algunos países por partos gemelares, por patología o por preferencia de sexo), supone una grave marginación que atenta contra el principio de no discriminación del menor o de toda persona discapacitada.

También debemos tener presente que cada vez aparecen más datos científicos destacando la importancia que para la salud física y psicológica tiene la relación materno filial en la gestación. Esto, por el bien del niño, nos obliga a ser aún más precavidos a la hora de aprobar los úteros del alquiler.

Hay que priorizar el bien de los niños gestados por la maternidad subrogada, buscando la mejor solución acerca de su estatus jurídico, siendo conscientes que tienen toda la dignidad y merecen ser acogidos y respetados. Un niño, independientemente de cómo haya sido concebido, ha de ser amado y respetado en sus derechos.

Teniendo presente que en la actualidad «el derecho a decidir y el deseo-sentimiento adquieren categoría jurídica al servicio de la construcción de un nuevo modelo social, para lo que es preciso «deconstruir» lo esencial del sistema vigente»[7], es necesario recordar la afirmación de S. Juan Pablo II: «para el futuro de la sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover»[8]. Por eso, creemos que es necesaria una legislación que impida esta práctica de la maternidad subrogada.

Que Santa María, Madre de la Vida, nos ayude a acoger y defender el don de la vida, promoviendo la dignidad de cada persona humana.

[1] BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida, 13 de febrero de 2010.

[2] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Donum Vitae.

[3] PAPA FRANCISCO, Discurso a los miembros de la Federación de Asociaciones de Familias Católicas de Europa, 10 de junio de 2022.

[4] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Dignitas Personae nº 16.

[5] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, «El Dios fiel mantiene su alianza» nº 61

[6] Idem.

[7] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, «El Dios fiel mantiene su alianza» nº 39

[8] SAN JUAN PABLO II, Encíclica Evangelium Vitae nº 71.

7 comentarios

Horacio Castro
Se entiende que lo que se procura es la prohibición e incluso la persecución penal del comercio infame de la "maternidad" subrogada. Del texto podría interpretarse que también se trata de la fertilización un vitro que es una práctica instalada y naturalizada en varios países. Esto sería un inconveniente para lograr leyes oportunas y eficaces contra el "alquiler de vientres". Debe tenerse en cuenta también, que se niega- con fundamentos cientificos- que el embrión todavía no implantado en el seno de quien será su madre, sea uno o más individuos (persona/s) humanos. Todavía hoy es necesario defender que el embrión in vitro tiene dignidad humana que hace inmoral su utilización, por ejemplo, en hibridaciones o en experimentos que no estén destinados a su desarrollo.
21/04/23 4:37 PM
Carlos
Creo que la Iglesia debe poner el foco en el aborto. Eso sí es un grave problema.
No deben seguirle el juego a Irene Montero y las feministas pro aborto que odian que nazcan bebés porque quieren sustituir la población autóctona con inmigración.
La maternidad siempre es buena, mejor que una mujer se ofrezca a ayudar a la otra a tener un hijo a que le ayude a abortar. No debe perderse el tiempo en esto cuando mueren tantos por el abortismo
21/04/23 7:29 PM
Una por aquí
@ Carlos: el tema es que también mueren embriones en procesos de gestación subrogada, porque la fecundación in vitro (que no la inseminación artificial) hace que se fecunden en el laboratorio varios embriones y se implanten los de mayor calidad. La pregunta es qué pasa con el resto de los embriones, que se quedarán congelados o quien sabe si destruidos. Al final es matar a una persona fuera del seno materno.
21/04/23 9:19 PM
Horacio Castro
Carlos. En vez de la "subrogación altruista" que Ud. propone, existe el trámite de dar en adopción con intervencion del Estado. Es conveniente no dejar ninguna puerta abierta al crimen del "alquiler de vientres".


21/04/23 11:21 PM
Cos
Carlos, los vientres de alquiler son un práctica repugnante y absolutamente inmoral, que supone la desnaturalización de la relación madre e hijo. Solo es concebible en cabezas desestructuradas o malvadas.
22/04/23 1:07 AM
Generalife
Han hablado muuy clarito los obispos
22/04/23 8:47 AM
Pedro de Madrid
La iglesia predica pero no llega al fondo de la cuestión y por ello no le hacen caso.
22/04/23 12:48 PM

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