Francisco: «Les pido a todos, con el corazón en la mano: ayudemos a Sudán del Sur, no dejemos sola su población»

Encuentro con los refugiados en el país africano

Francisco: «Les pido a todos, con el corazón en la mano: ayudemos a Sudán del Sur, no dejemos sola su población»

En el marco de su peregrinación ecuménica por la paz, el papa Francisco se reunió con refugiados en Sudán del Sur, los tristes protagonistas de la mayor crisis alimentaria de toda África, que afecta a ocho millones de personas y bloquea las puertas de una paz verdadera.

(Aica/InfoCatólica) Secundado por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y por el moderador de la Iglesia de Escocia, Iaian Greenshields, el pontífice hizo suyas las preguntas de Joseph, uno de los desplazados: «¿Por qué estamos sufriendo en un campo para desplazados? ¿Por qué tantos niños y jóvenes como tú están allí, en vez de ir a la escuela a estudiar o a un hermoso lugar al aire libre a jugar? Tú mismo nos has dado la respuesta, diciendo que es ‘por los conflictos que atraviesa actualmente el país’».

«Estoy con ustedes, sufro por ustedes y con ustedes», clamó Francisco, denunciando que «lamentablemente en este país martirizado ser desplazado o refugiado se ha convertido en una experiencia normal y colectiva».

En ese sentido, quiso renovar «con todas las fuerzas, el más apremiante llamamiento a que cese todo conflicto, a retomar seriamente el proceso de paz para que finalicen las agresiones y la gente pueda volver a vivir de manera digna».

«Sólo con la paz, la estabilidad y la justicia podrá haber desarrollo y reintegración social», añadió. «Pero no podemos esperar más. Un gran número de niños nacidos en estos años sólo ha conocido la realidad de los campos para desplazados, olvidando el ambiente del hogar, perdiendo el vínculo con la propia tierra de origen, con las raíces, con las tradiciones».

«No puede haber futuro en los campos para desplazados», repitió el papa, recordando el testimonio de Johnson. «Es necesario crecer como sociedad abierta, mezclándose, formando un único pueblo atravesando los desafíos de la integración, también aprendiendo las lenguas habladas en todo el país y no sólo en la propia etnia», pidió.

«Es necesario abrazar el maravilloso riesgo de conocer y acoger a quienes son diferentes, para volver a encontrar la belleza de una fraternidad reconciliada y experimentar la aventura impagable de construir libremente el propio futuro junto al de toda la comunidad», propuso el sucesor de Pedro, quien invitó a «evitar la marginalización de grupos y la segregación de seres humanos. Pero para satisfacer todas estas necesidades se necesita paz. Y la ayuda de muchos, de todos».

Francisco quiso centrarse en las madres: «Las madres, las mujeres son la clave para transformar el país». Por ello, rogó «por favor, protejan, respeten, valoren y honren a cada mujer, niña, adolescente, joven, adulta, madre, abuela. Si no, no habrá futuro».

«Nosotros hoy, encontrándonos con ustedes, quisiéramos dar alas a vuestra esperanza. Creemos que ahora, también en los campos para desplazados, donde, lamentablemente, la situación del país los obliga a estar, puede nacer, como de la tierra desnuda, una semilla nueva que dará fruto», sostuvo.

«Ustedes son la semilla de un nuevo Sudán del Sur, la semilla para un crecimiento fértil y lozano del país; ustedes, de las distintas etnias, ustedes que han sufrido y están sufriendo, pero que no quieren responder al mal con otro mal», subrayó el pontífice.

«Ustedes, que eligen desde ahora la fraternidad y el perdón, están cultivando un mañana mejor. Un mañana que nace hoy, allí donde están, de la capacidad de colaborar, de tejer tramas de comunión e itinerarios de reconciliación con quienes, aun siendo de diferentes etnias y procedencias, viven junto a ustedes».

Por eso, repitió: «Sean ustedes semillas de esperanza, en las que ya se percibe el árbol que un día, esperemos cercano, dará fruto. Sí, ustedes serán los árboles que absorberán la contaminación de años de violencia y restituirán el oxígeno de la fraternidad».

Es verdad, ahora están «plantados» donde no quieren, pero precisamente en esta situación de sufrimiento y precariedad pueden tender la mano al que está a su lado y experimentar que están enraizados en la misma humanidad; de ahí es necesario recomenzar para redescubrirse hermanos y hermanas, hijos en la tierra del Dios del cielo, Padre de todos.

«Aunque los conflictos, la violencia y los odios hayan arrancado los buenos recuerdos de las primeras páginas de la vida de esta República, sean ustedes los que vuelvan a escribir la historia de paz», animó el sucesor de Pedro.

«Les pido a todos, con el corazón en la mano: ayudemos a Sudán del Sur, no dejemos sola su población, que tanto ha sufrido y sigue sufriendo», culminó Francisco, quien también quiso recordar a los refugiados sursudaneses que están fuera del país. «Estoy cerca de ellos y espero que puedan volver a ser protagonistas del futuro de su tierra, contribuyendo a su desarrollo de manera constructiva y pacífica».

 

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