El cristiano ha de tener paz y dar paz

«Álvaro del Portillo amaba y apreciaba todos los carismas de la Iglesia»

El próximo 27 de septiembre, el cardenal Angelo Amato beatificará en Madrid a Álvaro del Portillo. El primer sucesor del Fundador del Opus Dei será proclamado beato en una ceremonia a la que se esperan personas de más de 50 nacionalidades.

(SIC/InfoCatólica) Con este motivo Agencia SIC ha entrevistado al sacerdote José Carlos Martín de la Hoz, vicepostulador de la Causa.

Además de ser una de las personas que ha llevado adelante el proceso de Beatificación, usted conoció y trató a Álvaro del Portillo ¿Qué le supone ver «una cara conocida» cuya santidad será públicamente reconocida?

Gozo. El gozo de quien ha conocido a un Siervo de Dios, de ver cómo el proceso va avanzando y que el recuerdo que uno tiene, los favores, se van contagiando a personas de toda clase y condición es de una alegría muy grande.

Como Vicepostulador de la causa de Don Álvaro, ha estudiado a fondo todos los aspectos de su vida. En este sentido ¿qué virtudes destaca del futuro beato?

La mera observación de una estampa, una hoja informativa, o un vídeo enseguida se percibe esa cara de paz cuando estabas con él, lo que se traslucía era que tenía una gran paz interior y por lo tanto es lo primero que nos sirve como modelo: que los cristianos tenemos que tener paz y dar paz. Esa paz que Álvaro del Portillo adquirió con su vida intensa de oración, la Eucaristía, el trabajo… con su capacidad de encajar los golpes de la vida en la oración. En ese sentido no era una paz fruto, simplemente, de un temperamento sino una paz adquirida a través de una conversación íntima con Dios.

Una de las características más sobresalientes de Álvaro del Portillo fue su trabajo en la Iglesia, era un «hombre de Iglesia» ¿Cómo fue su relación con las distintas congregaciones, caminos de santificación en sus diversos trabajos para el Vaticano?

Una de las cosas que Don Álvaro aprendió de San Josemaría fue el ser un hombre de comunión. Amaba todos los carismas de la Iglesia universal, vivía el suyo con fidelidad pero amaba y apreciaba todos los carismas de la Iglesia. Por eso es un hombre que, en los diversos encargos que tuvo en la Santa Sede: Doctrina de la Fe, Causa de los Santos, Derecho, religiosos… en su trabajo como consultor de varias congregaciones o como perito conciliar en el Concilio Vaticano II, las diferentes personas con las que trataba: miembros de congregaciones religiosas o de nuevas realidades eclesiales…, notaban en él que amaba a la Iglesia, por lo que amaba sus distintos carismas y alentaba a todos a ser muy fieles a lo que Dios les pedía.

Durante estos años, se han dado a conocer numerosos milagros atribuidos a la intercesión del Siervo de Dios Álvaro del Portillo ¿Qué destaca en estos favores?

Lo que llama la atención es que, con el paso de los años, desde el año 1995, los favores han ido «evolucionando»; son los propios de las necesidades de los hombres y mujeres de cada momento de la historia: llegan muchos favores a la Vicepostulación: problemas de paro, de conciliación familiar, entre padres e hijos… los problemas que hoy día tenemos. En ese sentido es maravilloso comprobar cómo funciona la comunión de los santos veinte siglos después. Los santos son los intercesores naturales que tenemos los cristianos para pedir a Dios los favores normales que tenemos todos en nuestra vida.

Álvaro del Portillo, aunque era natural de Madrid, vivió y falleció en Roma ¿Por qué se ha escogido Madrid como sede de su Beatificación’

En primer lugar las beatificaciones suelen celebrarse en el lugar donde se ha desarrollado la causa del beato: la diócesis de nacimiento, o de muerte o donde ha vivido… y suele estar presidida por un legado pontificio. Durante el pontificado de Juan Pablo II, el asumió también las beatificaciones para viajar por el mundo entero proponiendo a los cristianos modelos de hoy de santos y beatos.

¿Cuál cree que es el mensaje de esta beatificación para todos los católicos?

Creo que Don Álvaro dice cuatro cosas al hombre de hoy. La primera que el cristiano ha de tener paz y dar paz, en segundo lugar que hemos de ser hombres de compasión, hombres misericordiosos, preocupados por el desarrollo de la dignidad humana y por último, hombres de comunión, que amemos a la Iglesia y que sepamos unir a todos los carismas de la Iglesia en esa ilusión común de llevar al mundo entero un mensaje de esperanza, de alegría y de paz.

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8 comentarios

Iñaki Iraola
Un hombre con una cabeza privilegiada que supone poner todos los talentos en servicio de la Iglesia y del Opus Dei. Como dicen ahora los chavales: !Grande!
21/07/14 10:28 PM
Hno.Nelson Maria
Cuando se estudia la vida de los santos nombrados por la santa iglesia durante las ultimas cinco
decadas,es extraordinario conocer la vida y obra de Mons. Alvaro del Portillo. Una figura que trasciende la obra del Opus Dei para convertirse en un ejemplo universal. Su rostro, sus palabras y su labor son un verdadero reflejo de lo que debe ser un hombre de DIOS.
21/07/14 11:33 PM
Liliana
¡Una maravilla, conocer la vida del futuro Beato!. Algo que me llama la atención: NO SE RESERVÓ NADA PARA SÍ MISMO. Siempre pensaba en los demás, en la Iglesia en la Obra.
Es un modelo muy actual de santidad y entrega a los otros.
22/07/14 1:42 AM
david
Que el futuro beato nos ayude a tener esa paz interior que tantos necesitamos en nuestros días.
22/07/14 11:10 AM
Blanca
Para los que deseen acercarse a la vida de este extraordinario hombre de Dios, les recomiendo la biografía de Javier mediana Bayo: "Álvaro del Portillo. Un hombre fiel", en Rialp
22/07/14 11:12 AM
Ruso
Entonces no se como es que la única vocación que te planteaban en el colegio del Opus Dei al que asistí, fuese la de numerario de la obra, ni sacerdote diocesano, ni religioso, ni monje, todos teníamos vocación solo al Opus Dei.

Al final 7 de mi clase terminaron de numerarios y solo quedan 2.
22/07/14 11:28 AM
María del Carmen García Zepeda Vizcaíno
Es asombroso conocer la capacidad intelectual.social,afectiva y de sacrificio de este hombre de Dios. Leí el libro de Un hombre fiel y me asombró su gran humildad.¡Qué gran bien para la Iglesia! Ojalá muchos conozcan su vida tan edificante.
23/07/14 2:21 AM
carmen
Lo conoci personalmente en un viaje suyo a Varsovia: lleno de paz, con muy buen humor y una exquisita preocupacion por cada persona, hasta en los detalles que una madre carinosa y exigente hubiera tenido.Una sencillez y humildad encantadoras.Un ejemplo que uno quiere imitar.Los santos nos animan a ser mejores.Gracias y que la beatificacion ayude a muchos a serlo.
26/07/14 9:01 PM

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