(Per Mariam/InfoCatólica) «Si ella hubiera rechazado su Fiat, todos habríamos permanecido perdidos para la eternidad». Con esta afirmación, el Cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, defendió la legitimidad del título de «Corredentora» para la Virgen María durante el congreso internacional de mariología De Maria numquam satis («De María nunca se dirá bastante»), celebrado en Roma, junto al Vaticano, los días 7 y 8 de octubre.
El purpurado alemán sostuvo que, cuando María es llamada «Corredentora» en la piedad y la teología católicas, «esto no es ni una atribución engañosa ni una exageración entusiasta, sino una verdad objetivamente contenida en la revelación».
El sí de una sola mujer
En su intervención, titulada «La cooperación de la Santísima Virgen María en la Redención», el Cardenal partió del misterio de la Encarnación. «Dios hizo depender el cumplimiento de su voluntad salvífica en la Encarnación, la Cruz y la Resurrección de su Hijo del libre consentimiento de una sola mujer, confiando así la salvación de toda la humanidad a su corazón virginal y materno», afirmó.
La naturaleza humana de la Madre de Dios, explicó, no es una abstracción filosófica ni un mero instrumento de procreación biológica, sino la naturaleza espiritual de una persona libre. Por eso su Fiat no fue la ejecución obediente de una orden, al modo militar, sino la respuesta de quien había sido preservada del pecado original y preparada por la gracia. Ese sí, precisó, «no fue una elección arbitraria entre dos posibilidades equivalentes, sino el cumplimiento de su amor purísimo». Con las palabras «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), María se declaró dispuesta, «en la libertad obrada por la gracia», a cooperar con la voluntad salvífica de Dios hasta la cruz y la resurrección de Cristo.
«Cristo, en su naturaleza humana nacida de María (que, sin embargo, está hipostáticamente unida a su divinidad y hace así de María la Madre de Dios), es el Redentor y el Mediador entre Dios y los hombres», señaló. «Y por esta razón, en este sentido, también María, por su cooperación constitutiva en la Encarnación, está indisoluble e íntimamente unida a la obra de la redención». El cuerpo que colgó de la cruz, añadió, es el mismo que nació de ella para la salvación del mundo.
La raíz de la diferencia con el protestantismo
El Cardenal Müller situó la cuestión en el terreno de la antropología cristiana. Recordando al teólogo Johann Adam Möhler, de la escuela católica de Tubinga, que en su obra Symbolik (1832) atribuyó las diferencias doctrinales entre católicos y protestantes a su concepción del hombre, explicó que para la fe católica la gracia no solo diviniza al hombre, sino que sana su naturaleza y la hace capaz de cooperar con Dios.
Apoyándose en Santo Tomás de Aquino y en la afirmación paulina «somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostuvo que Dios se sirve de causas intermedias «para comunicar también a las criaturas la dignidad de la causalidad». De ahí que, a su juicio, la mariología sea «la culminación de la antropología católica y el criterio de la ortodoxia católica».
Por ello rechazó que el título deba abandonarse para evitar objeciones protestantes. «Este título no debe silenciarse a causa de su rechazo por parte de los protestantes», quienes, según dijo, conciben la redención sin la libre participación del hombre, «sino que requiere una explicación en el contexto global de la obra divino-humana de la redención».
Un título que se entiende por analogía
El prefecto emérito subrayó que el título debe entenderse de modo analógico, como ocurre con otros títulos cristológicos. Los bautizados son hijos de Dios por adopción sin que ello comprometa la filiación divina única de Cristo, y los sacerdotes son mediadores entre Dios y los hombres sin menoscabar que Cristo sea el único Mediador (1 Tm 2,5), pues ejercen ese ministerio no de modo «primario y perfecto», sino «servil y preparatorio», según la expresión de Santo Tomás.
Tampoco considera válida la objeción de que el título surgió solo en la Baja Edad Media, porque la presencia de una verdad en la Revelación no debe confundirse con su formulación conceptual, del mismo modo que la fe en la Encarnación precedió en siglos a la fórmula de la unión hipostática.
Retomando la tipología de San Ireneo de Lyon, presentó a María como la nueva Eva, cuya obediencia y fe responden a la desobediencia de la primera mujer, y como modelo para todo bautizado, llamado a cooperar «en el espíritu de María» para que todos participen de la redención de Cristo. El principio numquam satis de Maria, concluyó, «no tiene nada que ver con el maximalismo mariológico», sino que expresa la verdad de la fe católica frente al gnosticismo.
Casi un año después de Mater Populi Fidelis
La intervención llega casi un año después de que la Santa Sede publicara la nota doctrinal Mater Populi Fidelis, que considera «siempre inoportuno» el uso del título de «Corredentora» en el lenguaje oficial de la Iglesia y en la liturgia, porque «corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo y puede, por tanto, generar confusión». El texto de la ponencia del Cardenal Müller no menciona expresamente la nota.








