(InfoCatólica) En Italia se han dado varios casos últimamente de obispos que actúan conforme a sus deberes canónicos y deniegan públicamente funerales católicos a los «pecadores manifiestos» según lo establecido por el canon 1184, para evitar el escándalo de los fieles. En Francia, en cambio, la práctica habitual de los obispos es permitir esos funerales, diga lo que diga el Código de Derecho Canónico. Sobre todo si se trata de personajes importantes.
Según informa Tribune Chretienne, ayer jueves 1 de octubre se celebró el funeral católico del actor y director de cine Arnaud Nenis en la iglesia de San Roque de París. El fallecido se consideraba católico y su familia pidió el funeral. ¿Cuál era entonces el problema? Que no murió de causas naturales, sino tras haber recurrido a la eutanasia en Bélgica, donde hace años que se legalizó esta práctica inmoral.
La iglesia de San Roque está tradicionalmente muy vinculada al mundo artístico y su párroco justificó el funeral señalando simplemente que así lo había pedido la familia del actor. El caso, sin embargo, entra de lleno en lo prohibido por el Derecho Canónico como escandaloso, ya que Arnaud Denis dio a conocer públicamente su intención de pedir la eutanasia, explicándola y justificándola con una «amplia repercusión mediática» según Tribune Catholique.
La eutanasia es considerada un suicidio y, por lo tanto, un grave mal intrínseco por la Iglesia, según indica la carta Samaritanus bonus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Como, por su propia naturaleza, el suicidio excluye la posibilidad de arrepentimiento externo (el interno solo lo conoce Dios), quien lo comete muere en estado de «pecador manifiesto» y, según el Código de Derecho Canónico, no debe tener exequias católicas, aunque se pueda y se deba rezar por él.
Lejos de ser una falta de caridad, la práctica de prohibir las exequias católicas a los pecadores manifiestos es una muestra de caridad pastoral para con los demás fieles, que pueden verse escandalizados por esas exequias de quien rechazó abierta y firmemente en vida la moral de la Iglesia. Asimismo, permitir esas exequias enviaría el mensaje de que, en realidad, ese pecado no es grave, difuminando así el sentido moral de los fieles, como de hecho ha sucedido en nuestro tiempo.
Por otra parte, el caso francés, que es uno de muchos, muestra que existe en la Iglesia una situación de confusión al respecto de las exequias católicas. Lo que está prohibido en Italia se realiza sin problemas en Francia. Esta situación atenta directamente contra la universalidad de la Iglesia y de sus leyes. El resultado, de nuevo, solo puede ser la relativización de la importancia de la doctrina y la disciplina católicas entre los fieles.








