Beatificado Fulton Sheen, el «portero» que llevaba a las almas hasta la puerta de Dios
Beatificación de Fulton Sheen | © EWTN

«Toda mi vida gira en torno al Santísimo Sacramento»: el secreto eucarístico del nuevo beato

Beatificado Fulton Sheen, el «portero» que llevaba a las almas hasta la puerta de Dios

La mandíbula que predicó a millones de telespectadores es ya reliquia de un beato. León XIV ha elevado a los altares a Fulton J. Sheen, pionero de la evangelización televisiva, en una Misa con 50.000 fieles.

(InfoCatólica) La mandíbula que durante décadas predicó el Evangelio ante millones de telespectadores descansa ya en un relicario como reliquia principal de un beato. El Arzobispo Fulton J. Sheen (1895-1979), teólogo, profesor, predicador y pionero de la comunicación católica, fue beatificado el jueves, 24 de septiembre, en una Misa celebrada en The Dome at America's Center, en St. Louis (Estados Unidos), en la que se proclamó la carta apostólica del Papa León XIV que lo inscribe entre los beatos.

Presidió la celebración el Cardenal Luis Antonio Tagle, proprefecto del Dicasterio para la Evangelización y delegado pontificio para la ocasión, que entre los aplausos de los peregrinos definió al nuevo beato como «hijo de Illinois, hijo de los Estados Unidos de América» y, «en verdad, hijo del mundo».

En el mismo decreto, el Pontífice fijó la memoria del Beato Fulton Sheen el 9 de diciembre, aniversario de su muerte. Se espera que la fecha se incorpore al calendario litúrgico de la Iglesia en Estados Unidos.

Cincuenta mil peregrinos en St. Louis

El recinto fue elegido por la Diócesis de Peoria (Illinois), diócesis de origen del arzobispo, para poder acoger a la multitud que acudió a la beatificación y a los actos que la rodearon. Según los organizadores, unas 50.000 personas asistieron a la celebración.

El Obispo Louis Tylka, de Peoria, que lució durante la jornada la cruz pectoral de Sheen, explicó en una rueda de prensa previa que había peregrinos de casi todos los estados del país y de varias naciones más, entre ellas Italia, Polonia y Brasil. Según sus datos, participaron cerca de 90 obispos, unos 1.000 sacerdotes, alrededor de 1.600 religiosos y religiosas y casi 250 diáconos. Entre los concelebrantes se encontraba el Arzobispo Gabriele G. Caccia, nuncio apostólico en Estados Unidos.

Los ornamentos de los sacerdotes llevaban bordadas las iniciales «JMJ», la dedicatoria a Jesús, María y José con la que Sheen encabezaba sus escritos.

El rito de beatificación

La beatificación tuvo lugar entre el acto penitencial y el Gloria. Tras la petición formal del Obispo Tylka al Cardenal Tagle, Paul Cunningham, sobrino nieto del arzobispo, leyó una breve semblanza de Sheen, nacido en El Paso (Illinois) en 1895 y fallecido en Nueva York en 1979. A continuación, el cardenal proclamó en latín la carta apostólica de León XIV, que el Obispo Tylka leyó después en inglés.

Inmediatamente se descubrió un retrato del nuevo beato con aureola, que sostiene en la mano una tiza, la misma que utilizaba ante la pizarra en su programa de televisión Life Is Worth Living, premiado con un Emmy. La misma imagen se descubrió simultáneamente junto a su sepulcro, en la catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción de Peoria.

Durante la Misa, James Fulton Engstrom procesionó con sus padres y hermanos para presentar la reliquia mayor. Engstrom nació sin vida en 2010 y permaneció 61 minutos sin pulso, y su recuperación, atribuida a la intercesión de Sheen, fue reconocida como el milagro que abrió paso a la beatificación. Hoy es un joven sano de 16 años.

La reliquia es la mandíbula del arzobispo, elegida por representar sus dones como orador, maestro y evangelizador. «Se pensó que en Sheen, que hablaba con tanta elocuencia y enseñaba con la palabra y con su modo de proclamar el Evangelio, la mandíbula, de su propia boca, debía ser la reliquia principal», explicó Mons. Jason Gray, que dirigió la investigación diocesana de la causa y es hoy director ejecutivo de la Fundación Arzobispo Fulton J. Sheen.

«Bienaventurado el misionero»

Las lecturas se proclamaron en tres lenguas, la primera (Is 52,7-10) en español, la segunda (2 Cor 4,1-2.5-7) en portugués y el Evangelio (Mc 16,15-20) en inglés, mientras que la oración de los fieles se hizo en otros idiomas, como signo de la universalidad de la Iglesia y del espíritu misionero de Sheen, que fue director nacional en Estados Unidos de la Obra de la Propagación de la Fe.

En su homilía, el Cardenal Tagle presentó al nuevo beato como un «narrador de Jesús» y recordó su defensa de los pobres en el Concilio Vaticano II. En 1964, durante los debates sobre el decreto Ad gentes, el entonces obispo Sheen pidió a sus hermanos en el episcopado que «afirmaran» la pobreza y a los obispos llegados de las regiones pobres y sufrientes de la Iglesia. «Así como solo un Cristo herido pudo convertir a un Tomás incrédulo, solo una Iglesia herida por la pobreza puede convertir a un mundo incrédulo», dijo entonces.

El cardenal subrayó que Sheen, pese a su enorme popularidad y a haber acompañado personalmente a incontables conversos, nunca los consideró suyos, sino que se describía como un simple «portero» que conducía a las personas hasta la puerta abierta de la casa de Dios. «Es por haber sido un evangelizador celoso y creativo, un defensor de la misión, por lo que Fulton Sheen es llamado "beato", "afortunado" o "feliz". (…) Bienaventurado el evangelizador, convertido al contemplar y tocar las llagas de Cristo resucitado en los hermanos y hermanas heridos; bienaventurado el misionero que excava en lo hondo del corazón de los pobres para encontrar allí a Jesús. ¡Beato Fulton J. Sheen!», proclamó.

Tagle relató también cómo Sheen respondió a un amigo que le preguntaba por qué se había hecho sacerdote, que había sido llamado a contar la historia de Jesús. «Nunca me canso de contarla; nunca me canso de mejorar mi manera de contarla. Amo mi vocación».

La oración y la Eucaristía, en el centro

Horas antes, el mismo escenario acogió el «Celebrate Sheen Show», un encuentro de tres horas conducido por Katie Prejean McGrady con la participación del Obispo Tylka, del Cardenal Timothy M. Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, diócesis de la que Sheen fue obispo auxiliar entre 1951 y 1966, y de la Hna. Josephine Garrett, de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret. Los fieles rezaron el Rosario Misionero Mundial, de cuentas multicolores, que Sheen diseñó cuando era director nacional de las Obras Misionales Pontificias (1950-1966). Las Obras Misionales reunieron 75.000 rosarios hechos a mano, que fueron bendecidos y repartidos entre los asistentes.

La Hna. Garrett recordó que la oración mantuvo a Sheen «atado» a su sacerdocio y citó una reflexión suya según la cual, cuando uno está atado a un sagrario, resulta más difícil alejarse hacia otros pastos. Explicó que el sufrimiento físico, incluida la recuperación de una operación a corazón abierto, le ayudó a descubrir lo que él llamaba «zonas de su corazón en las que aún era ateo», e invitó a los presentes a rezar precisamente por esas zonas del propio corazón.

El Cardenal Dolan evocó la devoción eucarística del nuevo beato, que solía repetir que toda su vida giraba en torno a un trozo de pan ácimo del tamaño de una moneda, «el Santísimo Sacramento, la Sagrada Comunión», y animó a los fieles a repetir ante la Eucaristía, como él hacía, «Señor mío y Dios mío».

Hacia la canonización

La causa fue abierta por la Diócesis de Peoria en 2002, bajo el Obispo Daniel R. Jenky. En 2012, Benedicto XVI reconoció las virtudes heroicas de Sheen y lo declaró venerable, y en 2019 el Papa Francisco aprobó el milagro de la beatificación. Cualquier milagro atribuido a su intercesión posterior a esa fecha puede estudiarse para la canonización, y según la diócesis ya hay seis casos que podrían hacer avanzar la causa. «Rezamos por un milagro más», dijo el Obispo Tylka.

Tras la comunión, el prelado invitó a todos a rezar por la canonización y agradeció la presencia del Arzobispo Mitchell T. Rozanski, de St. Louis, y de representantes de la Archidiócesis de Nueva York, la Diócesis de Rochester y las Obras Misionales Pontificias. «Fulton Sheen nos ha dejado un gran legado. Proclamó el Evangelio sin miedo en tiempos culturales difíciles. Sostuvo las misiones de la Iglesia en todo el mundo. Ganó decenas de miles de conversos y predicó a millones. Su tiempo de oración ante el Santísimo Sacramento fue la fuente de su conocimiento del Hijo de Dios. Usó cada don que Dios le dio con un único propósito, llevar a la gente a Cristo. Y su legado es ahora el nuestro», concluyó.

3 comentarios

Néstor
Ora pro nobis.

Saludos cordiales.
25/09/26 2:54 PM
Católica
¡Gloria a Dios por el beato padre Fulton Sheen!
25/09/26 4:13 PM
Tito España
Pues ya saben todos los obispos cómo actuar para convertir a los fieles a ellos encomendados.
Ejemplos tienen mil en la historia de la Iglesia Católica. El último Monseñor Fulton J. Sheen. Solo tienen que hacer lo que él y sus antecesores hacían. Oración, predicación y ejemplo.
¡Ánimo!

Jesús, Señor, nos proteja.
25/09/26 4:20 PM

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