(InfoCatólica) Se nota que se acerca la Asamblea plenaria de los obispos alemanes por la frecuencia de desfachateces de la mayoría de obispos de la zona aumenta su frecuencia. El perenne silencio de Roma abona la situación.
La penúltima, el típico «sí pero no y podría ser peor»: la Iglesia «podría permitirse» ordenar sacerdotes a hombres casados, pero no a mujeres. Así lo sostiene Josef Graf, obispo auxiliar de Ratisbona, que en una entrevista defiende abrir la puerta a los llamados viri probati, hombres casados de fe probada, sin dejar de reivindicar el valor del celibato sacerdotal.
La entrevista, publicada el 15 de septiembre en el semanario dominical católico de la diócesis de Bolzano-Bresanona, recoge la opinión personal del prelado sobre algunas de las cuestiones más debatidas en la Iglesia en Alemania.
«Personalmente creo que la Iglesia podría permitirse los "viri probati". Podría conceder la ordenación a "hombres probados" con matrimonio y familia», afirmó el Obispo Graf.
Sacerdotes casados en Ratisbona
El obispo auxiliar recordó que la diócesis de Ratisbona cuenta ya con varios sacerdotes casados: antiguos pastores protestantes que se convirtieron al catolicismo y fueron ordenados con permiso de Roma, sin dejar de vivir en matrimonio y en familia.
«También reconocemos la ordenación sacerdotal de las Iglesias ortodoxas y de las Iglesias católicas orientales de rito bizantino. Estas tienen sacerdotes casados junto al estado monástico», señaló. «Podría imaginar perfectamente que la Iglesia tomara el camino de los "viri probati". Pero probablemente eso no eliminaría la escasez de sacerdotes».
El celibato, un carisma «no imprescindible»
El Obispo Graf, de 69 años, fue director espiritual del seminario durante 26 años antes de su nombramiento episcopal en 2015. En la entrevista defiende el valor del celibato, aunque niega que sea un requisito para la ordenación.
«Sigo creyendo que el celibato del sacerdote no solo tiene una gran tradición en la Iglesia católica, sino que es también un carisma útil en el ejercicio del ministerio sacerdotal», explicó.
Según el prelado, el celibato vivido con honestidad implica siempre la renuncia a la intimidad sexual y a «la comunión de vida de por vida del matrimonio, a tener hijos propios». Y añadió: «El celibato, como expresión del seguimiento de Cristo, implicará siempre también el camino de la cruz. Sin embargo, el estado no casado del sacerdote no sería una "conditio sine qua non", un requisito imprescindible, para recibir la ordenación sacerdotal».
El celibato en la Iglesia latina se inspira en el ejemplo de Cristo, que vivió célibe. Permite al sacerdote servir a su comunidad con dedicación indivisa y constituye un signo escatológico de la plenitud de la comunión con Dios, en la que «ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Mt 22,30). San Pablo VI lo describió en la encíclica Sacerdotalis Caelibatus (1967) como objeto y signo externo de una entrega completa y generosa al misterio de Cristo.
No a la ordenación de mujeres
El obispo auxiliar rechazó con firmeza la ordenación sacerdotal de mujeres, una de las reivindicaciones del Camino Sinodal alemán.
«Creo que eso no es posible. Ya solo porque tenemos una tradición distinta», afirmó. «Si un papa rompiera con esta tradición, eso conduciría actualmente a una división en la Iglesia».
Preguntado por si la tradición era el único argumento, respondió: «En absoluto. En mi opinión, existen además razones teológicas de mucho peso para que el sacramento del orden esté reservado a los varones. Enumerarlas aquí ocuparía demasiado espacio».
La Iglesia enseña que solo los varones pueden recibir válidamente la ordenación sacerdotal, doctrina declarada definitiva por San Juan Pablo II en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994), y que se aplica de forma análoga al diaconado y al episcopado.
Ordenaciones y «crisis de fe»
En 2026 se ordenaron en Alemania 30 sacerdotes, frente a los 25 del año anterior. Once de las 27 diócesis y archidiócesis del país no han tenido ningún nuevo presbítero este año; Ratisbona tuvo uno. En 1966 hubo 447 ordenaciones en todo el país.
El Obispo Graf atribuye el descenso sobre todo a la secularización y al sentimiento contrario a la Iglesia, no al celibato. «Cuando entré en el seminario en 1977, era prácticamente un honor para un pueblo y, más aún, para mis padres. Hoy, por desgracia, es distinto. La vocación sacerdotal es una profesión cuestionada; el escándalo de los abusos es la palabra clave», explicó.
El prelado puso como ejemplo a las Iglesias protestantes alemanas: «Todos nuestros temas candentes católicos, como el celibato y la ordenación de mujeres, hace tiempo que están resueltos en la Iglesia protestante en Alemania. Y, sin embargo, también sufre ahora escasez de personal y una pérdida continua de fieles».
«Lo digo sin ninguna "schadenfreude", desde luego que no. Pero se ve que la raíz de los problemas está en otra parte. Es el declive de la fe».
Fulda, en el horizonte
Las declaraciones se producen a menos de dos semanas de la asamblea plenaria de otoño de la Conferencia Episcopal Alemana, que se celebrará en Fulda del 28 de septiembre al 1 de octubre. El orden del día, el primero bajo la presidencia de Heiner Wilmer, incluye la gestación subrogada, el suicidio asistido, la donación de órganos, la inteligencia artificial y los abusos sexuales.
El Obispo Wilmer, obispo de Münster y miembro de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal en febrero. En una entrevista con Vatican News publicada el 16 de septiembre abogó por la renovación: «No debemos tener miedo a la renovación. Tampoco al espíritu de los tiempos, que nos muestra cómo anunciar bien el Evangelio hoy».
Wilmer sostuvo además que una Iglesia sinodal es esencial para Europa: «Europa necesita urgentemente una Iglesia sinodal, porque Europa se vuelve cada vez más compleja, cada vez más fragmentada. El peligro es que Europa se desmorone, caiga en un pequeño estatismo y haya escaramuzas».
Siguen pendientes de aprobación por la Santa Sede los estatutos de la Conferencia Sinodal, el controvertido órgano permanente que daría a los laicos un papel consultivo formal junto a los obispos. Wilmer remitió el texto al Vaticano el 31 de marzo. La reunión inaugural, prevista inicialmente para noviembre en Stuttgart, se ha aplazado hasta que Roma responda.








