(InfoCatólica) De ordinario, lo que escribe George Weigel es interesante y digno de tenerse en cuenta. El famoso catedrático, biógrafo de Juan Pablo II e incansable escritor católico norteamericano suele analizar los temas de forma tranquila y reposada, basándose en la recta razón y la fe y la moral católicas.
La guerra de Ucrania, sin embargo, parece suscitar en él emociones que no consigue controlar. En un artículo publicado por el National Catholic Register titulado «El Vaticano y Rusia», Weigel se desahoga contra los rusos de forma apasionada
Hablando de la visita de Mons. Paul Gallagher a Moscú a finales de agosto, en la que se reunió con altos funcionarios rusos, Weigel empieza afirmando que «los rusos marcaron la misión diplomática del arzobispo no con gestos en favor de la paz, sino intensificando sus mortíferos ataques con misiles y drones contra objetivos civiles en Kiev y otras ciudades ucranianas». Llama la atención esta curiosa unilateralidad, que calla los igualmente mortíferos ataques ucranianos contra objetivos similares en el mismo periodo, pero podría considerarse un mero olvido, de no ser porque todo el artículo sigue en el mismo tono.
Weigel continúa asegurando que «los rusos habrían asesinado» al jefe de la Iglesia grecocatólica ucraniana, el arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk, «si su guerra relámpago contra Kiev hubiera tenido éxito en febrero de 2022». El articulista no ofrece ninguna prueba de ello, algo sorprendente en una acusación de este calibre, que, si careciera de fundamento, constituiría una grave calumnia.
Posteriormente, George Weigel califica al ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, de «mentiroso experimentado y refinado, a quien no habría que creer ni siquiera si anunciara que mañana por la mañana el sol saldrá por el este». El pecado de Lavrov, en este caso, parece ser haber señalado que «las relaciones entre la Federación Rusa y el Vaticano siguen caracterizándose por «la confianza, la amistad y el pragmatismo» y haber agradecido a la Santa Sede «su postura equilibrada sobre la situación en Ucrania y las zonas circundantes».
Para Weigel, el mero hecho de indicar que la Santa Sede comprende la complejidad del conflicto ucraniano sería un «insulto tácito» y equivaldría a decir que la Santa Sede carece de principios morales. O dicho de otra forma, al comentarista norteamericano cualquier opinión sobre la guerra de Ucrania diferente a la suya le parece a priori inmoral, inadmisible e insoportable.
Lo cierto es que, como el propio Weigel entiende muy bien en otros casos, la cuestión de si una guerra es justa o no es prudencial y generalmente compleja, por lo que puede haber posturas distintas al respecto entre católicos y personas de buena voluntad. Del mismo modo que Weigel habla de «la brutal guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y su guerra híbrida contra los aliados europeos de Ucrania», otros pueden considerar que Rusia intervino para poner fin a la brutal represión militar ucraniana contra los rusoparlantes del Donbas. Es una cuestión prudencial, que se dilucida con argumentos y no con insultos o descalificaciones a priori.
Weigel, sin embargo, continúa prescindiendo de los argumentos y desahogándose con indignación: «récord de eufemismo», «tergiversaciones descaradas», «mentiras», etc. Además de las invectivas dedicadas a los gobernantes rusos, también aprovecha para atacar al Patriarca ortodoxo Kirill de Moscú, a quien acusa de propagar afirmaciones «heréticas y blasfemas» en defensa de la «guerra de Putin». De nuevo, sin aportar pruebas de ello. Asimismo, Weigel afirma que Kirill no es un líder religioso, sino «un testaferro del Kremlin que ha supeditado su Iglesia al poder estatal ruso y, en el proceso, ha traicionado el Evangelio».
Finalmente, Weigel se rasga las vestiduras porque Mons. Gallagher afirme que existe una «relación muy cordial y fraternal» entre el responsable de relaciones exteriores del Patriarcado de Moscú y la Santa Sede. «¿Cómo es posible?», se pregunta Weigel, sugiriendo que el Vaticano no está diciendo «la verdad al poder».
¿Cómo es posible, podría preguntarse un observador imparcial, que Weigel haya llegado a identificar sus opiniones prudenciales particulares con la moral, la justicia y la verdad absolutas? Es normal que un católico tenga simpatía por los católicos del oeste de Ucrania y que un norteamericano instintivamente defienda la postura de su país, pero la filosofía católica siempre ha defendido a capa y espada que simpatías e instintos no pueden sustituir a la razón.








