(InfoCatólica) En muchos países, incluida España, numerosos obispos muestran una inexplicable aversión a participar en las marchas por la vida y contra el aborto e incluso miran con desconfianza esas iniciativas. En cambio, sin complejos ni dubitaciones, los obispos católicos de Eslovaquia han decidido apoyar unánimemente la Marcha Nacional por la Vida, que tendrá lugar el próximo domingo 20 de septiembre en Bratislava. La iniciativa, que ya contó el año pasado con el respaldo de la archidiócesis de Bratislava, recibe ahora el apoyo de todos los obispos del país.
En una carta pastoral leída el pasado 13 de septiembre en las iglesias eslovacas, los prelados invitan a los fieles a participar en la marcha como una expresión pública de respeto por la vida humana y por su Creador: «nosotros, los obispos, hemos asumido con gusto el patrocinio de la Marcha Nacional por la Vida, a la que invitamos a todos a Bratislava el domingo 20 de septiembre». «Queremos caminar juntos por amor a los más indefensos», señalan los prelados.
En este contexto, no han dudado en recordar las contundentes palabras pronunciadas hace casi medio siglo por Santa Teresa de Calcuta al recibir el Premio Nobel de la Paz: «en nuestro tiempo, el aborto es el mayor destructor de la paz, porque es una guerra abierta – un asesinato directo cometido por la propia madre. Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué más se puede esperar, sino que yo pueda matarte a ti y tú a mí? No hay diferencia entre aborto y matar mutuamente...».
Los obispos eslovacos se alegran de que el número de abortos en Eslovaquia esté disminuyendo, pero recuerdan que «los niños no se reducen a estadísticas; el hecho es que cada niño, como ser humano pleno, merece protección desde el momento de la concepción». Por ello, tanto las iniciativas concretas de ayuda a las mujeres embarazadas como la legislación deben orientarse a proteger la vida humana «desde la concepción hasta la muerte natural».
Por otra parte, señalan que el aborto no es un hecho aislado, sino que está relacionado con los ataques a la familia y al matrimonio. En ese sentido, recuerdan «la belleza de la maternidad y la importancia del coraje responsable que requiere la paternidad», y piden que el Estado las respete, «incluyendo el derecho garantizado a educar a los hijos conforme a la ley divina y natural».
Sin preocuparse por lo políticamente correcto, los prelados eslovacos también exigen «respeto por el matrimonio, que no requiere una adición como ‘entre un hombre y una mujer’, ya que otras formas de relación no pueden constituir matrimonio».








