El presidente de la Academia para la Vida admite que se podría apoyar una eventual y futura «ley imperfecta» de eutanasia
El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Renzo Pegoraro

Cuando el mal menor se aplica a lo que nunca puede ser votado

El presidente de la Academia para la Vida admite que se podría apoyar una eventual y futura «ley imperfecta» de eutanasia

Niega que exista derecho alguno a la ayuda al suicidio y reclama más paliativos. Pero admite que una eventual «ley imperfecta» podría recibir el asentimiento católico. Advirtiendo que la legislación de una generación acaba siendo la moral de la siguiente, lo que convierte todavía más extraña su afirmación.

(InfoCatólica) El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Renzo Pegoraro, ha sostenido que no existe ningún derecho a la ayuda al suicidio y que la medicina no puede convertirse nunca en una ciencia al servicio de la muerte. En la misma entrevista, sin embargo, ha planteado que si el Parlamento italiano aprobara una «ley imperfecta» sobre el final de la vida, «sería en todo caso moral dar el propio asentimiento», ante la posibilidad de que se aprobaran en cambio normas más permisivas y lesivas para la dignidad del enfermo. Es esta última afirmación la que ha suscitado alarma en ámbitos católicos.

Las declaraciones, recogidas por Francesco Ognibene en el diario italiano Avvenire el 6 de septiembre, llegan pocos días después de la aprobación por el Consejo Regional del Véneto de una ley sobre el suicidio asistido, la tierra de origen y formación del propio prelado, recientemente creado arzobispo.

Aunque su rechazo de fondo sea explícito no es sencillo imaginárselo manteniendo las mismas restricciones mentales sobre una ley de expulsión de todos los inmigrantes o de promoción de la quema de carbón.

«Ningún derecho a la ayuda al suicidio»

Pegoraro comienza precisando el marco jurídico. En Italia sigue vigente el delito de ayuda al suicidio, que nunca fue suprimido del Código Penal. En situaciones puntuales y circunscritas, ese delito quedó despenalizado por la sentencia 242/19 del Tribunal Constitucional, que a su vez reclamó la intervención del legislador. Las regiones, subraya, no pueden hacer otra cosa que regular un procedimiento.

Sobre la norma véneta se muestra crítico: convenía tomarse más tiempo y escuchar a las realidades territoriales que atienden a los enfermos y sostienen la red de cuidados paliativos. «La prisa nunca es buena consejera», afirma, y menos aún cuando se legisla sobre el sentido mismo de la vida. Reconoce, no obstante, un elemento positivo en el texto: la obligación del ente público de ofrecer un itinerario de cuidados paliativos y apoyo psicológico, así como la «posibilidad de recibir información relativa a las entidades que persiguen estatutariamente finalidades de tutela de la vida».

Su rechazo de fondo es explícito. «No existe ningún derecho a la ayuda al suicidio», afirma. Y añade que, para el Magisterio de la Iglesia, todo profesional sanitario debe comprometerse siempre en salvar la vida y en acompañar el último tramo de la existencia, «y nunca en provocar la muerte o colaborar al suicidio». Del suicidio, recuerda, siempre se ha buscado la prevención, jamás el sostén.

La medicina no puede servir a la muerte

Preguntado por si el debate puede alterar la idea misma de la medicina, el presidente de la Academia responde que ninguna visión de la ciencia médica podrá contemplarla jamás como ciencia al servicio de la muerte. En situaciones límite solo cabe hablar de dejar morir, evitando tratamientos inútiles o desproporcionados y el ensañamiento terapéutico. Ya hoy es legítimo que el enfermo rechace o suspenda todo tratamiento y que se le acompañe con sedación profunda cuando resulte necesaria.

El diagnóstico que hace del entorno cultural es severo. Vivimos, dice, en un tiempo en que el valor de la vida parece disminuir sin cesar, con signos evidentes de esa «sociedad del descarte» señalada por el Papa Francisco y retomada con igual decisión por León XIV. No se hace nacer la vida, no se acoge la del migrante, entra en crisis la de los ancianos, no se sabe hacer madurar la de los jóvenes. En ese cuadro, los enfermos graves corren mayor riesgo, porque exigen a unos días frenéticos la capacidad de detenerse y gastar tiempo, recursos y afecto. La medicina verdadera, concluye, cuando ya no puede curar sigue siempre cuidando.

Sobre la advertencia del patriarca de Venecia, monseñor Francesco Moraglia, según la cual con la ley véneta «un cierto modelo de cercanía humana ha resultado herido y limitado», Pegoraro identifica ese modelo con la compasión evangélica del Buen Samaritano: acercarse, permanecer junto a quien sufre, aliviar el dolor, sostener el sentido de la vida incluso en su fase terminal. La petición de anticipar el final, sostiene, es con frecuencia demanda de vida cuidada, de eliminación del dolor, o nace del temor a ser una carga. Es una petición de no ser dejado solo. Y aporta un dato de su tierra: algunas personas que habían solicitado el procedimiento de suicidio asistido decidieron seguir afrontando la enfermedad tras recibir acompañamiento, cuidados paliativos e información detallada sobre lo que el sistema sanitario podía ofrecerles.

«Menos armas y más cuidados paliativos»

Sobre la necesidad de una ley nacional, su respuesta es negativa o, al menos, no evidente. El Parlamento es soberano y libre, y el Tribunal solo puede indicar la oportunidad de una norma, indicación que no es vinculante. ¿Hace falta una ley para uniformar los limitados cambios introducidos por la Consulta? «No es evidente», responde. Recuerda que la ley sobre consentimiento informado y declaraciones anticipadas de tratamiento y la ley sobre cuidados paliativos permiten ya afrontar la mayor parte de las situaciones personales de los enfermos graves.

Lo que sí reclama es que Italia asuma la obligación de proponer a todos los ciudadanos itinerarios de cuidados paliativos, con la carga de encontrar la financiación correspondiente. «Menos armas y más cuidados paliativos», resume. No se trataría de un trueque, argumenta, sino de un mensaje preciso: es la propia Constitución la que obliga al Estado a hacerse cargo del enfermo. Un Estado laico no es en absoluto un Estado indiferente ante el enfermo.

Y advierte sobre la eventual norma nacional: habría que vigilar que no desborde el estrecho margen fijado por los criterios del Tribunal Constitucional.

El pasaje que ha generado inquietud

Es en ese punto donde introduce la afirmación que ha provocado reacciones. Desde el lado católico, dice, se trata de valorar si estaremos ante una «ley imperfecta», a la que «sería en todo caso moral dar el propio asentimiento», habida cuenta de que el Parlamento podría aprobar con prontitud leyes más permisivas y libertarias, mucho más lesivas para la dignidad del enfermo y para el valor de la vida.

Expertos consultados objetan que la formulación es prudente en la forma pero equívoca en el fondo: pasaría a ser admisible respaldar una ley que organiza el suicidio asistido siempre que se presentara como más restrictiva que una alternativa. La lógica del mal menor no resulta aplicable cuando está en juego un acto intrínsecamente injusto. Cabe legítimamente limitar los daños de una ley mala ya vigente o impedir que se agraven sus disposiciones, pero es cosa distinta votar o promover una norma que introduce por primera vez en el derecho el principio de la ayuda al suicidio.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el suicidio es gravemente contrario al amor debido a uno mismo, al prójimo y a Dios, y condena asimismo la cooperación voluntaria al suicidio. San Juan Pablo II, en Evangelium vitae, califica la eutanasia como una «grave violación de la ley de Dios». El mismo análisis aborda el número 73 de esa encíclica, habitualmente invocado en estos debates: el Pontífice explica allí que un parlamentario puede apoyar lícitamente iniciativas dirigidas a limitar los efectos nocivos de una ley injusta cuando resulta imposible derogarla, pero ese pasaje no autoriza a votar una ley nueva que legalice lo que hasta entonces no lo estaba.

Un antecedente y una advertencia

No es la primera vez que el presidente de la Academia se pronuncia en vísperas de una decisión legislativa. En julio de 2025, en una entrevista con La Repubblica publicada pocos días antes del inicio del debate parlamentario italiano, Pegoraro condenó el suicidio asistido como «una derrota para el enfermo, para la familia, para la medicina misma y para la sociedad», y situó a continuación la respuesta en el terreno del diálogo y la mediación. Aquella entrevista fue criticada por La Nuova Bussola Quotidiana, que reprochó al prelado asumir como marco de partida la despenalización condicionada fijada por el Tribunal Constitucional y vincular la posición eclesial a la búsqueda de un punto de mediación, fórmula ya presente en el Piccolo lessico sul fine vita publicado por la propia Academia en 2024 bajo la presidencia de monseñor Vincenzo Paglia.

Pegoraro cierra la entrevista de Avvenire con una cita del criminólogo Nigel Walker: «la legislación de una generación puede convertirse en la moral de la siguiente». Y formula la pregunta que de ella se sigue: qué moral queremos construir para los jóvenes del mañana. Es exactamente la objeción que sus críticos le devuelven a propósito de la «ley imperfecta».

17 comentarios

María del Pilar
Así se empieza...cuando al mal se le abre la puerta entra hasta el fondo. Tiempo al tiempo.
8/09/26 6:22 PM
Jordi
El relativismo ya lleva tiempo:

Cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Lunes 17 de febrero de 2025
Congreso celebrado en la Facultad / Hochschule de Teología Católica de Colonia (KHKT), Alemania.
Por videoconferencia (desde Roma).
Inauguración del congreso titulado “El fundamento católico de la dignidad humana. Programa y visión del documento romano ‘Dignitas infinita’”.
Su intervención se tituló “La dignidad ontológica de la persona en ‘Dignitas infinita’. Algunas aclaraciones”.

El cardenal reconoció que existen situaciones excepcionales de disforia grave (incluso desde la infancia) que pueden generar un sufrimiento profundo y llevar a una existencia “insoportable” o incluso al suicidio. Señaló que estas situaciones fuera de la norma deben evaluarse con mucho cuidado y con comprensión del contexto y del profundo sufrimiento de las personas afectadas.
8/09/26 6:48 PM
Francisco Javier
Ambigüedad, trabalenguas, ¿hasta cuándo?
8/09/26 7:05 PM
Francisco Javier
Pues también agregaria: la legislación de una generación puede convertirse en la moral de la iglesia modernista en decadencia, y en algunos casos ni siquiera esperan a la siguiente generación. Ya lo vemos con el aborto, gaymonio, adulterio, relaciones fuera del matrimonio tratados con ambigüedad o descarada sumisión por algunos dentro la iglesia.
Y como dijo Bergoglio: "lo importante es iniciar procesos" .
8/09/26 7:13 PM
Elena
Es tremendo que diga que aceptaría esa ley atroz
8/09/26 7:37 PM
maria
Si una persona no puede soportar su existencia o sus sufrimientos. que ponga ella sola fin a su vida. Es decir el suicidio de siempre.
Pero legalizar o reconocer a nivel legal la posibilidad que el Estado mate. Eso nunca.
La eutanasia y el aborto es el asesinato de los débiles
8/09/26 8:32 PM
Miguel A. Parra
Me parece inconcebible que desde la Academia Pontificia para la Vida se plantee la posibilidad de un voto catolico a favor de una ley de suicidio asistido "imperfecta", ni siquiera como alternativa a la posible aprobacion de leyes mas permisivas. Entiendo que en un proceso electoral como el que se plantea, con alternativas elegibles (¿todas contra de la vida?) la postura y el voto de un catolico no puede ser otro que el de afirmar la vida y denunciar la ilicitud moral de producir la muerte.
8/09/26 9:00 PM
Eduardo A. Quijano
Que difícil es mantenernos fiel y en comunión con el Papa y la Iglesia Católica. Esperamos y rogamos a Dios/Trino su intervención directa para que se reestablezca su Voluntad en el mundo y en la Iglesia.
8/09/26 10:57 PM
Alejandro Holzmann
"Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación.[...] En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos." (Evengelium vitae, 73)
8/09/26 10:58 PM
Alejandro Holzmann
Monseñor Pregoraro sigue la enseñanza del magisterio pontificio de la Evangelium vitae sobre el aborto. Ver comentario anterior.
8/09/26 11:11 PM
Nadie
Será Academia Pontificia de la muerte!
Anda que...
Que llamen a las cosas por su nombre, pero que no quieran que comulguemos con ruedas de molino y que nos traguemos mal menor por bien. Hay hechos que no permiten mal menor pq el mal no admite gradación, es un engaño.
9/09/26 1:15 AM
Néstor
Ya conocemos esta clase de entrevistas donde la única parte importante es aquella en la que dan luz verde para alguna barbaridad, y el resto está destinado a tranquilizar a los que no leen con cuidado.

Además de que no se debe hacer, de nada sirve votar una ley menos dañina, porque al poco tiempo van a aprobar otra peor. Lo único que se consigue es colaborar en el desastre.

Saludos cordiales.
9/09/26 2:48 AM
Pia
La clave es esta:
San Juan Pablo II, en Evangelium vitae, explica allí que un parlamentario puede apoyar lícitamente iniciativas dirigidas a limitar los efectos nocivos de una ley injusta cuando resulta imposible derogarla, pero ese pasaje no autoriza a votar una ley nueva que legalice lo que hasta entonces no lo estaba
9/09/26 3:49 AM
Rodríguez
Continuamente se legitiman leyes contrarias a la doctrina y la tradición simplemente por el hecho de "no nos vamos a oponer a lo que se ha decidido democráticamente" y por ahí va la sinodalidad.
La democracia se la mitifica, idolatra y a partir de ahí tienes la herramienta perfecta para cambiarlo todo.

Esa sumisión voluntaria al mundo, al mal... Esta perversión además legitimada por El Vaticano en primer término. Claro, la obediencia como justificación.

La IC convertida en azúcar de Satanás
9/09/26 7:19 AM
Fermín
Como converso cada día es más difícil estar en comunión con ustedes. No sé quién os gobierna (bueno si lo sé) pero os está liquidando el negocio.
9/09/26 7:52 AM
Rodríguez
Continuamente se legitiman leyes contrarias a la doctrina y la tradición simplemente por el hecho de "no nos vamos a oponer a lo que se ha decidido democráticamente" y por ahí va la sinodalidad.
La democracia se la mitifica, idolatra y a partir de ahí tienes la herramienta perfecta para cambiarlo todo.

Esa sumisión voluntaria al mundo, al mal... Esta perversión además legitimada por El Vaticano en primer término. Claro, la obediencia como justificación.

La IC convertida en azúcar de Satanás
9/09/26 8:22 AM
Juan Mariner
Pia, Benedicto XVI lo dejo claro-clarinete con los Principios Innegociables, y ni "mal menor" ni gaitas.
9/09/26 8:23 AM

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