Bartolomé I espera la restauración de la plena comunión con Roma
©YouTube (El Patriarca Ecuménico Bartolomé I de Constantinopla – OxfordUnion)

Constantinopla sitúa de nuevo la Pentarquía como marco del diálogo

Bartolomé I espera la restauración de la plena comunión con Roma

El Patriarca Ecuménico ha declarado en Budapest que aguarda «la restauración de la plena comunión con la Iglesia de Roma», y ha vinculado esa esperanza a la Pentarquía y al título papal de «Patriarca de Occidente», recuperado en 2024.

(InfoCatólica) El Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, declaró ante un congreso internacional de canonistas reunido en Budapest que su Iglesia aguarda la restauración de la plena comunión con la Iglesia de Roma, y situó esa esperanza en el marco de la antigua institución de la Pentarquía y del título papal de «Patriarca de Occidente», suprimido del Annuario Pontificio en 2006 y restablecido en la edición de 2024.

La intervención tuvo lugar en la clausura del 27º Congreso Internacional de la Sociedad para el Derecho de las Iglesias Orientales, celebrado bajo el lema «El Obispo de Roma: horizontes futuros desde las tradiciones antiguas para católicos y ortodoxos». El Patriarca, doctor en Derecho Canónico Oriental por el Pontificio Instituto Oriental de Roma, recordó que figuró entre los miembros fundadores de la Sociedad en 1969 y que fue su primer vicepresidente. Agradeció su labor al presidente saliente, el metropolita Grigorios de Peristeri, y felicitó al recién elegido, el profesor Péter Szabó, anfitrión del congreso.

La jornada coincidió con la inauguración en Budapest del nuevo Centro de Diálogo Cristiano Ortodoxo del Patriarcado Ecuménico, al que Bartolomé I ha dado el nombre de «Fanarion», en memoria del Fanar, sede histórica de la Iglesia de Constantinopla. El proyecto es fruto de más de una década de trabajo del metropolita Arsenios de Austria, exarca de Hungría.

Un «taller de ecumenismo jurídico»

«El "Fanarion", al igual que el Fanar, está concebido por nosotros como un hogar permanente para el encuentro interortodoxo, intercristiano e interreligioso», afirmó el Patriarca, según recoge Orthodox Times. Lo describió como un lugar de reunión para teólogos, canonistas y estudiosos de toda confesión cristiana y de otras tradiciones religiosas.

Entre los fines del centro señaló uno que, según el artículo 4 de los estatutos de la Sociedad, constituye una de sus misiones nucleares: poner la competencia canónica de sus miembros al servicio del diálogo teológico oficial entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa. Expresó su esperanza de que «Fanarion» llegue a ser «un verdadero taller de "ecumenismo jurídico"», que aporte los frutos de la investigación canónica a los trabajos de la Comisión Mixta Internacional. Los instrumentos normativos de ambas Iglesias, sostuvo, no son meros muros jurídicos que separen a quienes están dentro de quienes están fuera, sino elementos necesarios para el avance del movimiento ecuménico.

Ratzinger, Atenágoras y el primado

El núcleo doctrinal de la alocución giró en torno a la comprensión ortodoxa del primado romano. Bartolomé I recordó la fórmula acuñada por el entonces profesor Joseph Ratzinger, después Papa Benedicto XVI: «Roma no puede exigir de Oriente más de una doctrina sobre el primado que la formulada y vivida durante el primer milenio». Con esas palabras, señaló, el futuro Pontífice remitía al patrimonio patrístico común de la Iglesia indivisa como medida y criterio de cualquier comprensión actual del primado.

Esa enseñanza, añadió, había sido expresada por su predecesor, el Patriarca Atenágoras, quien el 25 de julio de 1967, con ocasión de la visita de Pablo VI al Fanar, se dirigió al Obispo de Roma como «sucesor de Pedro, el primero en honor entre nosotros, el que preside en el amor», expresión tomada del saludo de San Ignacio de Antioquía a la Iglesia de Roma. La tradición ortodoxa, explicó, entiende el primado romano como «un primado de servicio amoroso, ejercido dentro, y nunca por encima, de la comunión de las Iglesias hermanas», vinculado a la Pentarquía, en cuyo seno el Papa era reconocido como primus inter pares precisamente en cuanto «Patriarca de Occidente».

La Pentarquía y el título de «Patriarca de Occidente»

Sobre la Pentarquía, integrada por las sedes de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, citó la analogía de Anastasio el Bibliotecario, erudito romano del siglo IX, según la cual, así como el cuerpo humano se gobierna armónicamente por sus cinco sentidos, el Cuerpo de Cristo se ordena mediante la concordia de sus cinco sedes patriarcales. Invocó además la enseñanza de su director de tesis, el padre Ivan Žužek, para quien «Patriarca de Occidente» no era un título honorífico más, sino un título con contenido real y con derechos patriarcales concretos, aunque no expresión, precisó el Patriarca, de una jurisdicción universal e inmediata.

Recordó que el Patriarcado Ecuménico recibió con pesar la supresión de ese título del Annuario Pontificio de 2006, mientras se mantenían otros como «Vicario de Cristo» y «Sumo Pontífice de la Iglesia universal». Sostuvo que se trata del único título papal originado y aceptado en la Iglesia indivisa del primer milenio y orgánicamente ligado a la eclesiología de la Pentarquía, mientras que los que implican jurisdicción universal e inmediata, a su juicio, encajan mal con la noción de «Iglesias hermanas».

Lo que la Santa Sede explicó en 2006

La supresión de 2006, sin embargo, no se produjo sin explicación ni respondió a un endurecimiento de las pretensiones romanas. El 22 de marzo de aquel año, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, presidido por el cardenal Walter Kasper, publicó un comunicado que aclaraba los motivos de la decisión y concluía señalando que con esa renuncia el Papa esperaba promover el diálogo ecuménico.

El argumento era, en primer lugar, histórico. La nota recordaba que el título había sido utilizado en el año 642 por el Papa Teodoro I, que su uso se afianzó en los siglos XVI y XVII «en el marco de la multiplicación de los títulos del Papa» y que apareció por primera vez en el Annuario Pontificio en 1863. El mismo texto situaba su origen oriental en el sistema eclesiástico imperial de Justiniano (527-565), en el que el Papa era considerado patriarca de Occidente junto a los cuatro patriarcados orientales, mientras que Roma había privilegiado más bien la idea de las tres sedes episcopales petrinas: Roma, Alejandría y Antioquía.

El segundo argumento era la imprecisión del término. «El término "Occidente" no pretende describir un territorio eclesiástico, ni puede utilizarse como definición de un territorio patriarcal», señalaba el comunicado, de modo que el título únicamente describiría «la relación especial del Obispo de Roma» con la Iglesia latina. De ahí la conclusión: «el título de Patriarca de Occidente, con el paso del tiempo, se convertía en algo obsoleto y prácticamente inutilizable». El texto añadía que la Iglesia católica había encontrado ya, con el Concilio Vaticano II y a través de las Conferencias Episcopales y de sus reuniones internacionales, «el orden canónico adaptado a las necesidades actuales» para la Iglesia latina.

Decisivo es el tercer punto, que corrige la lectura más extendida en ambientes ortodoxos. «La renuncia a dicho título quiere expresar un realismo histórico y teológico, y al mismo tiempo, ser la renuncia de una pretensión, renuncia que podría ser de beneficio al diálogo ecuménico», afirmaba el comunicado. El Consejo Pontificio subrayaba expresamente que la supresión no implicaba la posibilidad de «nuevas pretensiones papales» respecto a las Iglesias de Oriente, tal como habían supuesto algunas reacciones negativas de teólogos y representantes ortodoxos. La decisión de Benedicto XVI, por tanto, se presentó desde el primer momento como un gesto ecuménico, no como una afirmación de jurisdicción.

Aquellas reacciones no se hicieron esperar. El entonces obispo Hilarión Alfeyev, del Patriarcado de Moscú, criticó la elección del Papa por considerarla expresión del deseo de afirmar aún más su pretendida jurisdicción universal, dado que los demás títulos siguen resultando inadmisibles para los ortodoxos. También el entonces metropolita de Pérgamo, Juan Zizioulas, escribió una carta lamentando el paso. Es esa memoria la que Bartolomé I ha vuelto a evocar en Budapest.

Una restauración sin explicación oficial

Respecto al restablecimiento del título, el Patriarca reveló que planteó la cuestión al Papa Francisco, quien acogió sus preocupaciones «con su característica apertura y cordialidad» y le aseguró que el título sería restablecido en el momento oportuno. La restauración llegó en la edición de 2024, después de la muerte del Papa emérito Benedicto XVI, a finales de 2022. Calificó la decisión de «un paso pequeño, pero de ninguna manera insignificante» y «un signo positivo y esperanzador».

Conviene precisar, no obstante, que ese testimonio es hasta ahora la única versión conocida sobre la intención pontificia. El título reapareció entre los que el Annuario Pontificio atribuye al Obispo de Roma en la edición de 2024, y tras su publicación el Vaticano no ofreció explicación alguna sobre la restitución. A diferencia de 2006, cuando la Santa Sede razonó públicamente la decisión mediante un documento del organismo competente, la reincorporación de 2024 se produjo sin nota aclaratoria.

Las interpretaciones disponibles proceden, por tanto, de terceros. Nikos Tzoitis, analista del Patriarcado Ecuménico, declaró a la agencia Fides que la decisión podía estar ligada a la insistencia de Francisco en la sinodalidad y a la mirada ecuménica hacia los primeros siglos del cristianismo, el milenio de la Pentarquía. En la misma línea apunta el documento de estudio El Obispo de Roma, cuya publicación aprobó Francisco en marzo de 2024, que recogía entre las sugerencias de los diálogos ecuménicos una distinción más clara entre el ministerio patriarcal del Obispo de Roma en la Iglesia de Occidente y su ministerio primacial de unidad en la comunión de las Iglesias de Occidente y de Oriente.

Una sínaxis de los cuatro tronos orientales

Bartolomé I anunció asimismo que ha dirigido una carta a los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén invitándoles a una sínaxis fraterna con ocasión de la fiesta patronal de la Iglesia de Constantinopla, el 30 de noviembre, para discernir conciliarmente los desafíos que afrontan los fieles. En ese texto describía a los antiguos patriarcados orientales como pilares de la Tradición apostólica que, junto con la Iglesia de Roma, formaron en el primer milenio la «lira de cinco cuerdas» de la Iglesia universal.

Reconoció el dolor que supone la separación entre Oriente y Occidente, una ruptura que «desgarró la túnica inconsútil del Señor», y afirmó que la privación del acompañamiento de la Iglesia de Roma durante un milenio entero acrecienta la responsabilidad pastoral de los tronos orientales. Ese pesar, concluyó, es inseparable de la esperanza: «Esperamos, por la gracia y la ayuda de Dios, la restauración de la plena comunión con la Iglesia de Roma dentro del único Cuerpo de la Iglesia una, santa, católica y apostólica», para que la Pentarquía «vuelva a estar íntegra y la "lira de cinco cuerdas" de la Iglesia universal pueda resonar nuevamente en toda la plenitud de su antigua armonía».

La Pentarquía y la Iglesia Católica

La aspiración a que la Pentarquía «vuelva a estar íntegra» admite lecturas de alcance muy distinto. Como realidad histórica, la existencia de cinco sedes patriarcales de rango eminente cuya concordia expresaba visiblemente la comunión no plantea dificultad alguna para la doctrina católica, y el propio documento de estudio El Obispo de Roma propone distinguir el ministerio patriarcal del Papa en Occidente de su ministerio primacial en la comunión de todas las Iglesias.

La dificultad aparece cuando la Pentarquía se toma como criterio normativo que mide lo que el primado romano puede ser. Para la fe católica, el primado de Pedro es de institución divina (Mt 16,18-19; Lc 22,32; Jn 21,15-17), mientras que el orden pentárquico se consolidó dentro del sistema eclesiástico imperial de Justiniano y descansa sobre cánones cuya justificación era la condición capitalina de Constantinopla, criterio que Roma nunca aceptó y que San León Magno rechazó expresamente en el caso del canon 28 de Calcedonia. La tradición romana sostuvo siempre el criterio apostólico y petrino de las sedes de Roma, Alejandría y Antioquía.

De ahí que las fórmulas de honor, «el primero en honor entre nosotros» o primus inter pares, resulten insuficientes si se toman como definición completa. El Concilio Vaticano I definió en Pastor aeternus que el Romano Pontífice posee una potestad de jurisdicción «verdaderamente episcopal» e «inmediata», a la que quedan obligados los pastores y fieles «de cualquier rito y dignidad», y anatematizó a quien sostuviera que el Papa tiene «tan solo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia». Conviene añadir que la conocida fórmula del entonces profesor Ratzinger, citada en Budapest, aparece en su obra acompañada de una condición recíproca que el discurso omite: la reunión sería posible si Oriente dejara de oponerse como heréticos a los desarrollos del segundo milenio en Occidente y aceptara a la Iglesia católica «como legítima y ortodoxa en la forma que adquirió en el curso de ese desarrollo».

13 comentarios

isasa
Visto lo visto me da la impresión de que la sola existencia de Iglesia Ortodoxa y Copta están ayudando y mucho a que la doctrina de la Católica no se cambie como muchos quieren.
7/09/26 11:24 AM
Luis Fernando
Ratzinger:
«Roma no puede exigir de Oriente más de una doctrina sobre el primado que la formulada y vivida durante el primer milenio»

Tan cierto es eso como que el dogma católico sobre el papado es absolutamente incompatible con esa realidad. La Iglesia católica enseña que el obispo de Roma es, por institución divina, sucesor de san Pedro en el primado, Vicario de Cristo, Pastor de la Iglesia universal y principio visible de su unidad. El Papa posee sobre toda la Iglesia una potestad de gobierno verdadera y propiamente episcopal, que es: Suprema, plena, universal, ordinaria, inmediata, libre.

Desde luego esa no es, ni por un casual, la doctrina que sostenía la Iglesia en el primer milenio, y no es la que vemos en el Nuevo Testamento, pero le han puesto el sello de dogma. Y en cuanto dogma, no hay vuelta atrás.

El canon 1404 del Código de Derecho Canónico establece de forma literal que "La Primera Sede por nadie puede ser juzgada". Los patriarcas sí pueden ser juzgados y despuestos por herejía.

Ratzinger tenía razón. Y por tanto, lo que Bartolomé quiere no es posible.
7/09/26 11:28 AM
Arturo
En el fondo no ha dicho nada nuevo. Primus Inter pares, la más que caduca y obsoleta pentarquía, y nada sobre la aceptación del aborto, la contracepción, las diaconisas de una de sus iglesias orientales, la aceptación del divorcio y demás problemas doctrinales. En definitiva, siguen en sus trece. Si Dios no lo remedia ésto va para muy largo.
7/09/26 11:33 AM
Varon Dan
Entonces, ¿Vaticano I inventó el primado papal?

No!!.

Sería incorrecto afirmar:

«El Papa no tenía ningún poder fuera de Roma hasta Vaticano I y entonces se inventó el papado moderno».

Hay abundante evidencia de intervenciones romanas mucho antes:

Clemente de Roma interviniendo en Corinto.
Víctor I interviniendo en la controversia pascual.
Esteban I interviniendo en la controversia sobre el bautismo de los herejes.
León Magno interviniendo decisivamente en la controversia cristológica.
Las apelaciones a Roma.
La aceptación de determinadas decisiones romanas por otras Iglesias.
La consideración de Roma como sede de referencia doctrinal.

Por tanto, había una primacía real mucho antes de Vaticano I.

Un ejemplo magnífico es Calcedonia (año 451)

El Concilio de Calcedonia es especialmente revelador.

León Magno envía su famoso Tomus ad Flavianum, y el concilio lo recibe con una enorme autoridad doctrinal. Los obispos proclaman:

«Pedro ha hablado por medio de León».
7/09/26 3:44 PM
Luis Fernando
Vaticano I no inventó el primado papal, que ya existía en el primer milenio como el propio Bartolomé reconoce. Lo que hizo fue convertirlo en algo que no tiene nada que ver con lo que fue en ese primer milenio y lo que es el ministerio petrino en la Escritura. Y eso lo sabía Ratzinger.
Cuando tú alteras la naturaleza de las cosas, las perviertes. Y eso fue lo que ocurrió. Y sus consecuencias son tan evidentes, especialmente desde el anterior pontificado pero no solo, que negarlas no tiene sentido
7/09/26 4:22 PM
Norberto
"Tan cierto es eso como que el dogma católico sobre el papado es absolutamente incompatible con esa realidad.", totalmente de acuerdo. solo que la transformación del Papa en Jefe de Estado nunca debió producirse, ya que se hace muy difícil distinguir ambas potestades en las decisiones que se toman diariamente.
Creo que debe repasarse la disputa entre san Cipriano de Cartago y el papa Esteban I sobre el asunto de los lapsi: "...el obispo de Cartago soy yo".
Sin descuidar el fundamento eclesial de la sucesión apostólica.
7/09/26 5:04 PM
Jordi
La típica noticia que sale cada año y que es de imposible cumplimiento.

Por cisma, no acatan al Papa de Roma (en crisis: Amoris, Fiducia, Traditionis, Alemania, China)

Por herejía contra verdades divinamente reveladas, o contrariar doctrina católica o verdad segura:

1. Primado universal del Romano Pontífice
2. Infalibilidad pontificia
2. Filioque: procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo
3. Autoridad doctrinal suprema del Papa y del Concilio Ecuménico unido a él
4. Necesidad de la comunión con la Sede de Roma
5. Indisolubilidad del matrimonio sacramental consumado
6. Imposibilidad de un segundo matrimonio mientras vive el cónyuge
7. Purgatorio
8. Inmaculada Concepción
9. Asunción corporal de la Virgen María
10. Número y naturaleza de los 7 sacramentos
11. Presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía
12. Transubstanciación
13. Sacrificio propiciatorio de la Misa
14. Necesidad del bautismo para la salvación
15. Carácter sacramental del Orden y su configuración al sacerdocio de Cristo
16. Sucesión apostólica, constitutivo de la Iglesia
17. Iglesia de Cristo subsistente en la Iglesia católica
18. Necesaria unidad visible de la Iglesia
19. Autoridad vinculante de los dogmas definidos por la Iglesia
20. Santoral
21. Libros canónicos
7/09/26 5:08 PM
Francisco Javier
La iglesia católica esta en permanente crisis modernista y relativista, ¿quieren contagiarse de esta?
7/09/26 5:42 PM
Veritas liberabit
La restauración de la unidad plena no debería fundamentarse en la "eclesiología jurídica" de Anastasio el Bibliotecario ni muchos menos en la condescendencia del papa Teodoro I a usar por vez primera el título de "patriarca de Occidente" sino más bien en la profesión de fe de san TEODORO STUDITA en carta al papa san Pascual I: "Escucha, obispo apostólico, pastor que Dios ha puesto para guiar el rebanio de Jesucristo: tú has recibido las llaves del Reino de los Cielos, tú eres la piedra sobre la que ha sido edificada la Iglesia, tú eres Pedro, puesto que ocupas su sede. Ven en ayuda nuestra". En una carta de agradecimiento, le escribe: "Tú has sido desde el principio la fuente pura de la ortodoxia, tú eres el puerto seguro de la Iglesia universal, su amparo contra las cometidas de los herejes y la ciudad de refugio que Dios nos ha dado". ESA ES LA FE CATÓLICA y ORTODOXA de la Iglesia indivisa del primer milenio
7/09/26 7:27 PM
Urbel
En cambio la propuesta de Ratzinger podría muy bien servir respecto de los aspectos controvertidos, no dogmáticos, del Concilio Vaticano II: a ningún católico cabe exigírsele su aceptación para ser y llamarse tal.

Lo inviable de atenerse al primado romano en el primer milenio, como propuso Ratzinger, en razón de la definición dogmática del ámbito de dicho primado romano, se convierte en perfectamente viable, en razón de la falta de definiciones dogmáticas, en relación con los puntos controvertidos del Vaticano II.

Salvo mejor criterio.
7/09/26 9:48 PM
Luis I. Amorós
Dios quisiera que esa unión se produjera, y por eso debemos rezar todos los cristianos. Más allá de los rencores atávicos por hechos pasados que caritativamente hay que olvidar, la separación entre Roma y la Iglesia ortodoxa consta de varios puntos enjundiosos católicos que los ortodoxos discuten o rechazan, unos de más importancia que otros:

teológicos:
- filioque, procedencia de la Tercera Persona tanto del Padre como del Hijo (lo que los ortodoxos ven como un ataque al monarquismo de Dios Padre, ellos solo aceptan una procedencia del Padre A TRAVÉS del Hijo)
- Purgatorio
- Pecado original, del que se deriva el rechazo a la
- Concepción Inmaculada de María
- energía divina mera operación de la esencia divina (los ortodoxos diferencian ambas siguiendo el palamismo).

litúrgicos (estos son menores, y las Iglesias orientales en comunión con Roma mantienen sus costumbres sin problema):
- sentido de la transubstanciación y momento en que se produce
- pan ácimo o fermentado
- calendario gregoriano o juliano
- uso del pan ácimo

pastorales:
- celibato clerical (nuevamente adaptado a su tradición en las iglesias católicas orientales)
- indulgencias
- Y la principal, que es el alcance del primado del papa: para los ortodoxos es honorífico, y en el mejor de los casos, arbitral.
7/09/26 11:23 PM
Luis Fernando
Urbel, los cambios en el CVII son un chiste al lado de la proliferación de dogmas católicos en el segundo milenio que no siguen el principio del Commonitorio de San Vicente de Lerins: "Quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est".
Se han convertido en dogmas doctrinas sin base en la Tradición. Ahí tenemos por ejemplo a San Bernardo, que no era sospechoso de no amar a la Virgen, que en su carta a los canónigos de Lyon, hacia 1140, se queja de que hayan introducido la fiesta de la Inmaculada concepción de María como algo nuevo y sin suficiente apoyo en la tradición. Así que, efectivamente, el problema entre católicos y ortodoxos va mucho más allá del dogma actual católico sobre el papado, y se extiende a la forma en que la Iglesia Católica ha añadido dogmas al credo niceno y a los concilios ecuménicos del primer milenio. Los ortodoxos jamás aceptarán ese modo de proceder.
8/09/26 1:13 AM
Català
Luis Fernando, lo que pide Bartolomé no es la realidad del primer milenio. El retrato de la "pentarquía" que hace hoy la iglesia ortodoxa poco o nada tiene que ver con la realidad.
Sobre el primado de Pedro, varios papas en el primer milenio entendían que tenían jurisdicción universal, más allá de su "patriarcado", asimismo sobre el rol respecto a última sentencia (esto atado a la infalibilidad de la iglesia) más de lo mismo.

A Luis Amorós. No, los ortodoxos no dicen que la procedencia sea a través del Hijo, su concilio de Blanquerna lo condena explícitamente si se dice en sentido hipostático. Sólo lo aceptan en sentido ecnomómico y también energético (signifique estto lo que signifique).
Sobre purgatorio, rezan por los difuntos, con eso hay mucho ya resuelto (podemos discutir acerca de cómo se da la pena de sentido, pero bueno).
Sobre la Inmaculada, hay santos ortodoxos que la han defendido y la distinción entre pecado original y pecado ancestral es algo moderno (Romanides) que buscaba la expresión de teologúmenos más lejana al lenguaje romano para retratarnos como terribles herejes.


Hay muchos ortodoxos haciendo apologética anticatólica y poco al revés (cosa normal dada la relación de tamaño). Busquemos fuentes que no estén tan sesgadas.
8/09/26 9:36 AM

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