Los obispos de Estados Unidos advierten de que la inteligencia artificial amenaza el empleo de los jóvenes y citan la encíclica de León XIV

Ciento treinta y cinco años después de Rerum novarum

Los obispos de Estados Unidos advierten de que la inteligencia artificial amenaza el empleo de los jóvenes y citan la encíclica de León XIV

El mensaje del Día del Trabajo firmado por el arzobispo Shelton Fabre recuerda que el trabajo es más que un modo de ganarse la vida y constituye una forma de participación en la creación de Dios.

(NCRegister/InfoCatólica) La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha querido conmemorar el Día del Trabajo como una ocasión para «celebrar a los trabajadores y honrar la dignidad del trabajo», según una declaración difundida en vísperas de la festividad.

«El trabajo es más que un modo de ganarse la vida; es una forma de participación en la creación de Dios», ha afirmado el arzobispo Shelton J. Fabre, presidente del Comité de Justicia Nacional y Desarrollo Humano del episcopado norteamericano.

El texto se centra en las inquietudes laborales del momento, como el estancamiento de los salarios, la falta de oportunidades para los jóvenes, los problemas de asequibilidad y otras dificultades económicas, y muy especialmente el avance continuo de la inteligencia artificial, que ha despertado temores sobre la seguridad del empleo.

«Este año nos centramos en los jóvenes y en las comunidades vulnerables que afrontan la incertidumbre en la economía actual», ha señalado el arzobispo Fabre. «Los indicadores económicos tradicionales nos dicen que la economía está creciendo, pero la contratación se ha ralentizado, especialmente para los trabajadores desempleados, y el desempleo sigue siendo alto entre los trabajadores negros».

La declaración recoge que aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores gana 35.000 dólares anuales o menos, y que casi tres cuartas partes de quienes cobran salarios bajos carecen de empleos estables y seguros. Cita además los datos de una encuesta de 2025 según la cual el 70 por ciento de los estadounidenses consideraba que tener hijos resultaba inasequible, trece puntos más que el año anterior.

Los jóvenes, los más golpeados por la nueva tecnología

Sobre la inteligencia artificial, el arzobispo Fabre ha constatado que «existe una preocupación generalizada de que conduzca a un mayor desempleo y a menos puestos de trabajo capaces de sostener a una familia». Los jóvenes, ha añadido, son «los más afectados hasta ahora y también quienes experimentan mayor ansiedad» ante esta tecnología.

«Debemos escuchar las experiencias de los trabajadores, las familias, los jóvenes y las comunidades de color mientras luchan por encontrar estabilidad», ha pedido.

El prelado se ha referido expresamente a la encíclica «Magnifica humanitas» de León XIV, que aborda extensamente esta cuestión. En ella el Santo Padre advierte a la humanidad frente a la construcción de «una nueva torre de Babel» y le pide que edifique en su lugar «la ciudad en la que Dios y la humanidad habiten juntos».

El Papa, ha explicado Fabre, «hace notar que, aunque la inteligencia artificial presenta nuevas oportunidades, también corre el riesgo de normalizar una visión que es antihumana».

«Los sistemas de inteligencia artificial pueden imitar, pero nunca reemplazar, la inteligencia humana», ha subrayado el arzobispo. «La inteligencia artificial no puede sentir, amar, discernir ni recibir la gracia y la sabiduría de Dios. No es moralmente neutral y corre el riesgo de crear nuevas formas de exclusión. La inteligencia artificial debe desarrollarse cuidadosamente para asegurar que sirva al bien común y a la propia humanidad».

Descualificación, vigilancia y una cadena de explotación

Haciéndose eco del pontífice, el arzobispo Fabre ha alertado contra «la descualificación, la vigilancia, las tareas rígidas y repetitivas, la reducción de la capacidad de decisión y de la creatividad, el desempleo, la inseguridad laboral, el poder concentrado y el aumento de las desigualdades».

«Además, la inteligencia artificial se apoya en trabajadores de salarios bajos, con frecuencia ocultos, que soportan condiciones duras y quedan atrapados en una cadena de suministro que los explota», ha denunciado. «El Papa León nos llama a trabajar juntos para diseñar sistemas centrados en la persona humana y no únicamente en el rendimiento, y a promover una economía que valore la dignidad dada por Dios a cada persona. El trabajo digno no consiste solamente en productividad, sino también en participación en la creación de Dios. Una economía justa no se juzga solo por el beneficio, sino por el crecimiento inclusivo y la protección de los más vulnerables».

Aunque el arzobispo ha reconocido que alinear el desarrollo de la inteligencia artificial con los intereses de los trabajadores «puede parecer desalentador», ha recordado que «ya hemos estado aquí antes», en referencia a la encíclica «Rerum novarum» que León XIII publicó en 1891 en plena revolución industrial.

«La Iglesia ha aportado el carácter sagrado de la persona humana a las cuestiones del trabajo y del empleo durante estos últimos 135 años», ha afirmado Fabre. «Reconocemos que, al celebrar el cuadragésimo aniversario de Economic Justice for All, el documento de referencia de los obispos estadounidenses sobre la economía, buena parte de la enseñanza de ese texto sigue siendo pertinente para nuestro proyecto compartido en los Estados Unidos».

El arzobispo ha concluido recordando que todos, incluidas la Iglesia, la administración pública, los sindicatos, los grupos de la sociedad civil y las empresas, comparten la responsabilidad «de proteger a la persona humana y la dignidad del trabajo».

«Mientras la nueva tecnología reconfigura nuestra economía y nuestro trabajo, seamos constructores de comunión, asegurando que la innovación y el desarrollo redunden en beneficio de todos y no solo de unos pocos, y que cada persona pueda contribuir al Reino de Dios mediante su trabajo», ha pedido el arzobispo Fabre.

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