Afluencia juvenil sin precedentes en la peregrinación de la Misa tradicional a Walsingham
Peregrinación anual a la Misa en latín desde Londres hasta Walsingham

250 peregrinos completan 87 kilómetros bajo la lluvia

Afluencia juvenil sin precedentes en la peregrinación de la Misa tradicional a Walsingham

Otros quinientos fieles se sumaron a la Misa final «por la conversión de Inglaterra», celebrada el 30 de agosto entre las ruinas del priorato medieval. Los organizadores calculan un crecimiento anual del veinte por ciento y hablan abiertamente de un renacimiento católico.

(OSV News/InfoCatólica) Los partidarios británicos de la Misa tradicional en latín han celebrado una afluencia juvenil sin precedentes en su peregrinación anual, tres meses después de que se registrara igualmente una participación récord en un acto de mayores dimensiones celebrado en Francia.

«Si queremos atraer a la gente a la Iglesia, tenemos que presentar algo atractivo y distintivo, con vínculos con una tradición cultural y un patrimonio artístico», explicó Joseph Shaw, presidente de la Latin Mass Society, con sede en Londres.

«Nadie ha estado haciendo campaña ni llamando a las puertas. Al contrario, los jóvenes han descubierto algo a lo que pueden aspirar y hacia lo que pueden avanzar. Aunque las cifras siguen siendo pequeñas, creo que esto está contribuyendo a un renacimiento de la fe católica».

Este laico católico se pronunciaba así después de haber organizado la peregrinación celebrada del 27 al 30 de agosto al santuario nacional de Walsingham, situado cerca de la costa del mar del Norte, en el este de Inglaterra. Aquel santuario fue suprimido violentamente durante la Reforma protestante, pero volvió a ser recuperado a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

«Desconcertados y confundidos» ante los jóvenes

Shaw señaló que muchos «católicos de la generación mayor» parecen «desconcertados y confundidos» ante la preferencia por formas de culto más tradicionales que muestran muchos de sus contemporáneos más jóvenes, criados con «actitudes modernas hacia la sexualidad, el dinero y la religión».

«Es muy difícil ser hoy un joven católico serio, ya sea en el colegio, en la universidad o en el trabajo: hay que ser duro y estar en solidaridad con otros católicos», afirmó Shaw, cuya asociación pertenece a una red internacional de grupos católicos tradicionalistas.

«Digan lo que digan sus contemporáneos de la corriente dominante, quienes asisten a la Misa tradicional han elegido ir contra las expectativas normales. Esto los convierte en anticonformistas y contraculturales por definición».

Los organizadores informaron de que casi 250 peregrinos habían desafiado unas lluvias intensas para completar el recorrido de 54 millas —unos 87 kilómetros— que separan Londres del santuario, rezando devociones y entonando cantos e himnos a lo largo de todo el camino.

Añadieron que otras 500 personas se sumaron a la Misa final «por la conversión de Inglaterra», celebrada el 30 de agosto entre las ruinas del priorato medieval de Walsingham, levantado en el lugar donde, según la tradición, la Virgen María encargó a una noble local, Richeldis de Faverches, que edificara una réplica de la casa de la Sagrada Familia en Nazaret, en el año 1061.

De Chartres a Walsingham

La peregrinación, que se celebra anualmente desde 2010, siguió a la peregrinación tradicionalista de Pentecostés de París a Chartres, en Francia, a la que se sumaron del 18 al 20 de mayo cerca de 20.000 jóvenes entusiastas de la Misa tradicional, junto con centenares de sacerdotes y religiosos católicos, y que fue clausurada por el cardenal estadounidense Raymond L. Burke, antiguo prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

Se han desarrollado también otras rutas de peregrinación tradicionalistas en Francia, concretamente en Bretaña, Normandía y Provenza, mientras que en Inglaterra ha surgido asimismo una nueva ruta que recorre el camino desde Oxford hasta las ruinas de una abadía benedictina del siglo VIII situada en Evesham.

Cada vez más jóvenes se sienten atraídos por la Misa tradicional en lo que ellos mismos consideran un movimiento no solo espiritual, sino también contracultural.

James Allen es uno de ellos. Recién graduado en un colegio católico, Allen contó que la mayoría de sus amigos no religiosos respetan su fe, una fe que le ha dado «paz interior y algo por lo que vivir». Añadió asimismo que ahora tiene previsto asistir a otras Misas tradicionales y a otras peregrinaciones.

«Es magnífico conectar con esta rica tradición de la Iglesia, ver a tanta gente pacífica que ama a la Iglesia y está dispuesta a sacrificar algo por ella», declaró Allen.

«Conozco a muchos jóvenes católicos que están llenos de esperanza y quieren contar a otros cómo el Señor ha influido en sus vidas. Si se permite que este fuego espiritual se desarrolle, veo venir un gran renacimiento», añadió.

Allen explicó igualmente que en el mes de septiembre comenzaba una «misión evangélica» de un año de duración, junto con otros jóvenes católicos, en Escocia. Expresó además su esperanza de que el papa León XIV llegue a mostrarse «más comprensivo» con la Misa tradicional entendida como «oración y acto de culto».

«Aunque nadie quiere división ni agitación, no creo que fuera una buena idea reprimir la Misa: si algo acerca a la gente a Cristo, creo que debería permitirse», afirmó.

«El mayor obstáculo para la fe entre los jóvenes hoy no es la hostilidad ni el ateísmo, sino la indiferencia y los placeres mundanos que constantemente te lanzan encima. Hacen falta convicciones firmes, además de la guía del Espíritu Santo».

Crecen las peticiones de que se relajen las restricciones

La creciente participación en los actos tradicionalistas ha venido a reforzar las peticiones de que se suavicen las restricciones impuestas sobre la Misa tradicional. Esas limitaciones fueron establecidas por el papa Francisco en la carta apostólica Traditionis Custodes, de julio de 2021, un texto celebrado por algunos críticos que han acusado a los partidarios de la Misa tradicional de agruparse contra cambios más amplios en la Iglesia.

Sin embargo, múltiples declaraciones y peticiones, entre ellas una carta abierta firmada en 2024 por personalidades públicas británicas, han venido reclamando que se relajen las limitaciones impuestas a esta Misa. Las esperanzas de un nuevo planteamiento se avivaron cuando el cardenal Burke pudo celebrar una Misa tradicional con permiso pontificio en la basílica de San Pedro, en octubre del año 2025.

Entre los pronunciamientos recientes, el cardenal Robert Sarah, antiguo prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, declaró al diario italiano Il Giornale el 27 de agosto que a su juicio ir a la «guerra» contra la Misa tradicional era «destructivo para la Iglesia».

Por su parte, el cardenal británico Timothy Radcliffe afirmó el 31 de agosto que «simpatizaba profundamente» con las personas «cuyo amor por la Misa tridentina las ha llevado a la tensión con la jerarquía», si bien consideraba que su celebración no debería ser «una fuente de división».

En una entrevista concedida el 29 de julio al semanario católico británico The Tablet, en cambio, el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, cardenal Arthur Roche, aseguró que el papa León XIV no tenía planes de «cambiar Traditionis Custodes».

Shaw señaló que la Misa tradicional ha «aumentado marcadamente en popularidad» desde que se promulgó la carta apostólica del papa Francisco, con un incremento anual previsto del veinte por ciento en la peregrinación de Walsingham. El presidente de la asociación añadió que jóvenes procedentes de entornos sociales y educativos muy distintos entre sí la han utilizado como vía de acceso a la fe católica.

«Hay muchos movimientos juveniles entusiastas en la Iglesia de hoy», afirmó el presidente de la Latin Mass Society. «Lo que hace único al nuestro es que brota del corazón de la Iglesia, es totalmente litúrgico y no infla a la gente con emoción efímera».

El santuario que Enrique VIII mandó destruir

Conocido como «el Nazaret de Inglaterra», Walsingham llegó a ser uno de los cuatro grandes destinos de peregrinación de la Europa medieval, junto con Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, después de que se estableciera allí, a mediados del siglo XII, un priorato agustino de la Anunciación que albergaba una imagen de la Virgen María entronizada con el Niño Jesús en brazos.

El santuario católico fue saqueado y destruido bajo el reinado de Enrique VIII en el año 1538, cuando su subprior y otras diez personas fueron ejecutadas acusadas de una supuesta alta traición. El lugar fue restaurado en 1897 y reconocido como basílica menor en el año 2015.

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