(ACN/InfoCatólica) Los obispos católicos de Nigeria han emitido un enérgico llamamiento a la paz tras las recientes masacres perpetradas en las regiones de Borgu y Ukum. Decenas de personas murieron en los ataques, que no guardan relación entre sí. En el caso de Borgu, las sospechas recaen sobre militantes yihadistas, mientras que en el de Ukum se cree que los atacantes eran bandas armadas de pastores fulani.
«El reciente y brutal secuestro de más de 60 fieles de una mezquita en Borgu, en el estado de Níger, y la terrible masacre de 47 ciudadanos inocentes, en la que 17 personas resultaron gravemente heridas, en Ukum, estado de Benue, representan un agravamiento de la seguridad. Ya sea en una mezquita, en una iglesia, en un mercado o en la tranquilidad de sus hogares, los nigerianos siguen siendo masacrados, traumatizados y desplazados con total impunidad», escribieron los prelados en un comunicado remitido a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada.
«Un ataque contra nuestra humanidad común»
Aunque a menudo se habla de la violencia en Nigeria en términos de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, en el caso de Borgu tanto los atacantes como las víctimas eran musulmanes. En su comunicado, los obispos quisieron expresar de manera explícita su solidaridad con las víctimas.
«Nos solidarizamos firmemente con nuestros hermanos y hermanas musulmanes del estado de Níger y de toda Nigeria, y rezamos por la liberación inmediata y segura de los 60 fieles secuestrados. Un ataque contra cualquier lugar de culto es un ataque contra nuestra humanidad común», afirmaron.
Nigeria lleva años sufriendo una situación de inestabilidad. La violencia resulta especialmente evidente en el llamado Cinturón Medio del país, donde el norte, de mayoría musulmana, se encuentra con el sur, de mayoría cristiana, y donde los pastores nómadas han intensificado sus ataques contra los agricultores sedentarios por el acceso a las tierras de pastoreo. El norte ha sufrido además los ataques perpetrados por grupos yihadistas, mientras que todo el país se ha visto afectado por los secuestros para pedir rescates, convertidos ya en toda una industria.
«Que no cejen hasta garantizar la seguridad de los ciudadanos»
En su comunicado, los obispos pidieron a las autoridades que intensifiquen sus esfuerzos para garantizar la paz y la seguridad de los ciudadanos.
«Aunque reconocemos algunos esfuerzos realizados, les instamos a no cejar en esta responsabilidad hasta que estén garantizadas la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Las lágrimas de las familias en duelo en Níger, Benue y en todas las regiones geopolíticas de Nigeria deben preocuparles lo suficiente como para hacer todo lo posible por poner fin a esta carnicería en nuestra tierra», escribieron.
«Una vez más, en nombre de todos los nigerianos, les pedimos que desplieguen medidas de seguridad proactivas y basadas en los servicios de inteligencia para neutralizar los focos criminales antes de que ataquen. Asimismo, lleven rápidamente ante la justicia a los responsables y a quienes los patrocinan, independientemente de su estatus o afiliación, pues la impunidad favorece que estos actos se repitan», añadieron los obispos.
Un llamamiento directo a los asesinos
Finalmente, los obispos dirigieron un llamamiento directo a los responsables de los atentados, pidiéndoles que se arrepientan y abracen la paz.
«A los bandidos, terroristas, secuestradores y a quienes los patrocinan, les suplicamos: ¡detengan el derramamiento de sangre! La vida humana pertenece únicamente a Dios y ninguna causa justifica esta crueldad. No se puede construir un futuro sobre las lágrimas de personas inocentes. Les pedimos que depongan las armas, se aparten del mal y respeten la sacralidad de la vida humana antes de que el juicio divino los alcance», concluyeron.
El documento lleva la firma del presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Matthew Man-Oso Ndagoso, de Kaduna, cuya diócesis ha sido gravemente afectada por la violencia en los últimos años.
Desde hace muchos años, Ayuda a la Iglesia Necesitada sigue con creciente preocupación la situación en Nigeria y trabaja estrechamente con la Iglesia local para hacer frente a las consecuencias de la violencia, incluida la atención a los muchos miles de desplazados internos. Recientemente, en el marco de un proyecto con la diócesis local, la fundación ayudó a reconstruir la aldea de Adama Dutse, que había sido atacada y arrasada, permitiendo a sus habitantes regresar a su tierra natal en lugar de permanecer indefinidamente en campamentos o ser reasentados en otros lugares.








