(C-FAM/InfoCatólica) Ninguno de los candidatos a ocupar la Secretaría General de la ONU ha reunido todavía los nueve votos favorables que exige el Consejo de Seguridad para elevar un nombre a la Asamblea General, y la carrera empieza a dibujarse como un pulso entre bloques ideológicos en el que la promoción del aborto y de la ideología de género pesa tanto como los méritos de cada aspirante. Así lo describe Stefano Gennarini, jurista y analista del Center for Family and Human Rights (C-FAM), en un repaso de los dos primeros sondeos celebrados hasta la fecha.
El procedimiento se articula mediante votaciones informales, conocidas como straw polls, en las que los quince miembros del Consejo se limitan a «alentar» o «desalentar» cada candidatura. Ninguna de ellas ha alcanzado por ahora el umbral necesario. La carrera, señala Gennarini, sigue completamente abierta, hasta el punto de que algunos observadores consideran que ningún aspirante actual reúne apoyos suficientes y que podría producirse una «sorpresa de octubre» con la irrupción de un nombre nuevo.
Un bloque europeo que exige perfil feminista
Lo que ya resulta evidente, sostiene el analista de C-FAM, es que los bloques ideológicos anticipan un proceso largo y disputado. El más poderoso sería el conformado por los Estados europeos y progresistas, empeñados en que la próxima persona al frente de la organización sea una mujer y se declare feminista.
Ese criterio explicaría, a juicio del autor, algunos de los resultados más llamativos del segundo sondeo. Macky Sall, ex presidente de Senegal y candidato autodeclarado «MAGA», recibió ya siete votos de desaliento, cifra que podría bastar para forzar su retirada salvo que la siguiente votación modifique el escenario.
El caso Grossi
El argentino Mariano Grossi, actual responsable del Organismo Internacional de Energía Atómica, encajó seis votos en contra en el segundo sondeo, frente a los dos que había recibido en el primero, celebrado en julio. Algunos comentaristas atribuyeron ese deterioro al descontento de determinados países con su gestión al frente del organismo atómico. Gennarini discrepa: si esa fuera la razón, argumenta, la oposición se habría manifestado ya en la primera votación.
Su hipótesis es otra. Los Estados europeos progresistas y sus aliados querrían apartar a Grossi porque lo perciben como una amenaza para las candidatas femeninas, o porque no han obtenido de él garantías suficientes de alineamiento con la agenda progresista. De ser cierto, los seis votos contrarios habrían procedido de Francia y el Reino Unido, miembros permanentes, de los Estados miembros de la Unión Europea Dinamarca, Grecia y Letonia, y de Colombia. El autor presenta esta reconstrucción como conjetura propia, no como dato confirmado.
El tercer aspirante masculino, y el menos conocido, es Olara Otunnu, defensor de los derechos de la infancia, antiguo funcionario de la ONU y ex ministro de Exteriores de Uganda, que entró tarde en la carrera. En una entrevista concedida la semana pasada en la sede de la Asamblea General citó como inspiración la conocida oración atribuida a San Francisco: «Señor, hazme instrumento de tu paz, donde haya odio, que yo lleve el amor…». Dos días después, cinco miembros del Consejo de Seguridad votaron en contra de su candidatura.
El veto, llave del desenlace
Una carrera abierta en esta fase abre la puerta a un proceso prolongado y a un bloqueo ideológico dentro del Consejo. En tal escenario, el poder de veto de los cinco miembros permanentes resulta decisivo: aunque un candidato logre catorce de los quince votos posibles, un solo voto contrario de un permanente basta para impedir su designación.
La aspirante más cerca del umbral es actualmente la embajadora de Guyana, Carolyn Rodrigues Birkett, con ocho votos de aliento en el segundo sondeo. Sobre ella pesa, sin embargo, la probabilidad de un veto estadounidense por las posiciones que ha mantenido contra Israel en el propio Consejo de Seguridad.
Expectativas incompatibles
En las próximas semanas, los miembros del Consejo y el conjunto de los Estados de la organización se reunirán en privado con los candidatos para examinarlos con más detalle, un proceso que, según Gennarini, puede sacar a la luz nuevas fracturas ideológicas.
Las expectativas de unos y otros son abiertamente incompatibles. Los europeos y las naciones progresistas, incluidos los dos miembros permanentes Francia y el Reino Unido, esperan que el próximo secretario general promueva el aborto, la ideología de género, el alarmismo climático y la censura. Estados Unidos espera exactamente lo contrario: la Administración Trump ha reiterado que quiere una ONU alejada de las cuestiones políticas controvertidas y centrada en su misión esencial de paz y seguridad.








