(InfoCatólica) Un progreso científico que solo alcanza a unos pocos, una riqueza que convive con el hambre de gran parte de la humanidad y la ilusión de que la guerra sirve para construir la paz. León XIV enumeró este miércoles, ante los fieles congregados en la plaza de San Pedro, las contradicciones que a su juicio la entrega cristiana obliga a poner al descubierto, en la primera catequesis de un nuevo ciclo dedicado a la constitución pastoral Gaudium et spes.
El Papa abrió así el cuarto bloque de su serie sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrado ahora en el texto con el que los padres conciliares quisieron profundizar en la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. Según la información difundida sobre la audiencia, unos 20.000 fieles siguieron el encuentro, al que el Pontífice llegó a bordo del papamóvil.
En su intervención, León XIV recordó que ya San Juan XXIII, en el discurso inaugural del Concilio el 11 de octubre de 1962, mostró su desacuerdo con los «profetas de calamidades», que «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia». De aquel discurso, Gaudet Mater Ecclesia, tomó también el Papa la tarea encomendada entonces a los padres conciliares: reconocer que la Providencia conduce a «un nuevo orden de relaciones humanas» que se encamina «al cumplimiento de planes superiores e inesperados».
Una índole pastoral que es constitutiva
Tres años después, explicó, la promulgación de Gaudium et spes reconoció ese discernimiento como elemento esencial de la naturaleza de la Iglesia y describió como constitutiva su índole pastoral, de donde procede su definición misma de «Constitución pastoral». El Papa precisó que «no se trata de optimismo ingenuo, sino de una renovada fidelidad al Misterio de Cristo que, encarnándose, elige compartir nuestra vida», Aquel que «tenía que parecerse en todo a sus hermanos» (Heb 2,17) y que se cargó con las consecuencias del pecado muriendo «en rescate por todos» (1Tm 2,6).
Ese compartir con la humanidad es, dijo, el camino que Cristo pide a la Iglesia. Por eso el documento conciliar se abre declarando que la Iglesia siente como propios «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1).
Se trata de una entrega, añadió, que llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos, ante la historia y la vida de las personas, y sobre todo ante el cambio rápido y profundo del presente. «No es posible permanecer como espectadores desinteresados, es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse», afirmó. Los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, en particular de quienes se ven oprimidos por la injusticia, la discriminación o la violencia, sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).
Escrutar los signos de la época
La proximidad a la humanidad abre, según el Papa, la puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos y de la propia Revelación. En esa misma perspectiva, Gaudium et spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4). El texto conciliar llamó por ello a la Iglesia a un compromiso de conversión, para dar testimonio de que no la mueve «ambición terrena alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» (GS 3).
No se trata de una disposición simplemente moral, matizó. En este punto citó al Papa Francisco, quien recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica […] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Evangelii gaudium, 198).
Contradicciones a la vista
A partir de ahí, León XIV enumeró las contradicciones que la entrega cristiana compromete a desenmascarar «en la vida personal y social del mundo contemporáneo»: un progreso científico y tecnológico que ofrece siempre nuevas posibilidades, «pero solo a algunos», y que el ser humano no siempre es capaz de poner «a su servicio»; un conocimiento más claro de las «leyes de la vida social» acompañado de incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; y una mayor disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico» mientras, hoy como en tiempos del Concilio, «una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria» (GS 4). A ello sumó la conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta junto a la incapacidad de renunciar «al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz».
En una época marcada por profundos cambios de los que se derivan desequilibrios preocupantes, concluyó, la Iglesia está llamada a servir al ser humano escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón, y señalando en Cristo «la clave, el centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). En todo nivel y en toda época, añadió, debe realizarse en ella la kenosis misericordiosa de Cristo, que «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo […] hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Fil 2,6-8).
El Papa cerró la catequesis deseando que la alegría y la esperanza, gaudium et spes, «sean los rasgos distintivos de una Iglesia que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo». En el saludo a los peregrinos de lengua española pidió la intercesión de la Bienaventurada Virgen María para que la Iglesia anuncie el Evangelio con alegría y esperanza y sepa guiar a todos hacia Cristo.







