(AdVaticanum/InfoCatólica) El Cardenal Angelo Bagnasco ha llamado a los católicos a defender la verdad y a proclamar la fe cristiana con claridad, afirmando que los cristianos deben juzgar las situaciones contemporáneas a la luz del Evangelio sin pretender juzgar a las personas.
El Arzobispo emérito de Génova pronunció estas palabras durante la Misa celebrada el 9 de agosto en la parroquia de San Donato a Livizzano, en Montespertoli (Toscana), con motivo de la festividad del patrón parroquial, San Donato, obispo y mártir.
«Lo que es verdad debe proclamarse desde los tejados, lo que es bueno para la humanidad debe ser anunciado con la libertad de todos, pero también con la claridad de la fe cristiana», declaró el Cardenal.
La fe como juicio sobre la historia
El Cardenal Bagnasco desarrolló en su homilía el significado profundo de la fe cristiana, que va más allá de la mera creencia en Dios. «La fe no es solo creer en un Dios superior a nosotros», afirmó. «Es también vivir con Jesús, que nos mostró y reveló el verdadero rostro de Dios, su corazón misericordioso y paternal, y nos dio su palabra».
El antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana conectó la fe con la responsabilidad de emitir juicios morales sobre las circunstancias, distinguiendo esta tarea del juicio sobre las personas. «La fe es también juicio, es decir, juzgar la historia y las situaciones con la mirada del Evangelio, con la mirada de Jesús», dijo. «Esto no significa juzgar a las personas; es Dios quien emite el juicio final, sino juzgar las situaciones concretas».
El ejemplo de San Donato, mártir
El Cardenal fundamentó su homilía en el ejemplo de San Donato, cuya festividad celebraba la parroquia. Según la tradición recogida por la comunidad parroquial, el santo fue martirizado en el año 304 durante la persecución del emperador Diocleciano. Bagnasco lo describió como ejemplo de obispo, pastor, santo y mártir, y utilizó su testimonio para reflexionar sobre las exigencias de la fe cristiana. «Murió por la fe, por el testimonio de la fe», señaló, presentando al santo como modelo de fidelidad al Evangelio.
La parroquia de San Donato a Livizzano se desarrolló como «ciudadela mariana», un centro de devoción mariana establecido por su antiguo párroco, Don Mario Boretti, fallecido en 2011, quien también ejerció como exorcista.
Una celebración con amplia participación
La Misa, que congregó a cientos de fieles procedentes de diversas localidades de la Toscana, fue concelebrada por el Padre Paolo Brogi, vicario foráneo, y el Padre Gregorie Mashala Bitwakamba, misionero procedente de la República Democrática del Congo. El coro parroquial, dirigido por Roberto Marconcini, se encargó del acompañamiento musical de la liturgia.
El Cardenal Bagnasco fue recibido por Don Cristian Meriggi, párroco de la parroquia, y por Monseñor Marco Zanobini, vicario general de la Archidiócesis de Florencia, quien transmitió los saludos del Arzobispo Gherardo Gambelli. También asistieron representantes de las administraciones municipales de Montespertoli y Montelupo Fiorentino, junto con autoridades policiales locales.
Al término de la celebración, Don Meriggi entregó al Cardenal un plato de cerámica tradicional de Montelupo con el monograma de Cristo, mientras que a Monseñor Zanobini se le obsequió con un icono realizado por las religiosas de la comunidad Fraternidad de María Inmaculada Madre.
«He encontrado una comunidad hermosa», dijo Bagnasco, agradeciendo la invitación y animando a los fieles a mirar hacia Cristo y confiar en la redención prometida por el Señor.
Ausencia del Cardenal Simoni
El Cardenal Ernest Simoni, que cumplirá 98 años en octubre, estaba previsto que asistiera, pero continuaba con sus actividades pastorales vinculadas a Albania. El 31 de julio, el Cardenal Simoni había presidido la Misa en el antiguo campo de concentración de Spaç (Albania) en presencia de las más altas autoridades del país. Simoni pasó 28 años encarcelado y sometido a trabajos forzados bajo el régimen comunista albanés.








