(InfoCatólica) En ocasiones, resulta útil conocer los entresijos de algunas decisiones vaticanas para poder valorarlas mejor. La publicación del libro Medjugorje. El cielo puede esperar, del periodista italiano David Murgia puede ser una de estas ocasiones, porque arroja luz sobre el largo discernimiento eclesial de las presuntas apariciones de Medjugorje.
Según la obra, 21 de los 33 miembros de la Comisión Internacional presidida por el cardenal Camillo Ruini habrían votado en contra de reconocer el origen sobrenatural del fenómeno, antes de que la Santa Sede concediera en 2024 un nihil obstat de carácter exclusivamente pastoral.
Este nihil obstat (literalmente, «nada que objetar») otorgado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe no constituye un reconocimiento de la sobrenaturalidad de las apariciones. La nota vaticana se limita a afirmar que la experiencia espiritual de Medjugorje ha producido abundantes frutos pastorales, como conversiones, confesiones, vocaciones y retorno a la práctica sacramental. En consecuencia, el Vaticano autorizó el culto público y las peregrinaciones, pero sin manifestarse sobre la naturaleza de las presuntas apariciones.
Como los resultados de la Comisión no se habían publicado hasta el momento, había surgido la suposición de que la comisión se había mostrado ampliamente favorable a las apariciones. En cambio, según el libro de Murgia, lo cierto es que la mayoría de los expertos mantuvo serias reservas sobre el conjunto del fenómeno, especialmente por la extraordinaria duración de las supuestas apariciones, que se prolongan desde 1981 y algunos de sus videntes continúan recibiendo.
Estas reservas han sido constantes a lo largo del proceso de discernimiento eclesial sobre lo que sucede en Medjugorje. Los obispos de Mostar, la diócesis de Bosnia-Herzegovina a la que pertenece Medjugorje, expresaron reiteradamente un juicio negativo sobre el fenómeno. A ello se añadieron diversas dificultades señaladas por investigadores y teólogos, como contradicciones en los primeros testimonios de los videntes o interrogantes sobre algunos mensajes atribuidos a la Virgen.
En definitiva, la publicación de estos datos vuelve a recordar una distinción esencial en el discernimiento de la Iglesia: los frutos espirituales de un lugar de peregrinación no equivalen, por sí solos, a una declaración de origen sobrenatural de las apariciones. La Santa Sede ha querido favorecer la atención pastoral a los millones de peregrinos que acuden a Medjugorje, manteniendo al mismo tiempo la prudencia sobre la naturaleza de los hechos extraordinarios que dieron origen a la popularidad del lugar.








