(InfoCatólica) Estamos acostumbrados a que el Código de Derecho Canónico diga muchas cosas que luego no se cumplen si son difíciles de cumplir o al mundo no le gustan.
Una de ellas es la disposición sobre los «pecadores manifiestos». El Código, en el canon 1184, establece que «se han de negar las exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte hubieran dado alguna señal de arrepentimiento: […] a los demás pecadores manifiestos, a quienes no pueden concederse las exequias eclesiásticas sin escándalo público de los fieles».
Eso manda el derecho canónico, pero, como decíamos, prácticamente nadie lo cumple y es habitual que se celebren funerales de abortistas, políticos anticatólicos, divorciados en una nueva unión, parejas del mismo sexo y un largo etcétera. Sin embargo, sorprendentemente, la diócesis de Roma ha decidido cumplir este canon tan incumplido y, además, en algo tan políticamente correcto como aplicarlo por la pertenencia a la masonería.
La diócesis de Roma ha suspendido a última hora el funeral católico previsto para el guitarrista Bruno Battisti D'Amario, histórico colaborador de Ennio Morricone, después de que saliera a la luz que había desempeñado durante años altos cargos en el Gran Oriente de Italia, la principal obediencia masónica del país.
La decisión ha sido adoptada por el cardenal Baldassare Reina, vicario de la diócesis romana, tras consultar a la oficina jurídica de la diócesis, al considerar que se trataba de un caso contemplado en el canon citado anteriormente para negar las exequias eclesiásticas.
Según relata La Nuova Bussola Quotidiana, la basílica de Santa Maria in Montesanto, conocida como la «Iglesia de los Artistas», había aceptado inicialmente celebrar las exequias porque desconocía la condición masónica del difunto. La situación cambió cuando el propio Gran Oriente de Italia publicó una nota necrológica en la que recordaba que Battisti D'Amario no era un simple afiliado, sino fundador de una logia, compositor del himno oficial de la obediencia masónica y antiguo responsable de diversos organismos masónicos.
El rector de la basílica, Mons. Antonio Staglianò, explicó que ni él ni sus colaboradores tenían conocimiento de esa pertenencia. Tras verificar la información y hablar con la familia, Mons. Staglianò comunicó a los familiares que el cardenal Reina no autorizaba la misa exequial. En su lugar, se tuvo únicamente un momento de oración con los familiares, sin rito litúrgico de funeral, aunque se recordó que posteriormente pueden ofrecerse misas de sufragio por el alma del difunto.
La Iglesia ha declarado multitud de veces (la última en un documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe hace solo tres años, en tiempos del Papa Francisco), que la fe católica es incompatible con la pertenencia a la masonería. Por lo tanto y según el derecho, la afiliación a las logias está prohibida para los católicos y los que pertenecen a ellas se encuentran en situación de «pecadores manifiestos», para los que no pueden celebrarse exequias.
Parece que el ejemplo de Roma ha tenido un efecto inmediato. Pocas horas después, la diócesis de Ventimiglia-San Remo ha hecho lo mismo con respecto al funeral de Mario Tarducci, también alto cargo de una logia masónica. Siempre pudo y debió hacerse, solo hacía falta decidirse a ello.
Conviene también señalar que esta decisión marca un cambio radical con respecto a Amoris Laetitia, aunque se aplique a un ámbito distinto. El documento del Papa Francisco basaba su enfoque de la cuestión de los divorciados en una nueva unión en un principio vago, pero muy del gusto de la mentalidad actual: «nadie puede ser condenado para siempre». Según ese principio, de alguna manera que nadie explicó nunca, si un divorciado llevaba suficiente tiempo en una unión adulterina y estaba decidido a seguir adulterando, ese adulterio dejaba de ser malo y se convertía en bueno, de modo que podía accederse de nuevo a la comunión. De forma paralela, se negaba de facto la existencia de «pecadores manifiestos», porque todo se dejaba a la conciencia subjetiva de cada persona, aunque fuera errónea.
En cambio, esta decisión de la diócesis de Roma recupera el enfoque tradicional: el hecho de que el fallecido perteneciera durante muchos años a la masonería y no se arrepintiera de ello no hacía más aceptable esa permanencia, sino más grave. En efecto, se trataba de un «pecador manifiesto» y, por lo tanto, no podía acceder a los sacramentos ni tampoco tener un funeral católico.
¿Será un signo de que otras cosas van a cambiar? Aún demasiado pronto para saberlo.








