(EWTN News/InfoCatólica) La Ley de Ayuda Médica para Morir del estado de Nueva York ha entrado en vigor para los pacientes terminales que cumplan los requisitos, en medio de varias impugnaciones judiciales. Sobre ese trasfondo, una mujer canadiense ha querido contar lo que vivió su familia con el suicidio asistido, convencida de que los pacientes vulnerables necesitan mayor acceso a los cuidados paliativos y de hospicio, y no a la muerte administrada.
Ochenta y cinco años y una enfermedad pulmonar terminal
Colleen De Vos relató los últimos meses de vida de su padre en una entrevista concedida el 5 de agosto al programa EWTN News Nightly, con la presentadora Veronica Dudo. Su padre, católico, murió en 2023 a los ochenta y cinco años mediante el programa canadiense de asistencia médica para morir, después de haber sido diagnosticado de enfermedad pulmonar obstructiva crónica terminal.
«Mi padre, por desgracia, no fue muy comunicativo sobre sus intenciones», explicó su hija, que añadió: «Sí vimos algunos momentos de mucha fragilidad durante el curso de su enfermedad».
Dos rechazos consecutivos
A medida que su estado empeoraba, la familia se puso a trabajar para conseguirle cuidados de hospicio o un programa de paliativos a domicilio, persuadida de que esos servicios le proporcionarían el acompañamiento compasivo que necesitaba. «Estábamos abogando con mucha fuerza por cuidados de hospicio o un programa de paliativos a domicilio», recordó De Vos, y precisó que su padre «parecía estar de acuerdo con eso».
El intento fracasó. «Fue rechazado en dos ocasiones, al considerarse que su diagnóstico no era suficiente para justificar los cuidados de hospicio», relató. «Eso fue una sorpresa para nosotros, porque veíamos que se estaba deteriorando muy rápido».
Una conversación privada y una caja de cartón
Mientras la familia chocaba con esa negativa, la enfermera de práctica avanzada que supervisaba los cuidados domiciliarios habló en privado con el anciano sobre la posibilidad de recurrir a la eutanasia a medida que se agravaban sus síntomas.
El contraste entre una vía y otra resultó demoledor. «La ironía de la disponibilidad de la asistencia médica para morir, que podía organizarse muy rápidamente, nos dejó muy al margen», declaró De Vos. Ella misma recordó haber recibido literalmente la caja de cartón por correo con los fármacos y el material necesarios para el procedimiento. Su resumen es difícil de refutar: «Obtener los cuidados de hospicio fue muy difícil. Y esto fue muy sencillo».
La cama que llegó tarde
El día en que su padre estaba programado para morir, la familia supo por fin que había quedado disponible una cama de hospicio. Él la rechazó. Su hija calificó ese momento de muy desgarrador.
«Creo que siguió adelante por su pérdida de esperanza», explicó. «Estábamos absolutamente preparados para proporcionarle cuidados las veinticuatro horas».
Los ministerios católicos, ante el juez en Nueva York
El relato coincide con la impugnación ante un tribunal federal de la nueva ley neoyorquina de suicidio asistido por parte de varios ministerios católicos del estado. Adele Keim, consejera principal del Becket Fund, explicó el 5 de agosto en el mismo programa que la norma de Nueva York difiere de manera significativa de las de estados como Oregón y Washington.
«Nueva York ha creado una ley de exclusión voluntaria», señaló Keim. «La presunción es que estás dentro salvo que te excluyas». Aunque algunos proveedores pueden negarse a prescribir o a administrar los fármacos letales, la abogada advirtió de que a los ministerios católicos se les sigue exigiendo participar en otros aspectos del proceso: «No puedes eximirte de tus obligaciones de asesorar a los pacientes sobre el suicidio asistido y los beneficios que aportaría». Tampoco pueden los proveedores católicos negarse a derivar al paciente a otro lugar cuando objetan al suicidio asistido por motivos religiosos.
Esas exigencias llevaron a las Hermanas Dominicas de Hawthorne y a otros ministerios católicos a pedir amparo ante un tribunal federal.
No hay derecho al suicidio asistido; sí a la libertad religiosa
Keim se mostró esperanzada ante la decisión de un juez federal de bloquear temporalmente la aplicación de la ley contra los demandantes católicos mientras avanza el procedimiento. Recordó que tanto el Tribunal Supremo de los Estados Unidos como el más alto tribunal de Nueva York han fallado que no existe un derecho constitucional al suicidio asistido. «El derecho al suicidio asistido no es un derecho fundamental», afirmó. «Pero sí existe un derecho fundamental a la libertad religiosa». La medida cautelar garantiza que el estado no pueda aplicar la norma contra los ministerios católicos mientras se examinan sus reclamaciones constitucionales.
La Iglesia católica enseña que el suicidio asistido y la eutanasia son gravemente contrarios a la dignidad de la persona humana, y alienta al mismo tiempo unos cuidados paliativos y de hospicio compasivos que acompañen al enfermo hasta su muerte natural.
De Vos concluyó dirigiéndose a los legisladores y pidiéndoles que piensen en el don sagrado de la vida que Dios nos ha dado. «No creo que corresponda a los legisladores dar a alguien la autonomía para poner fin a su vida», sentenció.








