(Catholic Herald/InfoCatólica) Las religiosas católicas y los ministerios sanitarios de la Iglesia en el estado de Nueva York no tendrán que cumplir la ley de suicidio asistido hasta que su recurso judicial sea examinado por el tribunal federal, según resolvió el jueves un juez.
El magistrado dictó una orden de restricción temporal por la que las demandantes quedan exentas de cumplir la Medical Aid in Dying Act de Nueva York mientras el tribunal estudia su solicitud de medida cautelar. La ley debía entrar en vigor el próximo 5 de agosto.
«Forzar a unas monjas católicas a participar en el suicidio es ilegal e injusto»
«Forzar a religiosas católicas a participar en el suicidio —y privar a los neoyorquinos de la posibilidad de recibir una atención fiel y favorable a la vida— es a la vez ilegal e injusto», declaró Mark Rienzi, presidente de Becket y abogado principal del caso.
El procedimiento, registrado como Carmelite Sisters for the Aged and Infirm contra Letitia James, se presentó el 17 de julio ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Norte de Nueva York. Letitia James es la fiscal general del estado.
Una exención religiosa que no protege nada
Aunque la Medical Aid in Dying Act no obliga a los proveedores sanitarios religiosos a prescribir ni a administrar el fármaco letal, las demandantes sostienen que la exención religiosa contemplada en la norma no protege adecuadamente sus derechos, porque aun así podrían verse obligadas a informar a los pacientes sobre el suicidio asistido y a derivarlos a profesionales dispuestos a recetar la medicación.
Según las demandantes, el incumplimiento de esas obligaciones podría acarrear multas, penas de prisión y la pérdida de las licencias profesionales.
Entre los demandantes figuran las Hermanas Carmelitas para Ancianos y Enfermos, las Hermanas Dominicas de Hawthorne, las Hermanas Misioneras de San Benito, las Hermanitas de los Pobres, la diócesis de Rockville Centre y su obispo, monseñor John Barres.
«Nueva York no puede obligar a la Iglesia a responder al sufrimiento con el suicidio»
El acuerdo alcanzado «es un primer paso importante hacia la protección de la libertad religiosa», afirmó el obispo Barres. «Nueva York no puede forzar a la Iglesia a responder al sufrimiento con el suicidio ni a abandonar a los enfermos y moribundos cuando más necesitan cuidados. Hasta que nuestro litigio se resuelva, este acuerdo temporal mantiene a nuestros ministerios libres para servir a cada paciente conforme al Evangelio. Seguimos proclamando que toda vida humana es sagrada y digna de amor hasta su final natural».
«Nuestra casa existe para que los ancianos puedan pasar sus últimos días rodeados de paz, de oración y de las hermanas que los aman», declaró por su parte sor Justyna Owsiejko, OSB, de las Hermanas Misioneras de San Benito. «Por ahora pueden estar tranquilos: el suicidio asistido no será introducido por la fuerza en el santuario al que llaman hogar».







