(InfoCatólica) La muerte de Lindsey Graham el pasado sábado supone para el presidente Trump la pérdida de uno de sus más firmes aliados. Tras la desconfianza inicial, Graham se alineó casi completamente con las posturas del presidente, con el que jugaba frecuentemente al golf.
Fue un político típicamente americano, representante del ala neoconservadora («neocon») del partido republicano. Como tal, la postura política del senador Graham se caracterizó por un fuerte intervencionismo. Durante décadas fue uno de los senadores estadounidenses más partidarios de utilizar el poder militar de EE. UU. para defender sus intereses, apoyar a sus aliados y enfrentarse a regímenes que consideraba una amenaza.
Utilizando una terminología más antigua, también se le consideraba un «halcón» (frente a los pacifistas, apodados «palomas»). Apoyó prácticamente todas las intervenciones militares norteamericanas. Respaldó la guerra de Irak en 2003, defendió una mayor implicación en Afganistán y fue partidario de intervenciones en Siria y Libia. Su apoyo a Israel fue constante, defendiendo el suministro de ayuda militar y las operaciones militares en Gaza. También tuvo una postura muy dura frente a Irán, pidió sanciones más severas durante años y defendió los ataques militares para cambiar el régimen iraní y evitar que desarrollara armas nucleares.
Asimismo, fue firme defensor del apoyo a Ucrania en su guerra con Rusia. De hecho, murió inmediatamente después de llegar a los Estados Unidos tras realizar una última visita a Ucrania, a pesar de hacía días que se encontraba mal de salud. Algunos comentaristas han sugerido que la cronología oficial no concuerda y que no parece que hubiera tiempo para que llegara a Estados Unidos, por lo que podría haber muerto en territorio ucraniano, quizá por un ataque ruso.
Al mismo tiempo, Lindsey Graham fue uno de los políticos provida más destacados del Partido Republicano durante su carrera en el Senado. Consideraba que el Estado tenía la obligación de proteger la vida del no nacido y promovió repetidamente legislación para restringir el aborto.
Por ejemplo, impulsó límites nacionales al aborto y, tras la sentencia Dobbs, defendió una prohibición federal a partir de las 15 semanas. También trabajó para retirar fondos federales a proveedores de abortos, como Planned Parenthood, y respaldó restricciones al envío por correo de medicamentos abortivos.
De forma constante, presentaba el aborto como una cuestión moral y de derechos humanos. Graham afirmaba con frecuencia que «Estados Unidos está en su mejor momento cuando protege a los más vulnerables» y sostenía que limitar el aborto era una cuestión de justicia hacia los no nacidos. También defendió siempre el matrimonio entre un hombre y una mujer y se opuso al «matrimonio» del mismo sexo.
Por ello, multitud de organizaciones provida norteamericanas han lamentado públicamente su fallecimiento y han elogiado su postura de defensa de los niños no nacidos. «Lindsey Graham fue un infatigable campeón de la causa provida y un amigo», declaró la Presidenta del grupo provida SBA Pro-Life America,Marjorie Dannenfelser. «El senador Graham nunca retrocedió en la lucha en favor de los no nacidos», explicó Kelsey Pritchard, Directora de Comunicaciones de la misma organización.
Hay un claro contraste entre la postura provida del senador y su actitud belicista en favor de guerras que han acabado con la vida de tantas personas. Sin embargo, es necesario señalar que el aborto es un mal intrínseco y, por lo tanto, siempre debe ser combatido. En cambio, según la doctrina católica, la guerra en ocasiones puede ser justa y moralmente aceptable o incluso un deber moral, de manera que no es posible condenar a priori a los que se muestran favorables a guerras concretas, sino que se trata de una cuestión prudencial y discutible.
Estos días se han hecho distintas valoraciones sobre el legado de Lindsey Graham, algunas muy positivas y otras muy negativas. El presidente Trump ha calificado su muerte como una pérdida «devastadora» y ha señalado que fue un «gran hombre». En cualquier caso y al margen de las opiniones humanas, el senador, que fue juez militar durante buena parte de su carrera, se ha presentado ya ante el último Juez, infinitamente justo e infinitamente misericordioso.








